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La franela roja

EDILIO PEÑA |  EL UNIVERSAL
martes 5 de marzo de 2013  12:00 AM
El ser humano reta por representarse en objetos que acumula y a proyectarse en ellos, como si fueran miembros necesarios e insustituibles de su cuerpo. Su relación con los objetos transita entre aquellos que se obstinan en ser perdurables, y en otros que agotan el consumo necesario que nutren su existencia. Así, los alimentos forman parte de esa entrañable relación que fundamenta la vida de cada ser. Pero una vez que los objetos que le dan sentido a la existencia cotidiana, inesperadamente empiezan a desaparecer de la despensa, de la farmacia, del supermercado, la persona comienza a sentir, en medio de un acuciante terror, que desaparece también del espacio y del tiempo. Entonces, el vértigo se introduce en su vida, al darse cuenta de que no encuentra un objeto definitivo de dónde aferrarse. Es cuando Dios y el sentido de vivir, le abandonan. Incluso acontece que mientras sueña, sus dientes confunden su lengua con un jugoso trozo de carne que tritura, con el deleite de un placer nostálgico y brutal.

De esta manera ocurre también cuando el hombre viste su cuerpo, y las ropas le recuerdan que se halla en el territorio de lo real. Pero si siente que le arrebatan todo aquello que le da sustento a su equilibrio, cree ser un fantasma o un muerto que deambula penitente por la carretera de la nada. Esto no siempre lo entienden los economistas que anidan en los gobiernos; quizá porque los mismos tienen la tendencia de extraviarse en laberintos abstractos, propiciados por los números y las estadísticas. Olvidan, y con persistente frecuencia lo advierte la inflación, que el hombre es una de las partes más sensibles que vindica el universo, así parezca una insignificancia deleznable para el poder totalitario. La devaluación de una moneda, que busca esconderse en los bolsillos, en las carteras, e infructuosamente en los bancos, puede llevar a la aparición de historias tan increíbles que la misma ficción, por no poder superarlas, envidia.

En ese espectro del desbalance, de ayer y de hoy, entre lo posible y lo imposible, en un pueblito olvidado de Venezuela -razón por la cual nadie visita al no aparecer en el mapa de la existencia-, un hombre curtido y cegado por el Sol y los espejismos, se dispuso a viajar a Caracas para asistir a la juramentación del Presidente, al inicio de su tercer mandato, en el recinto tronante de la Asamblea Nacional. No obstante, el desconcierto lo asaltó cuando buscó su franela roja y no la encontró. Le preguntó a su mujer por ella, pero ésta tampoco la había visto. Pensó que alguien la había robado y presentó la denuncia ante la policía. Los agentes revisaron, minuciosamente, las pocas casas de los vecinos de aquel pueblo que la memoria ya no recordaba, pero no encontraron la franela, a pesar de que todos tenían una muy parecida para asistir al magno acto que habría de celebrarse en la capital de la República. Como un murciélago, una voz colgó un susurro en la oreja del hombre, animándolo a usar otra franela, porque el autobús que los llevaría a cumplir la memorable misión, estaba por partir hacia la noche insondable. El hombre negó rotundamente la alternativa. Argumentó que su franela estaba impregnada del olor profundo y característico de su cuerpo, definiéndola así como única y excepcional entre las demás franelas.

Pero esta historia acrecienta su dimensión, cuando aquel hombre se presentó con el torso desnudo al acto de juramentación (aunque pintado de rojo), y descubrió con estupor e incredulidad, que el Presidente no estaba. No llegó a juramentarse ante la Constitución. Había desaparecido. ¿La razón? "La enfermedad que el enemigo le había inoculado", conjeturó el menos inteligente de sus partidarios. Entonces, así como buscó su franela roja, el hombre no regresó a su pueblo, porque además, tampoco podía regresar a un sitio que había olvidado, y determinado por la angustia sembrada por la incertidumbre, empezó a buscar al Presidente por todos los rincones que brinda la esperanza; hasta que finalmente le dijeron que éste había vuelto de Cuba y se hallaba en el hospital militar. Corriendo, el hombre fue a las puertas del recinto hospitalario;  sentado al borde de una acera, venció la espera de la suprema aparición, leyendo la novela Mascarada de Eduardo Liendo. Mas, el Presidente no asomó su cara ni salió nunca del inexplicable confinamiento. Entonces, el hombre obstinado decidió encarnarlo, y de un salto, se puso de pie y gritó a todos aquellos que esperaban como él:

    -¡Oigan!... ¡Mírenme!.. ¡Yo  soy el Presidente que no está!... ¡Yo soy Chávez!

edilio2@yahoo.com

@edilio_p


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Comentarios (6)
páginas:
1 |
Por jose sanchez
05.03.2013
9:00 AM
Interesante suposición. Dios quiera lo alivie de sus males de este personaje y el pueblo asuma con responsabilidad la conducta a seguir, para continuidad de la República y su salud. Es hora de reflexionar sobre nuestro próximo Presidente con mucha sabiduría..
 
Por juan peres
05.03.2013
8:31 AM
La inclusión, el gran engaño: han gastado mil doscientos billones cortos de dólares (1.200.000.000.000)= 36 millones de apartamentos de estreno= 105 millones de carros motor 1.6 de paquete; si hubieran repartido esa cantidad a las 3 millones de familias más pobres= la mitad de la población, le tocaría a cada familia 400.000 dólares= 12 apartamentos= 35 carros; base económica suficiente para solucionar todos los problemas materiales de una familia para toda la vida y generaciones subsiguientes. Pero Chávez solo les ha dado bagatelas, servicios de segunda, educación de bajísimo nivel académico y becas miserables con mucha propaganda, que en promedio por familia no alcanza a lo que vale un (1) carro. Si alguien se contenta con que le den lo que vale un carro cuando le toca lo que valen 35 carros, es tonto, y sus hijos no debían pagar por eso. Los pobres son los grandes engañados y siguen pobres, mientras los grandes jefes y sus amigos nacionales e internacionales poseen enormes fortunas.
 
Por Blasino yaselli
05.03.2013
7:53 AM
yo tengo una gaveta de esas franelitas que pronto las tirare por el bajante
 
Por JOSE LABASTIDAS HERNANDEZ
05.03.2013
6:57 AM
ES EVIDENTE QUE LA FOBIA AL COLOR COMO QUE LOS DESCONCIERTA CARA....EL COLOR QUE REPRESENTA LA ANGRE QUE DERRAMAON NUESTROS PATRIOTAS EN LA GUERRA INDEPENDENTISTA NO TIENE NADA QUE VER CON LA LUCHA EMANCIPAORA QUE LIBRA NUESTRA NACION CON UN GOBIERNO BOLIVARIANO QUE APLICA LOS PRINCPOS DE NUSTRO LEBERTADOR Y PADRE DE LA PATRIA QUE TANTO ALGUNOS QUIEREN DESCONOCER PORQUE PREFIEREN LA ADORACION DE LA MONEDA YANQUI O QUE NUESTRA PATRIA SEA NEOCOLONIZADA..EL HABITO NO HACE AL MONGE NI LA SOTANA AL CURA SEÑORES ASI QUE DEJAN EL TRAUMA Y EL DOLOR QUE LES CAUSA EL COLOR ROJO PORQUE LO QUE IMPORTA ES LA DEFENSA DE LOS INTERESES DE NUESTRA PATRIA CON UN GOBIERNO SICERO Y JAMAS VENDIDO A LOS INTERESES DEL PODER ECONOMICO INTERNO Y EXTERNO QUE ES LO QUE MUCHOS DE USTEDES QUIEREN PARA EL PAIS...EL HMBRE QUE TANTO QUIEREN TUMARB Y QUE LOS TIENE DESEQUILIBRADOS BUSCANDO EXCUSAS PARA DRENAR SU DESPRECIO DALTONICO ESTA LUCHANDO CONTRA UNA TERRIBLE ENFERNMEDAD QUE LO AQUEJA PERO SUPERRARA DIOS MEDIANTE
 
Por Lourdes del Valle
05.03.2013
4:45 AM
Me quedan varias dudas leyendo este artículo.Por ejemplo, cuál es el sentido de "retar" en la primera línea donde dice "El ser humano reta por representarse en objetos que acumula y a proyectarse en ellos, como si fueran miembros necesarios e insustituibles de su cuerpo."A veces basta una nimiedad para interrumpir el flujo de la lectura...
 
Por JOSE NUNES
05.03.2013
2:23 AM
SR. EDILIO, CALMA . EL ULTIMO CAPITULO DE ESE COLEBRON SERA TAN EMOCIONANTE QUE HASTA TV DIGITAL SERA PUESTA EN SERVICIO.GRACIAS FIDEL.!!!!
 
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