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Premura de un mito

Chávez se ocupó de castrarle a la gran masa más pobre, el orgullo, el ansia de superación...

ELEONORA BRUZUAL |  EL UNIVERSAL
viernes 25 de enero de 2013  12:00 AM
Cuando un ególatra se empoderó y cada fechoría, cada arbitrariedad le salió bien, era muy difícil pretender que no se imaginara a sí mismo imprescindible, invencible, eterno. Cuando un militar golpista y supremamente elemental tomó el poder gracias a que en Venezuela muchos políticos, intelectuales, empresarios y el mismo pueblo ya tenían tiempo haciendo de los principios letra muerta y de la democracia no una extraordinaria forma de organización social sino una mojiganga incoherente y burlesca, era de esperarse que este personaje no se paseara jamás por el escenario de su desaparición y más bien sí por la idea de que después de él, el diluvio, por tanto y en buen criollo, ahora vivimos aquello de que "el que venga atrás que arree... ".

Pero para arrear, esa cuerda de segundones, de conscriptos a las órdenes de quien no dejó de ser jamás un tropero, necesitan desesperadamente recubrirse de su carisma, de su estilacho y de su capacidad infinita para la ordinariez, la patanería y ese sembrar odio y acrecentar resentimientos, que es una vía perfecta para reclutar a los que no importa la ruina y esclavitud si con ellas juran que vengaron afrentas siempre sugeridas por déspotas disfrazados de salvadores.

Chávez bien se ocupó de castrarle a la gran masa más pobre de Venezuela y de Latinoamérica toda, el orgullo, el ansia de superación, y el amor al trabajo como camino a la libertad. El perverso maestro cubano le marcó la senda y como sumiso aprendiz de tirano, por ella transitó desde antes de llegar al poder. Rédito le dio y hoy, cuando nadie sabe a ciencia cierta si vive o si está muerto. Si su mal es reversible o solo espera el terrible final, los que desesperados necesitan conservar el poder, porque con él se garantizan la impunidad a sus crímenes, construyen un mito, un sobretodo sensiblero y cursi, con el cual cobijarse y seguir mintiendo y volviendo trizas un país que lo ofrecen como la madama ofrece a la prostituta y que conduce a una complicidad continental que da asco y llanto.

ebruzual@gmail.com / @eleonorabruzual



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Comentarios (1)
Por José R Pirela
25.01.2013
12:12 PM
Si hubiésemos entendido que la dinámica de la convivencia democrática se sustenta en la fortaleza institucional, que esta depende de la independencia funcional y financiera, no se les hubiese entregado al gobierno y a su jefe la hegemonía de las armas y del petróleo. No existiría el comunismo chavista; tampoco Fidel hubiese podido apoderarse de Venezuela.
 
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