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Para develar sentidos y propósitos

La secta gobernante acaba de escenificar el primer acto sin Chávez

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ANTONIO COVA MADURO |  EL UNIVERSAL
miércoles 9 de enero de 2013  12:00 AM
Es una lástima que el tiempo implacable impidiera sobrevivir a ningún venezolano que hubiere sido testigo presencial, hace justamente cien años, de una "amistad eterna" que terminó en un odio inveterado... y con otro presidente. En efecto, es la historia la que nos comunica cómo un fiel compadre llamado Juan Vicente Gómez, también vicepresidente de la nación, aprovechó una enfermedad de su jefe y mentor para hacerse con su cargo de presidente.

La historia, sin embargo, nunca se repite con todos y cada uno de los ingredientes que se hicieron presentes en un momento dado, pero sí nos permite que saquemos algunas conclusiones que tienen validez universal. Hoy, por supuesto, el enfermo no ha sido echado del poder. Más aun, luce como si se aferrara a él con una fuerza sobrenatural, y quizás lo más extraño para nuestra experiencia histórica, nadie se atreve a dar el paso que la Constitución impone. El oficialismo, eso es obvio, está perplejo y no sabe qué dirección tomar.

Por esa misma razón, un episodio como el de Castro-Juan Vicente Gómez se dará es entre los herederos, no con el actor principal, y eso parece inevitable. Y lo es, no sólo porque cada uno de ellos tiene los mismos títulos para asumir la conducción de esta supuesta revolución, sino porque detrás de cada uno se agrupan intereses divergentes y, por lo tanto, encontrados.

Por eso mismo todo el que niegue de entrada que ese enfrentamiento se dará o que basta con sólo la palabra expresa de Chávez al ungir a Maduro como sucesor, para que tanto el PSUV como la Fuerza Armada se cuadren sin chistar ante una voluntad que ya no estará presente para garantizarlo, es que no conoce ni la historia de Venezuela, ni lo que la sociología del poder enseña.

Estas son las consideraciones que hay que tener claras al analizar la situación política de este momento venezolano. Sólo con esas "consideraciones" en la mano tiene sentido escudriñar los rasgos singulares de estos días. Veámosles con atención.

El presidente se agrava justo en los días en los que debe juramentarse para un nuevo período. Y la Constitución es muy clara y taxativa en este sentido: hay una fecha específica que sirve de parteaguas, el 10 de enero. Si el presidente no puede juramentarse, la misma Constitución aclara lo que hay que hacer y aquí no vale el Art. 234 al que se aferra Maduro, como si lo que está pasando transcurriese en cualquier otro momento.

Es cuando nos damos cuenta que esto se dará sólo en caso de una ausencia absoluta cuando entendemos el afán por garantizar que esa ausencia sea temporal. O lo que realmente está sucediendo: la negativa radical por parte de la cúpula chavista de que Hugo Chávez ya no esté más con nosotros.

Es hora, entonces, de que nos hagamos la pregunta clave: ¿por qué la angustia del chavismo ante la posibilidad, muy real, de que Hugo Chávez les abandone para siempre? No parecería que es por el temor a que la oposición se haga con el poder. Eso les luce una posibilidad remota, si nos guiamos por las dos elecciones recientes. ¿Qué es entonces?

Una respuesta comienza a colarse: el temor a lo que pasará una vez que lo único que les ha mantenido unidos en la obediencia ya no estará y se desatarán todos los demonios que han logrado contener por tanto tiempo. Ya no habrá un Hugo Chávez que imponga a Ameliach por encima de lo que la base quería, ni aparte a Tarek William para imponer a un forastero. En suma, ya no habrá quien pueda sofocar con su estilo y su presencia la revuelta que brota por doquier. Es eso lo que les llena de pavor, no el enfrentar unas elecciones más.

El problema viene es después de esas elecciones. Y ese "después" comienza con el debate de hasta dónde obedecer la última voluntad de Chávez, quien fue un caudillo que ha dejado muchos herederos regados por toda la comarca. A uno le basta con recordar como Franco decidió imponerle al nuevo rey un jefe del gobierno que duró muy poco, el tiempo justo de enjugar sus lágrimas...

La secta gobernante acaba de escenificar el primer acto sin Chávez. Bastante grotesco, por cierto. Al final, uno no sabía ante quién, ni por cuántas veces juraba su cargo Diosdado Cabello, quien tuvo buen cuidado de hablarnos del "liderazgo eterno"... del Libertador Bolívar. No vayan a creer que de ningún otro.

¿Qué tanta juradera, qué tanto abrazo con el sucesor designado, en suma, qué tanto juego gomecista con que nos aburrió el sábado? Es el tiempo que corre veloz el que develará todo el sentido, y todo el propósito del show sabatino.

antave38@yahoo.com



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Comentarios (1)
Por Alberto Rodriguez
11.01.2013
9:11 AM
Excelente análisis. La gran pregunta ¿A quién jalarle, pedirle,arrollidarse,llorarle si hay tantos jefes? Vienen las purgas inexorablemente, y la fila de desempleados....
 
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