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Arístides Calvani, canciller de la paz

NELSON CASTELLANO HERNÁNDEZ |  EL UNIVERSAL
jueves 17 de enero de 2013  12:00 AM
Arístides Calvani falleció en enero de 1986, a los 68 años, cuánta falta hacen hombres con su claridad intelectual, en momentos tan difíciles para la democracia venezolana. "Una cátedra ambulante" lo llamó el expresidente Luis Herrera. Sus enseñanzas atravesaron las fronteras para convertirlo en uno de los pilares de los procesos de democratización de América Latina.


Prestado a la política fue ante todo un "Maestro" que actuaba movido por su sensibilidad social y sus principios cristianos, centro de sus planteamientos y enseñanzas. Denunciando la violencia de los intentos autoritarios, provinieran de dictaduras de derecha o de variaciones totalitarias marxistas.

Sus esfuerzos se centraron en la comprensión de la justicia social internacional, en la modernización y actualización de los instrumentos políticos, en la participación popular y en la incorporación de las Fuerzas Armadas como garantes de los procesos de democratización.

Como ministro de Relaciones Exteriores es reconocido como uno de los mejores que ha tenido Venezuela, visionario, profesional y humano. Dedicó gran parte de su vida a los asuntos internacionales, en permanente contacto con la realidad del continente.

Por sus oficinas pasaron entre otros líderes latinoamericanos, José Napoleón Duarte; Eduardo Frei; Vinicio Cerezo; Rafael Ángel Calderón y Miguel A. Rodríguez; Andrés Pastrana; Ricardo Arias Calderón; Oswaldo Hurtado; Felipe Calderón; Patricio Aylwin; María Liberia Peters; Henny Emann; además de importantes figuras políticas del ámbito europeo e internacional.

Allí comencé a trabajar en 1981, estar a su lado fue realizar un postgrado en Relaciones Internacionales, en Política Nacional y en Solidaridad Latinoamericana. Compartir la oficina me permitió ser testigo de importantes conversaciones, participar en los proyectos de democratización de Centroamérica, obtener una visión realista del continente y ser el depositario de una que otra confidencia.

Muchos de los que me rodeaban pensaban que tenía suerte, por encontrarme trabajando a su lado. Algunos llaman suerte al esfuerzo y el trabajo, aunque efectivamente era así, pero no porque las puertas de la política se abrirían de par en par, los que pensaban de esa manera no lo conocían, Calvani era un hombre sencillo, disciplinado, ajeno al ejercicio de las influencias, pero justo, comprensivo y atento al estímulo de nuestra potencialidad.

Los años de trabajo con él me hicieron viajar por Centroamérica, el Caribe, parte de Sudamérica y trabajar en programas de formación con participantes de todo el continente. En esa época encontré importantes dirigentes. A muchos los vi asumir altas responsabilidades en sus países y llegaron a ser presidentes, primeros ministros o ministros.

Un verdadero periodo de crecimiento que me permitió pulsar la diversidad del continente de donde provengo, establecer nexos y amistad en la distancia, formar nuevos grupos de trabajo, adaptados a las circunstancias que me tocaba vivir. Trabajar al lado de alguien de su nivel me permitió comprender la exacta dimensión de la responsabilidad.

Del ministro aprendí a "prever lo imprevisible", a ir despacio cuando tengo prisa. Me enseñó que lo más importante para un ser humano es desarrollar su propio destino ¡Cuántas veces le escuche desaprobar la actitud de los que permanecían a la sombra de sus líderes! Nunca olvide sus consejos.

Lo vi también ocuparse de las cosas más sencillas. Comprendía que los problemas de las personas por humildes que fueran, merecían nuestra solidaridad y que nos ocupáramos de ellos. Para él no existían seres humanos pequeños o grandes.

Cuando desapareció con parte de su familia en ese terrible accidente aéreo,  después de acompañar a Vinicio Cerezo, uno de sus alumnos que asumía la presidencia de la República de Guatemala, no pensé en el gran dirigente que perdíamos y que tanto bien había aportado a la paz y a los procesos de democratización. Pensé en el hombre bueno y sabio, en el amigo, el profesor, el ser humano quien se ocupaba de las cosas pequeñas, en "el paño de lágrimas" de tanta gente, yo incluido.

ExcCónsul de Venezuela en París

Presidente de Venezuela-Futura, Francia

nelsoncastellano@hotmail.com





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Comentarios (1)
Por Inti Peredo
17.01.2013
2:13 PM
Por obvias razones al articulista se le olvidó hablar del Protocolo de Puerto España (firmado por el entonces canciller Arístides Calvani), lo que provocó la furibunda renuncia del doctor Jorge Olavarría al cargo de embajador de Venezuela ante el Reino Unido.
 
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