El telefonito
El poder no es para enquistarse en él, sino para resolver los problemas de la gente
ARMANDO BRIQUET
| EL UNIVERSAL
domingo 20 de enero de 2013 12:00 AM
Ocultar la realidad siempre termina siendo muy costoso. Tan sencillo que sería si nos dijeran la verdad sobre el estado en el que se encuentra el presidente electo, Hugo Chávez, en vez de alimentar esta situación de incertidumbre y rumores con tantos desaciertos. Han preferido hacer el ridículo que decir la verdad.
Los acontecimientos de las últimas semanas nos han hecho recordar el juego del telefonito. Aquel en el que los participantes se sientan en una rueda y se va pasando un mensaje de oído a oído hasta que el último de los jugadores dice en voz alta lo que captó, la mayoría de las veces, muy distante de lo que en realidad dijo quien inició la rueda.
Ese juego se ha convertido en la forma de gobernar nuestro país. La llamada se inicia en La Habana y en Miraflores se toma el recado e interpreta sin importar qué piense la gente y mucho menos qué digan las leyes. Además, es muy obvio que el teléfono localizado en Venezuela solo recibe llamadas. ¡No puede hacer ninguna!
Veamos como funciona. Basta buscar algún producto o solicitar los servicios de algún técnico para darse cuenta que el país no ha arrancado. Y no lo ha hecho, entre otras, porque tenemos un serio problema de producción. Nos hemos dedicado a importar todo en detrimento de la producción nacional y por ende los puestos de trabajo de millones de venezolanos. Pues bien, la solución vino en la llamada de esta semana. El telefonito dijo que había que solucionar el desempleo de Jaua y lo nombraron Canciller. ¿Y dónde quedan los millones de desempleados o trabajadores que no tienen estabilidad en nuestro país?
Otro ejemplo. El pasado 15 de enero fue el Día del Maestro. La precaria situación laboral de tan importante carrera la refleja el hecho de que todos queremos que nuestros hijos tengan al mejor maestro pero nadie quiere que su hijo se dedique a la docencia. Pues bien, el telefonito mandó a felicitarlos a todos pero no incluyó la regularización de la situación laboral de los 125 mil interinos y mucho menos un aumento de sueldo.
Ante la larga lista de problemas del país, vemos que el Gobierno pasa más tiempo interpretando qué nos mandan a decir desde Cuba que buscándole soluciones reales. Algunos mantienen la esperanza en que las llamadas del telefonito comiencen a incluir soluciones a los problemas de escasez, inflación y alto costo de la vida. Pero eso, lamento decirles, no sucederá porque poco les importa como esté el país sino quién esté mandando.
Los problemas de los venezolanos deben estar siempre por encima de cualquier cosa, de eso se trata. El poder no es para enquistarse en él, sino para resolver los problemas de la gente.
Armando.briquet@gmail.com
Los acontecimientos de las últimas semanas nos han hecho recordar el juego del telefonito. Aquel en el que los participantes se sientan en una rueda y se va pasando un mensaje de oído a oído hasta que el último de los jugadores dice en voz alta lo que captó, la mayoría de las veces, muy distante de lo que en realidad dijo quien inició la rueda.
Ese juego se ha convertido en la forma de gobernar nuestro país. La llamada se inicia en La Habana y en Miraflores se toma el recado e interpreta sin importar qué piense la gente y mucho menos qué digan las leyes. Además, es muy obvio que el teléfono localizado en Venezuela solo recibe llamadas. ¡No puede hacer ninguna!
Veamos como funciona. Basta buscar algún producto o solicitar los servicios de algún técnico para darse cuenta que el país no ha arrancado. Y no lo ha hecho, entre otras, porque tenemos un serio problema de producción. Nos hemos dedicado a importar todo en detrimento de la producción nacional y por ende los puestos de trabajo de millones de venezolanos. Pues bien, la solución vino en la llamada de esta semana. El telefonito dijo que había que solucionar el desempleo de Jaua y lo nombraron Canciller. ¿Y dónde quedan los millones de desempleados o trabajadores que no tienen estabilidad en nuestro país?
Otro ejemplo. El pasado 15 de enero fue el Día del Maestro. La precaria situación laboral de tan importante carrera la refleja el hecho de que todos queremos que nuestros hijos tengan al mejor maestro pero nadie quiere que su hijo se dedique a la docencia. Pues bien, el telefonito mandó a felicitarlos a todos pero no incluyó la regularización de la situación laboral de los 125 mil interinos y mucho menos un aumento de sueldo.
Ante la larga lista de problemas del país, vemos que el Gobierno pasa más tiempo interpretando qué nos mandan a decir desde Cuba que buscándole soluciones reales. Algunos mantienen la esperanza en que las llamadas del telefonito comiencen a incluir soluciones a los problemas de escasez, inflación y alto costo de la vida. Pero eso, lamento decirles, no sucederá porque poco les importa como esté el país sino quién esté mandando.
Los problemas de los venezolanos deben estar siempre por encima de cualquier cosa, de eso se trata. El poder no es para enquistarse en él, sino para resolver los problemas de la gente.
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Comentarios (1)
Por alejandro cabrera
20.01.2013
6:06 AM
Maduro dijo antier que "el gobierno nos estaba haciendo felices", no dudo que lo haya hecho feliz a el, que de chofer de autobus paso a andar en jet privado y en limusinas Mercedes Benz con choferes y escoltas, pero una cosa es que 'el esté feliz, y otra cosa es que el país esté feliz,¿es que acaso la felicidad consiste en tener que hacer colas para comprar la azucar, la harina y el café?¿es que la felicidad consiste en andar acosados por ejércitos de hampones y mendigos?¿o transitar a diario calles llenas de basura, baches, escombros y aguas negras?¿de cual felicidad nos hablas?
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