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Una enfermedad a tiempo

ROMER A. ROMERO-MARTÍNEZ |  EL UNIVERSAL
jueves 17 de enero de 2013  12:00 AM
"Toda autoridad usurpada es Ineficaz y sus actos son nulos"

Artículo 350 Constitucional. "El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos".

Creo que el dictador no está enfermo y todo es una farsa inventada por los asesinos proxenetas Castro brothers, el G2 y algún futurólogo de la gran mentira del siglo XXI a.C. Trama que presuntamente empezó hace 15-20 años; quizás desde los mismos inicios del adoctrinamiento del dictador en Cuba, luego del desgraciado indulto de Caldera II, cooperador inmediato de la entropía social por la que atraviesa el paisito... bien merecida... by the way.

El entonces embrión se imbuyó de la prehistoricidad del castro-comunismo, el Foro de Sao Paulo y de la izquierda burguesa de la Europa post II Guerra Mundial. Así aprendió la anticipación a los éxitos –de él, obviamente– y a los fracasos... siempre de los otros, en una suerte de emular a sus maestros cubiches. Éstos son unos expertos en el ajedrez del conflicto y capaces de anticipar más de 25 movimientos a la vez. Así hicieron con el dictador y la alternativa presidencial. Pusieron empeño y cristalizaron el embrutecimiento colectivo, no obstante tratarse de una sociedad que ya disfrutaba de 40 años de una democracia sólida y permanente; con trabajo, salud, educación y líderes intelectuales.

El dictador ganó la elección presidencial de 1998... la única ganada. Ello, en razón del marketing mundial efectuado: simpático hablador-sin-consecuencias con un adecuado histrionismo. Virtudes que lo diferenciaban de los candidatos que ya cansaban. El montaje estuvo excelentemente estructurado, hasta el punto de que personalidades –de la talla de Jorge Olavarría– cayeron en las garras de la fascinación por el sabanetero. Esto, presuntamente por la feroz búsqueda de una alternativa al sedentarismo político. Sin embargo, si hacemos presente el discurso profético de mismo Olavarría –del 05 de julio de 1999– encontraremos el arrepentimiento del orador a su pretérita afección por el dictador y la denuncia de una dictadura mimetizada.

La Constituyente fue un movimiento anticipado del ajedrez castrista. Vendió un producto inútil, en sustitución del que había logrado la magia del distanciamiento con las dictaduras militares de los últimos 150 años: la Constitución de 1961. La de 1999 quedó con grises jurídicos ex profeso, para facilitar las salidas a los futuros dilemas del régimen piticubano que se entronaba.

¿Por qué ahora la sedicente enfermedad del dictador? El castro-comunismo presagió la alternativa a la crisis actual: paisito quebrado por un régimen corrupto que presuntamente sustrajo más de $1.294.125.000.000 y hoy institucionaliza la invisibilidad del pollo, arroz, azúcar, papel sanitario, servilletas, y miles más de consumibles que antes se producían internamente. Esta atrocidad fue percatada hace años por el castro-comunismo, por lo que planearon escenarios disyuntivos para el dictador: desaparición física hasta que la tormenta amaine... ¡the economy, stupid! Luego, es probable que el hombre resucite triunfante, cual Lázaro; de lo contrario, la culpa será del sumiso exbus driver, porque el exmilitar no asumiría pretensiones derrotistas castristas.

Mientras lo antes se confirma, se patentiza la dolosa y fatal redacción del artículo 231 constitucional. En paralelo, algunos intentan combatir la dictadura actual con armas ineficaces: aceptación de elecciones trucadas y reverencia a un "presidente" fraudulento, luciendo como colaboracionistas... ¿verdad?

La dictadura sí se puede doblegar constitucionalmente, pero solo con 350 y calle. No hay otras alternativas.

romerromero@interlink.net.ve

@RomerromeroM


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