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Liberémonos de nuestras prisiones

AGUSTÍN ALBORNOZ S. |  EL UNIVERSAL
viernes 15 de febrero de 2013  12:00 AM
En días recientes llegó a mis manos una carta que quisiera compartir con nuestros amables lectores. La carta decía así:

Querido José:

Quiero que sepas que he estado pensando en ti desde que recibí tu carta. Mencionas lo difícil que es estar tras las rejas y de veras lo siento. Pero cuando dijiste que yo no podía imaginarme lo que es estar en la cárcel sentí el impulso de decirte que te equivocas.

Existen diferentes clases de libertad, José, diferentes tipos de prisiones.

A veces, nos las imponemos nosotros mismos.

Cuando a los treinta y un años , me desperté ante la realidad de estar paralizada por completo, me sentí atrapada; abrumada por la sensación de estar presa dentro de un cuerpo que nunca más me permitiría correr por un campo, bailar o cargar en brazos a mi hija.

Por muchos días permanecí allí tendida, luchando por aceptar mi condición, tratando de no hundirme ante la autoconmiseración. Me preguntaba si de veras valía la pena seguir viviendo bajo semejantes circunstancias y si no sería preferible morir.

Le daba vueltas al concepto de estar presa porque me parecía que había perdido todo lo que tenía algún valor en la vida. Había llegado al límite de la desesperación.

Pero cierto día se me ocurrió que en realidad aún me quedaban algunas posibles opciones y que era libre de elegir entre ellas. ¿Sonreiría al ver de nuevo a mis hijos o me echaría llorar? ¿Arremetería contra Dios, o le pediría que me fortaleciera la fe?

En otras palabras, ¿qué iba a hacer con el regalo del poder de libre escogencia que Dios me había concedido y que aún era mío?

Tomé la decisión de esforzarme, mientras estuviera viva, por vivir tan plenamente como pudiera, por convertir mis experiencias aparentemente negativas en positivas, por encontrar formas de remontarme sobre mis limitaciones físicas expandiendo mis fronteras mentales y espirituales. Podía escoger entre ser un modelo a imitar para mis hijos o atrofiarme y morir, tanto emocional como físicamente.

José, hay diversos tipos de libertad. Cuando perdemos uno de ellos, simplemente debemos buscar uno nuevo.

Puedes mirar las rejas que te rodean o puedes mirar más allá de ellas. Puedes ser un modelo a seguir para reclusos más jóvenes o puedes alternar con los buscapleitos. Puedes amar a Dios y desear conocerlo o puedes volverle la espalda.

En cierta forma, José, estamos en el mismo barco.


Estuve reflexionando un buen rato sobre el contenido de esta carta, y creo que expresa muy claramente el hecho cierto de que todo está en nuestra mente, tanto lo que creemos bueno como lo que creemos malo para nosotros. Al mismo tiempo, esta reflexión me llevó a pensar en lo conveniente que es estar agradecido a pesar de que en un momento dado las circunstancias que nos rodeen en principio parecieran no ayudar. ¿Y por qué estar agradecido en ese caso?, creo que al menos podría citar dos razones: 1. Cada momento en nuestra vida, por más complejo que sea, siempre nos puede traer  valiosas enseñanzas si, por supuesto, nos tomamos el tiempo para meditar sobre ellas. Y, al hacerlo, aprenderemos a ser un poco más sabios que antes y estaremos mejor preparados para los próximos desafíos que sin duda la vida nos va a traer. Por consiguiente, procuremos hacer como hizo la persona que escribió la carta, tratemos más bien de enfocarnos en lo que podemos aprender y en cómo sacar buen provecho de la situación, tanto para los demás como para nosotros, y no perdamos tiempo y energía valiosos en lamentarnos por lo que no podemos hacer o ser; 2. Siempre es posible que la situación en que nos encontramos a cada instante, cualquiera que ella sea, pueda ser peor de lo que es, el ejemplo que explica la carta precedente es obvio al respecto, ya que gracias a Dios la mayoría de nosotros no estamos pasando por una circunstancia así o similar, la cual de paso siempre puede ser más complicada.

En fin, liberémonos de las prisiones en las que nosotros mismos nos encerramos, como las prisiones del rencor, del temor, del pesimismo, de la culpabilidad, del letargo, de la envidia, etc., y empecemos a ver los trastornos y pesares como incidentes que se pueden convertir en nuestros maestros para, una vez que aprendamos lo que tengamos que aprender y nos preparemos mejor, dejarlos atrás y sigamos hacia lo que tenemos por delante.

Las cadenas de la esclavitud solamente atan las manos: es la mente lo que hace al hombre libre o esclavo.   Franz Grillparzer

agusal77@gmail.com

@agusal77


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Comentarios (2)
páginas:
1 |
Por Gloria Wilges Muñoz de Morrell
15.02.2013
1:01 PM
Hermoso. Sin desperdicio. Aleccionador y simple y a la vez profundo!!!!!!!
 
Por JOSE LABASTIDAS HERNANDEZ
15.02.2013
11:27 AM
BUENA REFLEXION PARA ALGUNOS FORISTAS EN ESTE MEDIO QUE ESTAN TAN ENFERMOS PORQUE EN VZLA ESTA UN PDTE Y UN GOBIERNO SOCIALISTA QUE DESPRECIAN INMISERICORDEMENTE Y POR LOGICA Y HASTA EVIDENTE ESTAN ENCERRADO O EN UNA PRISION DE RENCOR.ENVIDIA ,FRUSTRACION,RESENTIMIENTO ETC ...VIRI ESCLAVIZADO POR LA BAJAS PASONES PORQUE NO ESTA UN GOBIERNO QUE LES GUSTA O LES CONVIENE Y POR VIVEN DIA A DIA RECRIMINANDOSE EL HECHO DE NO PODER SACARLO DEL PODER ES UNA FORMA MUY EVIDENTE DE TRANSTORNOS EMOCIONALES Y HASTA MENTALES Y POR ESO LA IMPOTENCIA LOS COSUME...SIMPRE LE ESCRIBO QUE LA VOLUNTAD DEL SOBERANO SIEMPRE ESTARA POR ENCIMA DEL PODER ECONOMICO Y TODO LO QUE ESTE PUEDA HACER PARA DESETABILIZAR Y BUCAS DISEÑAR CONSPIRACIONES DE CUALQUIER TIPO PARA DERROCAR AL GOBIERNO Y MUCHO MENOS MEDIATIZANDO INFRUCTUOSAMENTE CON SUS BARBARIDADES COMUNICACIONALES
 
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