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Incoherentes o inocentes

Se empeñan en negar la realidad, lo que beneficia a quienes aspiran a completar su golpe inacabado

ALFREDO YÁNEZ MONDRAGÓN |  EL UNIVERSAL
sábado 29 de diciembre de 2012  12:00 AM
En perfecto español y sin entrar en contradicción alguna. Las declaraciones, afirmaciones e interpretaciones referidas en los días recientes forman parte de una extraordinaria campaña, promovida desde las más altas esferas, para mantener la vigencia de la toma iniciada en aquella madrugada de febrero de 1992.

No ha habido cambio alguno, el discurso y las acciones siguen siendo coherentes con la forma y el fondo propuestos entre asaltos, pillaje, violencia, decadencia, marginalidad, y por sobre todo, ansias de poder.

Si en 1992 violaron sus juramentos, en 1999 juraron sobre la moribunda que asesinaron; más tarde se crearon otra que cumpliera sus caprichos hasta que se cansaron de pisotearla en 2007, para someterla a la reforma que perdieron, pero no respetaron -como nunca- los resultados. Cómo podría entenderse como incoherencia lo que se predica ahora, cuando están sumidos en una nueva circunstancia que los pone frente a su esencia maleante; amparada bajo un halo constitucional de duda generalizada, por la coacción que ejercen para validar esas interpretaciones, por el yugo innegable del secuestro institucional.

Todo lo expuesto está perfectamente hilado. Los hechos accesorios -enfermedad incluida- no son más que eventos para el anecdotario de una hegemonía que se forja a la sombra de intelectuales, juristas, académicos y muy prudentes políticos; que por ingenuidad o asombro, no advierten que hace mucho rato la norma constitucional pasó a ser un mero formalismo que no debe leerse a rajatabla.

Mientras el tiempo se agota, los innumerables grupos de trabajo diseñan estrategias para los escenarios más disímiles; la mayoría electorales. Se empeñan en creer -como si se tratara de los más básicos fanáticos- que con la ausencia de un hombre todo el andamiaje se derrumba como consecuencia inmediata.

También en perfecto español se ha dicho, hasta llegar al escarnio de lo radical, que se impone -por las urgencias políticas, sociales y económicas- una transición en paz; que bajo ningún concepto admita la impunidad.

Son múltiples las razones, o mejor los intereses, que se empeñan en la negación de estas realidades. Las disfrazan, las llaman con eufemismos, les hacen el juego; ayudan con sus declaraciones a la compra de un tiempo que solo beneficia a los que aspiran a continuar su golpe inacabado.

Incoherentes o inocentes. De eso no hay. Aquí todos tienen su plan particular. Como siempre; como desde los tiempos de Herodes, solo importa el poder. Llamarse a engaño -tamaña incoherencia-, independientemente de la fecha, es jugar a ser inocentes con todas las de perder.

incisos@hotmail.com

@incisos



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