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¿Terminó la pretendida revolución?

Lo sensato es el diálogo y un pacto para la gobernabilidad de dos sectores encontrados

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JUAN MARTIN ECHEVERRÍA |  EL UNIVERSAL
domingo 23 de diciembre de 2012  12:00 AM
Los analistas, tanto nacionales como internacionales, manifiestan de manera reiterada su sorpresa, ante el desgaste relativamente moderado del régimen frente a los cinco millares de protestas del año pasado y a la cantidad muy superior del 2012. Quisiéramos acotar que un porcentaje significativo las protagonizan los sectores populares, aparte de las protestas sindicales y estudiantiles, o sea que sería extremadamente simplista considerar que no está ocurriendo nada, cuando el ciudadano se levanta en la mañana y no sabe si va a poder llegar a su lugar de trabajo y la agenda cotidiana está sujeta a la permisividad del Gobierno, que tolera determinados conflictos y en cambio reprime en otros a quien manifiesta o denuncia irregularidades. La protesta confirma la ingobernabilidad.

Si algún factor es fundamental en la apreciación de lo que ocurre en Venezuela, es que tanto el oficialismo como la oposición y el pueblo llano, están ejerciendo contraloría social, que implica reclamar derechos, y el régimen se niega a escuchar la protesta organizada de los ciudadanos, producto de la ineficiencia y de la confusión mental de los altos funcionarios, que se montan en el mensaje ideológico y descuidan las más elementales necesidades de la población. En fin, el hombre de la calle está aprendiendo a sobrevivir en una guerra civil agotadora, donde todos estamos en un permanente sobresalto, porque no sabemos las nuevas medidas de las autoridades y cómo van a compaginar la comuna como negación de la libertad, con la realidad criolla y constitucional de gobernaciones y alcaldías: arroz con mango.

La revolución como espectáculo es una realidad diaria y el invento del socialismo del siglo XXI es copiar a las comunas rusas, chinas y de Corea del Norte que fracasaron estrepitosamente, al rechazar a la institucionalidad que media entre la sociedad y el Estado. No hay democracia si no hay instituciones que puedan acercar a los distintos intereses en pugna y el socialismo radical es una colcha de retazos, aunque sean los subsidios, por eso debemos comenzar por prevenir las arbitrariedades y excesos de poder, concentrarnos en poner límites a la improvisación, vigilar las instituciones y protegernos de sus desmanes.

La democracia de verdad y un socialismo digerible, es el de la expresidenta Bachelet en Chile recientemente, y solo es posible realizarlo con la participación y el protagonismo de todo el pueblo, para construir una democracia plena que se desarrolle en múltiples niveles: en el hogar, en la escuela, en la calle y en los medios de comunicación, para que el resultado sea una sociedad auténticamente democrática. La única manera de construir una sociedad socialista, es que se articulen las ONG, las asociaciones de vecinos y las organizaciones sociales con los partidos políticos, pero sin excepciones.

Quién no recuerda el Índice de Frustración de Expectativas que desarrollara en su oportunidad Alfredo Keller, valdría la pena hacer una evaluación de indicadores esenciales, como el número de viviendas construidas en estos 14 años versus lo hecho por los gobiernos democráticos, el índice de criminalidad en igual sentido, la construcción y mantenimiento de vialidad, edificaciones educativas y de salud, el poder expresar libremente sus opiniones o ser criminalizado, y hasta detenido, por la protesta o la denuncia que no son resueltas ni investigadas y exigen el respeto y solución del Gobierno. Se ha creado un ministerio de seguimiento a la gobernabilidad, cuando el buen gobierno es coordinar, revisar a través de contralorías internas, aplicar sistemas de doble control y sancionar implacablemente. Es un imposible resolver la crisis carcelaria con un nuevo ministerio, si seguimos este criterio habría que crear un centenar de ministerios.

Finalmente, como la historia de la Caperucita Roja: "ahí viene el lobo", está el drama de una enfermedad terminal que trastoca las peores intenciones y deja a las comunas "a la deriva"; potenciándose escenarios como la escasez de divisas, la devaluación y un panorama de ciudadanos de primera y de segunda, donde se pretende que seamos funcionarios públicos de una manera similar a Cuba, desapareciendo o reduciendo a su mínima expresión el sector privado, máximo empleador, emprendedor e innovador. Si sigue esta involución la brújula nacional girará al ritmo de la locura. Esta es la oportunidad de la búsqueda sensata de soluciones, del sentido común, de pensar primero en nuestros ciudadanos y después en la problemática de otros países. Hasta la Biblia es categórica en estos particulares. Lo sensato es el diálogo y un pacto para la gobernabilidad de dos sectores encontrados, que solo uniéndose hacen país.

juanmartin@cantv.net



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Comentarios (1)
Por Camilo Silva
23.12.2012
1:40 PM
GRACIAS Senor Echevarria!!
 
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