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Cómo afectan nuestros actos y palabras

AGUSTÍN ALBORNOZ S. |  EL UNIVERSAL
viernes 15 de marzo de 2013  12:00 AM
Reflexionando sobre acontecimientos presentes, estaba pensando un poco sobre cómo somos los seres humanos, de cómo muchos vemos nuestra propia vida como una obra de teatro en la que cada uno nos sentimos como el personaje principal de la "obra", debido a que siempre estamos en cada momento presentes en ella. Por ejemplo, cuando cada día la mamá tiene que preparar el almuerzo y luego muchas veces salir corriendo a buscar a los muchachos al colegio, cuando cada día pasamos horas en una cola esperando y andando en un bus desde y hacia nuestra casa, o en un carro en un tráfico infernal, o cuando tenemos que salir a hacer diligencias de diversa índole y tenemos que ir con un niño pequeño porque no hay alguien que lo pueda cuidar, y de paso por todo lo que demoran dichas diligencias regresamos tarde a la casa con el niño y con miedo porque ya es de noche, etc., en cada uno de esos momentos estamos siempre nosotros, como el personaje principal de cada una de esas "obras". Este hecho hace que muchas veces ni nos percatemos de muchas cosas que pasan a nuestro alrededor, ni por cuáles contratiempos pasan las personas que transitan a nuestro lado.

A este detalle podemos añadir que los avances tecnológicos que ha visto la humanidad actualmente, como por ejemplo los celulares, los computadores,  Internet, la televisión satelital, etc., si bien nos han ayudado a una mejor calidad de vida en algunos aspectos, en otros han incidido en un mayor aislamiento de cada uno de nosotros, no solo de amigos, conocidos y otros familiares, sino hasta de las personas o familia con las que convivimos bajo un mismo techo. A su vez, esto refuerza sin duda el hecho que mencionamos en el primer párrafo, de que es hasta lógico que nos consideremos los personajes principales de cada una de las "obras de teatro" de nuestras vidas.

Aunque al mismo tiempo, una consecuencia natural de todo esto es que en nuestras relaciones con  los demás seres humanos, como somos "protagonistas" cada uno, solemos minimizar las distintas situaciones por las que otras personas pueden estar pasando, y eso se va reflejar en nuestro trato hacia ellos. Por ello muchas veces somos duros al juzgar y tratar a una persona porque "no nos estamos poniendo en sus zapatos", sino que actuamos como ese personaje principal de la obra que mencionamos, como si todo gira alrededor nuestro, del "protagonista", y de cómo vemos todo solo desde nuestra perspectiva.

En lo personal confieso que en mi vida he pasado por muchos trances en los que he actuado de esa manera, para luego darme cuenta de que herí profundamente a otra persona solo por no considerar su circunstancia y su punto de vista, y por haber actuado en consecuencia, y para completar en ningún momento fue esa mi intención real. A veces no advertimos el gran peligro que significa decir una palabra dura, del poder que tiene el desamor para deteriorar el corazón y espíritu de un ser humano, más aún en ciertas circunstancias. Ese solo detalle puede ser devastador para algunas personas.

Quisiera invitar a nuestros amables lectores a la reflexión profunda sobre este tema, a procurar aprender en cualquier escenario (porque es algo que poco a poco podemos aprender), a aderezar nuestras comunicaciones con las demás personas con amor, comprensión y compasión, porque la verdad es que en una obra de teatro todos los personajes, por más pequeños que sean sus papeles, son importantes.

agusal77@gmail.com

@agusal77


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Comentarios (4)
páginas:
1 |
Por YULIMAR HERNANDEZ
20.04.2013
9:36 PM
errores tenemos todos; realmente a veces consiente o inconscientemente ,nuestros actos y palabras,dañan a otros , pero al mismo tiempo nos dañamos nosotros mismos, nuestra imagen , cocepto y nuestra salud,es necesario buscar herramientas para mejorar esta aptitud, nada facil colocarse en en los zapatos de los demás y de que pelicula es mas fuerte que la mia , pero si es fácil pensar que los demás vean la mía como la mas fuerte buena e importante; y es hay donde tenemos que apoyarnos que de la misma medida que yo le de importancia, valor, amor, a los demás así van a ser con migo...
 
Por Ulises Pedrique
15.03.2013
3:45 PM
La boca es el instrumento del cuerpo que expresa las abundancias de nuestro corazón. De ella salen, tanto la bendición como la maldición; la palabra que edifica y la que destruye, la que ata y la que libera. Por la boca, brota la energía en la que se fundamentan las representaciones de nuestra realidad. Por la boca, muere el pez. De ahí, pues, el temor, el respeto y la consideración que las sociedades le tienen. En los tiempos en que ahora vivimos, profusos de medios de comunicación, la palabra, escrita o hablada, se convierte, para bien o para mal, en un búmeran que trasciende los destinos de nuestra vida terrena, en la marca de fábrica de nuestras construcciones mentales o espirituales. La escueta vida de la que dispone el mortal, muchas veces es limitada para enmendar las transgresiones de nuestra imprudencia verbal. Otros, en todo caso, lo intentarán. También, para bien o para mal.
 
Por dario corrales
15.03.2013
12:03 PM
"pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre." Mateo 15:18 "no juzgueís, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido." Mateo 7:1 y 2. Si la gente buscara un poquito más de DIOS, todo seguro seria mucho mejor..
 
Por francisco corral
15.03.2013
7:28 AM
No se hizo la miel para la boca del borrico, Cuando la ignorancia nubla la mente. Muy raro que algo fortuito o caido a las manos por obra ajena al sacrificio. sea apreciado, de hecho, en el paroxismo que produce la consecución de triunfos inmerecidos, nubla la mente y se llega a creer que todo es posible y existen los méritos para optar a ello. Torres más altas han caído, sobre todo si estas han sido construídas apoyadas en mentiras, calumnias, insultos personales, y olvidando de lo más importante, la sinceridad consigo mismo, el acto de contricción que se debe hacer el indivíduo frente al espejo. Nunca la lisonja ajena es grado, porque proviene del deseo de la oportunidad y la prevenda, del querer congraciarse para un provecho personal posterior. Si existiese un ápice de materia gris, de capacidad para la reflexión, debiera declinar o en el mejor de los casos, prestarse para una confrontación de dar solución a los problemas tan graves que penden sobre Venezuela.
 
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