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¡Felicitémonos! Vivimos en el mejor de los mundos

Hemos llegado a ser mucha más gente, no sólo cuantitativa, sino cualitativamente

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JORGE SAYEGH |  EL UNIVERSAL
viernes 21 de diciembre de 2012  12:00 AM
En estas épocas cuando las profanas profecías Mayas del fin del mundo se dan la mano con la Natividad Cristiana (que en su momento también fue entendida como una profecía) me parece muy pertinente dejar de lado tanta histeria fatídica y hacer una reflexión acerca del maravilloso, productivo y feliz momento que atraviesa hoy la humanidad.

Comencemos por la gente. De momento no por su calidad, sino por su cantidad. Desde hace unos 12 a 10 mil años atrás, cuando terminó la última edad de hielo y el planeta comenzó a calentarse dramáticamente (en aquel entonces el "calentamiento global" no era ocasionado por el hombre, sino por la naturaleza, exactamente igual que ahora), la población humana ha pasado de unos pocos cientos de miles a ¡7 mil millones! de individuos, que parecen ponerse todos de acuerdo para ir al supermercado cuando usted decide hacerlo.

El primer gran salto demográfico se dio con la aparición de la agricultura y ganadería, pero el brinco cuántico ocurrió con la Revolución Industrial. De unos mil millones en 1850 pasamos a los 7 mil millones de hoy. Pero esto, ¿qué significa? Pues que últimamente las cosas le han ido tan bien a nuestra especie que, en menos de 200 años, hemos reunido la mayor cantidad de miembros que jamás hayamos podido procrear en ninguna época anterior. Algo asombroso, teniendo en cuenta que hoy las familias no son numerosas. Antes había que tener un bojote de muchachos; primero, para asegurarte que tuvieras reemplazo de hijos porque la mortalidad infantil era altísima; segundo, para tener "mano de obra" barata; y tercero para que, entre varios, te cuidaran de viejo y así la carga fuera menos pesada. Y cada uno de los partos era de forma natural, sin epidural ni cesáreas con anestesia. Hago la salvedad, porque en caso de emergencia se hacían cesáreas... sin anestesia.

¿Vamos comenzando a entender algunas ventajas de nuestra época? ¿O alguna futura madre quiere meterse en la máquina del tiempo para hacer familia en algún romántico hogar vienés del 1700?

"Pero hoy convivimos con una violencia como jamás se había visto en la historia", me argumentan jóvenes y viejos frente a la pantalla del televisor mientras los judíos matan a los palestinos por montones y los palestinos matan a los judíos, pero menos porque no tienen dinero para comprar o producir armas eficientes. Lo único cierto de la frase es: "jamás se había visto", porque judíos y filisteos andan matándose desde épocas bíblicas. Por ejemplo en Números, cap. 31, vers. 17 y 18, podemos leer : "Y ahora, maten a todo niño varón y maten a toda mujer que haya tenido coito con hombre. Y conserven vivas para ustedes a todas las pequeñuelas que no hayan conocido el acto de acostarse con varón". Revelador el Antiguo Testamento, ¿no?

Ser violento

Sucede que la violencia en el ser humano, es una conducta que arrastramos por el origen de nuestra especie, como animales que somos. Lo natural es ser violento, de lo que se trata la civilización es justamente de controlar esa naturaleza. Observemos que luego de 12 mil años de intentos creando sociedades, es a partir del siglo XX -y específicamente después de la II Guerra Mundial- cuando el concepto del pacifismo y la no violencia se establecen por consenso como el de una conducta apropiada y conveniente. El antiguo adagio "Todo se vale en la guerra y en el amor", refrán por demás perturbador y que sirve para justificar cualquier maldad en las relaciones humanas, ha perdido vigencia. Hoy nos parece un crimen de guerra el bombardeo de población civil, cuando en la reciente antigüedad era "natural" que el ejército vencedor saqueara, asesinara, violara y convirtiera en esclavos a la población civil subyugada. Nadie lo cuestionaba, a lo sumo juraban venganza. Así de cruel era la cosmovisión de las culturas anteriores a la nuestra.

Lo que sucede en realidad es que la población humana ha crecido mucho recientemente, por eso percibimos muchos homicidios, crímenes y víctimas de guerras. Porque somos muchos. Pero no debemos dejarnos engañar por las apariencias, el porcentaje de muertes violentas de Europa y Estados Unidos durante todo el siglo XX no llega al 1%. Incluyendo las dos Guerras Mundiales. Lo que sucede es que durante la campaña de Alejandro Magno o la conquista de América no había corresponsales de guerra, ni televisión ni soldados con cámaras que se grabaran mientras abusaban de los prisioneros enemigos. Y esta es otra ventaja que gozamos hoy como nunca antes: la información. Abundante, variada e inmediata.

Esperanza de vida

Cualquier niño de hoy tiene mayor acceso a la información que el sabio más acucioso de la antigüedad. Asimismo, los indicadores en todos los aspectos que representan calidad de vida -salud, alimentación, educación, vivienda, ocio y turismo- son hoy extremadamente más altos que nunca. La esperanza de vida actual en el mundo es de 67,2 años. En la Antigua Roma era de 28 y en la América Precolombina variaba entre 25 a 30 años. Hoy se pasa menos hambre que jamás en el planeta y, de hecho, hay más personas con exceso de peso que desnutridas. Las viviendas y servicios en las barriadas de hoy son más salubres de lo que eran ciudades como Londres o París en el siglo XV. Aunque sigue habiendo problemas puntuales de explotación laboral, trata humana o esclavismo moderno, son casos que se tipifican como delito y la inmensa masa trabajadora del mundo está amparada por leyes que establecen logros que jamás antes existieron como jornada de 8 horas, vacaciones, defensa por despidos injustificados y derecho a huelga. Nunca un humano tuvo la oportunidad de viajar al rincón más apartado del mundo con la comodidad y rapidez que podemos hacerlo ahora. Y cuando no viajamos, podemos conversar cara a cara a través de un teléfono móvil con familiares que vivan en la Conchinchina.

Además de la evidencia numérica tenemos un indicador más importante aún: Los Derechos Humanos. Antes del siglo XX, prácticamente no existía ese concepto. Hoy, las sociedades comienzan a comprender que las figuras aparentemente débiles como las mujeres, los niños o los discapacitados pueden jugar (y juegan) un rol importante en la dinámica social. Que es económicamente más productivo y espiritualmente más satisfactorio establecer un equilibrio donde cada individuo tenga oportunidad de manifestarse y -¡Ay, Dios mío, qué anatema tan peligroso hubiera sido decirlo hace 200 años!- compartir el poder.

La mujer

Hasta no hace mucho la mujer era considerada patrimonio del hombre y los hijos una especie de capital; "proletariado" alude a la clase obrera porque su única riqueza era la prole. Riqueza que con frecuencia era azotada en beneficio de su conducta y educación, porque a nadie le parecía un abuso que un padre castigara físicamente a un hijo... y, a veces, también a la madre de su hijo. Hoy, en cambio, hemos entendido, como sociedad, que la violencia doméstica es también un delito. Así como la discriminación por raza, credo o preferencia sexual.

Es decir, hemos llegado a ser mucha más gente, no sólo cuantitativa, sino cualitativamente. Por eso, querido lector, esta noche al acostarse, cuando al final del día no se haya vuelto a acabar el mundo, piense en lo afortunado que es por haber nacido en esta época. El único momento histórico mejor que el que estamos viviendo sólo podrá suceder en el futuro.

JorgeSayegh@gmail.com



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Comentarios (2)
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1 |
Por Ricardo Medina
21.12.2012
8:26 PM
excelente, se lo leere a mis descendientes. Gracias
 
Por Guillermo Marquez
21.12.2012
10:58 AM
Verídico!!..
 
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