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Un Papa que llegó desde el lejano Sur

PAOLO MONTANARI TIGRI |  EL UNIVERSAL
jueves 28 de marzo de 2013  12:00 AM
     Eran las 7:06 de la tarde, hora de Roma, cuando desde la pequeña chimenea puesta en el tejado de la Capilla Sixtina sobre la cual estaban puestos los ojos y las cámaras del mundo entero, salió humo blanco. Toques festosos de campanas en todas las iglesias de Roma y de todo el mundo cristiano anunciaban que había sido elegido ¡un nuevo Papa! Al rato el Camarlengo -así se llama el Cardenal encargado de hacer el anuncio oficial- con la voz temblante por la emoción, se asomó al balcón de la basílica de San Pedro pronunciando la fatídicas palabras: "Habemus Papam! Y luego, por supuesto en latín, pronunció su nombre: Georgius Marius Bergoglio que para todos los cristianos del mundo entero asume el nombre de ¡papa Francisco! Ha sido una elección que ha rendido justicia a un continente que le ha dado y le sigue dando a la Iglesia un aporte insustituible de fieles.

     Francisco, nombre nuevo, inédito, nombre que no tiene precedentes entre los papas, nombre de un gran Santo, del Santo de Asís, del Santo de los pobres, un nombre que es como un retorno a los orígenes, a lo esencial y en este mundo tan contaminado por un consumismo desenfrenado lo veo como un retorno a la espiritualidad, al amor por las cosas simples. A continuación se apareció papa Francisco que con extrema sencillez  y con gesto de infinita humildad, después de haber deseado las buenas tardes a todo el mundo, pidió a la inmensa muchedumbre que estaba en la plaza y a los millones de espectadores que lo miraban por televisión, que rezaran por él. Un nuevo e inusual comienzo para esa Iglesia católica renovada con el gesto revolucionario representado por la renuncia de Benedicto XVI.

     Ese sucesor de San Pedro es un hombre sumamente sencillo, hijo de humildes emigrantes italianos, de esos emigrantes que, "como tantos, como otros y en tercera", como diría el gran poeta ítalo-argentino Héctor Gagliardi, dejaban la Italia querida a finales del siglo XIX o a comienzo del siglo XX "per far l'América",  terminó muy de moda en el lenguaje de aquellos tiempos. Era un hombre que, siendo ya arzobispo de Buenos Aires, vivía en la pobreza, rechazaba el auto oficial y viajaba en metro, un hombre amante de los pobres y de la gente humilde, un hombre amante de la poesía y del... ¡tango! Habladurías de enemigos de la Iglesia han pretendido involucrarlo con la dictadura militar de Videla, todas mentiras y murmuraciones propiciadas por el demonio y luego desmentidas. El papa Francisco, un hombre de América Latina que viene del lejano Sur pidiendo paz y hermandad entre todos y en esa América tan dividida, yo creo que ese Papa enviado por Dios a través del Espíritu Santo, puede ser el hombre capaz de aportar esa paz y esa hermandad. ¡¡Que así sea!!

p.montanaritigri@fastwebnet.it

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