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Mucho rosa y poco azul

JUAN GUERRERO |  EL UNIVERSAL
jueves 24 de enero de 2013  12:00 AM
lugar a dudas es la Ilíada de Homero el mayor culebrón de la historia. De ese extenso poema se han originado los estereotipos que prefiguran el lagrimeo de una humanidad que poco ha avanzado para superar su quebradizo comportamiento emotivo, que lo vincula a sus pulsiones más íntimas hasta elevarlo a pasiones de fe y paroxismo.

   La imagen arquetipal del amor y lo amoroso ha sido el motor que por siglos ha movido al mundo. Bien arrastrando a unos a conflictos bélicos, como cuando Paris rapta a Helena y arde Troya, bien en la cotidianidad de las relaciones filiales, de amistad o propiamente amorosas, tanto heterosexuales, homosexuales, bisexuales o transexuales.

   Este parece ser el tema que en Azul y no tan rosa (2012) presenta el realizador Miguel Ferrari, un film de este director quien además es productor y autor del guión de su opera prima, donde la argumentación para hilvanar los trazos de visiones sobre el mundo de las minorías sexuales, se difumina en pequeñas aristas entremezcladas con valores sobre el amor, la amistad, la solidaridad y el respeto a las minorías sexuales excluidas.

   Todo ello mientras el film alcanza su máxima tragedia en el desenlace que lleva a la muerte de Fabrizio (Sócrates Serrano). Diego (Guillermo García) es el novio de Fabrizio, quien es un conocido pediatra. Por su parte, Diego es un fotógrafo que en su juventud tuvo un hijo, Armando (Ignacio Montes) a quien no veía desde hacía cinco años y quien regresa a visitar al padre cargado de rencores y temores.

   La trama se intensifica cuando el joven médico es agredido por unos pandilleros homofóbicos. Muere entre los acordes de un aria que se escenifica de buena manera en un teatro que resalta su fina ornamentación, y mientras Diego enseña a su hijo las imágenes fotográficas que se revelan en el laboratorio.

   El guión registra una saturación de argumentos que parecen presentarse en secuencias que llevan a un cierto cansancio de la trama y que, sin embargo, logran salvarse y en momentos superar el tedio, merced a los instantes de humor negro que una bien transformada Hilda Abrahamz (Dolores del Río) saca risas y relaja un tanto la cruda historia de quienes sufren en silencio esta discriminación.

   Buenas interpretaciones logran Elba Escobar, Juan Jesús Valverde y Carolina Torres en el papel de Perla Marina, como señora de servicio, mujer golpeada por el macho heterosexual.

   No es la primera vez que este tema se presenta en nuestra todavía poco desarrollada industria del cine venezolano. Apenas en 2009 se estrenó una discreta película, Cheila: Una casa pa Maita del realizador Eduardo Barberena, que pasó desapercibida para el público por la escasa promoción recibida.
   Esta nueva propuesta sobre un tema que gradualmente se abre a la discusión pública y familiar, logra interesar por varias razones. Creo que una de ellas es la presión de los dirigentes de las ONG que luchan para encontrar protección y leyes que protejan a estas excluidas minorías sexuales (LGBT). La otra es por la ironía y humor negro presentes en la cinta. Quizá acá es donde, por ignorancia y analfabetismo cinematográfico, la audiencia venezolana se engancha y ve y observa con "ojos benevolentes" la tragedia de quienes viven en la Venezuela moderna la agresión de los homofóbicos, personas que en el fondo temen la presencia de estos seres humanos.

   Engancha además esta película por el buen manejo de cámara y la ingeniería de sonido que permite escuchar sin mayores ruidos los parlamentos de los personajes, quienes saben desplazarse en el espacio de sus encuadres. Plasticidad en los giros de un baile por demás sensual y fotográficamente bien captado, aunque también demasiado abusado para nuestro gusto.

   Las locaciones (Caracas, Mérida, Madrid) logran en sus detalles la sensación de espacios limpios, cuidados y maravillosamente logrados. Mención especial la locación de una estructura policial que finalmente deja atrás la mentalidad de ranchería hamponil. Esto se observa además, cuando es apresado el asesino homofóbico.

   Sin embargo, la sensación de lo edulcorante, la melcocha de lagrimeo tienden a desgastar y hasta abusar un tema que intenta irse por el enganche del amor y lo amoroso, como conceptos universalmente aceptados.

   Creo que este tema y quienes dentro de él se mueven, tienen y deben ser aceptados en primer lugar porque son seres humanos. Después vendrán las demás aceptaciones, sus diferencias, sus gustos y colores de preferencias.

   Una cinta cinematográfica hispano-venezolana llena de buenas intenciones, de discusión familiar y educativa. Temática que cada día alcanza mayor realidad en la cotidianidad de nuestras acartonadas vidas, donde la heterosexualidad debe ceder espacios para darle la bienvenida a quienes sienten y ven la vida desde otros ángulos de sentimientos y la aprecian, ya no tan azul y sí un poco más rosa.

camilodeasis@hotmail.com

@camilodeasis




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Comentarios (5)
páginas:
1 |
Por Enrique Ramirez
24.01.2013
6:44 PM
Personas con la mentalidad del redactor de esta columna no llegamos a ningún lado, creo que debe ver la película antes de decir lo que no sabe. me atrevo a decir que ha sido una de las mejores películas venezolanas que he visto en mi vida(desde el punto de vista imparcial).. a Miguel Chacin que rectifique lo que dice no vaya a ser que Dios lo castigue con hijo de esa condicion.
 
Por MIGUEL ANGEL GONZALEZ SANTANA
24.01.2013
11:57 AM
No me atrevo a rebatir sus argumentos porque quizá sea un poco "ignorante y analfabeta cinematográfico" (no se con que autoridad se atreve usted a calificar de esta manera al público venezolano, desconozco su trayectoria), pero como simple espectador debo decirle que innegablemente el cine nacional en los últimos años, mas allá de tratar los temas de siempre, ha hecho un enorme esfuerzo por mejorar y creo que lo ha logrado en grado sumo. A pesar de mi ignorancia, debo decir que de la película me cautivó el trabajo actoral en general, la estupenda fotografía y la musicalización. El tema, no es la primera vez que se trata en el cine en general, pero es innegable que el director le imprime su sello particular y presenta un trabajo inteligente, decente y cautivador. Para finalizar debo decir que me he venido reconciliando progresivamente con el cine nacional gracias a la sustancial mejora que ha demostrado en sus mas recientes producciones. Mis respetos.
 
Por Carolina Rangel
24.01.2013
10:06 AM
Fabrizio no es pediatra sino obstetra (y no es un detalle, es fundamental para una de las últimas escenas) y Perla no es servicio... me parece que no vio la película. Por otra parte la danza es solo en la primera escena ¿cómo puede ser "demasiado abusado" una sola escena? A mí me pareció muy buena y mucho mas que un intento.
 
Por Miguel Chacín
24.01.2013
8:24 AM
Muy interesante el planteamiento del tema. No me considero homofóbico, pero no los acepto: me preocupa que futuro tendrán los niños y niñas que adopten y críen o formen las parejas de homosexuales, bisexuales y/o transexuales. Estas parejas influyen en la conducta, por lo tanto en la personalidad, de esos niños y niñas.
 
Por Julio Garcia
24.01.2013
7:03 AM
Eso de "ignorancia y analfabetismo cinematográfico" te quedo muy mal Juan Guerrero. El público venezolano tiene muchos años de experiencia en la lectura de los guiones nacionales que se plasman en la pantalla grande, por favor, parece, segun usted, que apenas hace unos días se empezó a ver cine en Venezuela. Trate mejor al público venezolano que ni es ignorante ni analfabeta en cuanto al tema que se plantea en su artículo.
 
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