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Las circunstancias no son determinantes

AGUSTÍN ALBORNOZ S. |  EL UNIVERSAL
viernes 22 de febrero de 2013  12:00 AM
Recientemente comentábamos sobre una carta en la que una persona que pasaba por un trance bastante difícil, decidía remontarse por encima de sus experiencias negativas para vivir tan plenamente como pudiera. Al respecto mencionamos que en nuestra mente es donde se desenvuelve todo, tanto la manera en que nos manejamos ante los obstáculos y desafíos que nos presenta la vida, como la forma en que aceptamos los beneficios y dichas que nos depara la misma. En realidad la mente del ser humano viene a ser como un gran campo de batalla, donde nuestros pensamientos que tienden a lo positivo luchan continuamente con aquellos que nos llevan a lo negativo.

Meditando detenidamente sobre esto último, lo primero que se me ocurre es que entonces se trata de algo muy importante el hecho de controlar o no nuestros pensamientos, ¿por qué?, porque nuestros pensamientos influyen en nuestros sentimientos o emociones, y si permitimos que aquellos se desboquen y se concentren en aspectos negativos, van a afectar a nuestras emociones de manera perjudicial. Pero esto no es todo, resulta también que nuestros sentimientos en un momento dado influyen en forma decisiva en nuestras acciones, por lo que si estamos experimentando sentimientos negativos es muy probable que éstos desemboquen en acciones nocivas de parte nuestra.

Por supuesto que este razonamiento también es válido para los pensamientos positivos, los que nos llevarán a sentimientos igualmente convenientes, los cuales a su vez nos encaminarán a acciones provechosas. Y fíjense qué interesante, en el momento en que estoy escribiendo este último párrafo me está viniendo a la memoria un relato breve que ilustra muy bien el principio que estaba describiendo: en una exposición de pinturas en un lugar muy conocido, se decidió hacer una especie de concurso para premiar al cuadro que mejor reflejara una sensación de paz.  Como era de esperarse se presentaron varios cuadros con paisajes hermosos, algunos campestres, unos con lagos sosegados, otros con colinas apacibles, y así por el estilo.

Pero resulta que al momento de anunciar el premio, todo el mundo se sorprendió porque el ganador no fue ninguno de los descritos; resultó ser una escena donde aparecía una catarata tan imponente que casi se podía escuchar el estruendo de sus aguas cayendo, mientras que a un lado de la catarata se observaba un pajarito en su nido, con sus crías, cantando alegremente y con una expresión de serenidad notoria a pesar de la ensordecedora catarata cercana. El cuadro tenía el nombre de "Paz en medio de la tormenta", y ciertamente esa es la verdadera paz, la que se consigue a pesar de las tormentas y los estruendos que nos rodean.

Aquí cabe mencionar la importancia de desarrollar en nuestras vidas el valor serenidad, que es el que nos hace mantener un estado de ánimo apacible y sosegado aun en las circunstancias más adversas, esto es, sin exaltarnos o deprimirnos, encontrando soluciones a través de una reflexión detenida y cuidadosa, sin agrandar o minimizar los problemas. La serenidad hace a la persona más dueña de sus pensamientos y por tanto de sus emociones, adquiriendo fortaleza no sólo para dominarse, sino para soportar y afrontar la adversidad sin afectar negativamente el trato y las relaciones con sus semejantes.

Apreciados lectores, hemos hablado en algún momento de cómo influyen los hábitos en nuestra calidad de vida. A pesar de que no va a ser fácil, procuremos cultivar dos hábitos fundamentales:

1. El hábito de llenar nuestra mente de pensamientos positivos, veraces, alentadores, amables, etc. Si somos fieles con esto al final nuestras acciones serán acordes con ellos, y a la vez nos ayudarán a desarrollar el...

2. Hábito de reaccionar con serenidad ante las circunstancias adversas, para que así podamos reflexionar con más tranquilidad sobre ellas, y de esta forma  profundizar en enseñanzas útiles que a veces vienen escondidas en experiencias en principio desfavorables.

Así podremos corroborar todos que realmente las circunstancias que nos rodean no son determinantes, y que podemos tomar decisiones acertadas y beneficiosas a pesar de (o debido a) las mismas.

El hombre no es hijo de las circunstancias. Las circunstancias son hijas del hombre.  Benjamin Disraeli

agusal77@gmail.com

@agusal77


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Comentarios (2)
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Por YULIMAR HERNANDEZ
20.04.2013
9:42 PM
no importa la circunstancia , los problemas no son problemas , son oportunidades para crecer, para valorar ,para corregir y para reflexionar, y hacer lo mejor posible , cada día y es responsable cada uno de nosotros , que buen articulo te felicito,gracias .....no hay mal que x bien no venga eso es la verdad...
 
Por José R Pirela
22.02.2013
9:05 AM
Se podrá aislar al espíritu de las circunstancias, no al ciudadano, menos al venezolano, que su existencia depende del gobierno de Venecuba. Del petróleo para comer y de los Castros para actuar.
 
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