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Esos otros países

RICARDO GIL OTAIZA |  EL UNIVERSAL
viernes 25 de enero de 2013  12:00 AM
Obstinadamente me empeñé en creer hasta hace poco en la existencia de un país dividido en dos grandes porciones; un país escindido por la bandería política en las trincheras oficialistas y opositoras. Mi ceguera me llevó a pensar que por ser dos sectores bien definidos y con objetivos muy claros (unos conservar el poder y otros volver a él) sería relativamente sencillo devolver las aguas a su cauce una vez solventada la coyuntura política presente. Sin embargo, los acontecimientos de los últimos días, aunado todo ello al patrón electoral seguido por los venezolanos, me ha llevado a reflexionar y he caído en cuenta que la cosa no era tan simple como pensaba; que una extrema complejidad se ha apoderado de nuestras vidas y sólo por la vía de un pensamiento –igualmente- complejo, podremos vislumbrar luz al final del túnel.

Venezuela es una unidad en la diversidad.  Cada estrato, cada región, cada estado constituyen así estamentos con historia, tradiciones, cultura, y anhelos distintos entre ellos. La unidad político-territorial que hoy vemos en el mapa de nuestro país, la historia nos dice que fue difícil de alcanzar, y tuvieron que pasar muchos años para que una vez obtenida la independencia pudiésemos decir "somos un país". Guerras, montoneras y caudillos amalgamaron de algún modo la conciencia de formar parte de una nación. Mariano Picón-Salas, con esa lucidez de la que siempre hizo gala, expresó (no sin desasosiego) que Venezuela entró al siglo XX una vez muerto el tirano Juan Vicente Gómez, es decir, con más de dos décadas de atraso. Y de algún modo fue así.

A estas alturas del desarrollo tecnocientífico alcanzado y de la globalización como parte de ese telón de fondo que nos agrupa bajo una conciencia planetaria, nuestra nación continúa dando señales de anomia frente al presente; de allí nuestra tragedia. Es mentira que aquí, como respuesta a la revolución bolivariana, seamos dos porciones de país enfrentadas. La realidad es que somos muchos países en uno y esto tenemos que entenderlo o seguiremos condenados a continuar en la noria.

Yendo al plano de lo político tenemos el mejor indicador de lo que aquí se afirma: una porción de venezolanos está agrupada en eso que llamamos oficialismo (chavismo, en términos coloquiales); otra porción defiende con fuerza (y amargura a la vez) las insignias de los partidos denominados opositores, otra porción (elevada por cierto) son "indiferentes" a los vaivenes de lo que hagan o dejen de hacer unos y otros.

Una porción echa tiros a la revolución y a la contrarrevolución al mismo tiempo. Otra, consciente de lo que pasa, y con recursos para tomar decisiones draconianas, prepara maletas para largarse porque aquí no hay futuro.  Un país adverso al gobierno, pero sin proselitismo político alguno, se une al enemigo y busca con ansias una chamba para mantener el estatus (o supervivencia). Una parte desesperanzada porque no ve horizontes (conformada por gente clase media) opta por quedarse, pero envía a sus hijos al exterior para que ellos se abran camino. Un trozo, asqueado por lo que aquí pasa, sin esperanzas de nada, sin medios ni edad para reorientar su vida, cae enfermo, abatido, y es carne de cañón de hospitales, de psicotrópicos, de manicomios, y de brujos. 

Una porción vive de los favores del Estado en fase de cuasi-mendicidad; es la misma que siempre está haciendo colas para usufructuar las migajas que caen de la mesa de los oficialistas y más o menos están conformes con lo poco que obtienen. Otra, es claramente adversa al proceso, pero cuando todos se descuidan coquetean con el gobierno, se sientan a negociar, echan cuentas y se ríen por lo afortunados que son. Un trozo de país reza por la salud del Presidente y se deshace en buenos deseos, pero en el fondo de su corazón desea que todo acabe de una buena vez para así arrimarse al vencedor.

Dentro del oficialismo también hay varios países. Está el que ama a Chávez y no acepta que venga Nicolás Maduro ni Diosdado Cabello a recoger la siembra. Está el que apoya a ultranza al Vicepresidente. Está el que odia a muerte a Cabello. Está el que aguarda por la salida de un nuevo líder mesiánico que le devuelva la esperanza. Está el que ve con resignación tanto a uno como a otro líder. Está el que ama a Chávez, pero en su fuero interno sabe que la cobija ya no se puede estirar más y puja por un cambio. Está el que le da igual y siente que con uno o con otro todo será siempre lo mismo.

Cada parte de país interactúa, se entreteje, se interconecta formando una compleja red que se nos muestra como un "todo". ¿Cómo se pueden entonces conjuntar tantos países en uno solo? Eso casi nadie lo entiende, pero es así, sólo que ese "equilibrio" podría eventualmente romperse y caerse en la entropía. Es factible. La entropía trae consigo dolor social, desgarre e incertidumbre, pero después llega un reordenamiento y nacen nuevos escenarios; y también nuevas interconexiones.

rigilo99@hotmail.com

@GilOtaiza      


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