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Lo que no se dice

En el fondo podemos ver cómo el sistema está estructurado no en función de la eficiencia

NOEL ÁLVAREZ |  EL UNIVERSAL
lunes 17 de diciembre de 2012  12:00 AM
En este momento me permito hablar de mi propia experiencia en relación a mi encuentro casual con la autoridad: el fin de semana, viajando por nuestro país, con el fin de salir del tráfico y el ajetreo de nuestra Caracas, me enfrenté con una situación que puede ser muy común para cualquier venezolano. No es algo grave, pero no deja de ser muy lamentable.

En el trayecto de mi salida me encuentro con una alcabala donde el funcionario de tránsito me detiene y me solicita la documentación pertinente; toma mi licencia y la verifica en el sistema del INTT a través de su teléfono y me indica no aparece en el sistema y que por lo tanto es falsa, acto seguido procede a colocarme una multa de Bs. 900.

Al llegar a Caracas procedo a chequear en las oficinas del INTT qué ha pasado con mi documentación y logramos verificar que mis datos de fecha de nacimiento fueron mal ingresados en el sistema.

Yo estaría en derecho a apelar y no pagar la multa; pero para hacer esto tendría que viajar a la jurisdicción donde me fue colocada, para que mi caso sea discutido y la sanción sea revocada.

Si uno analiza el problema puede ver que no es grave en relación a la delincuencia o a la corrupción, ¿pero no es al mismo tiempo la esencia misma de esos problemas crónicos? En el fondo podemos ver cómo el sistema está estructurado no en función de la eficiencia, que últimamente ha querido exigir el Presidente, sino de una manera tal que el funcionario infiere que uno es culpable sin tener en cuenta que un error del sistema pueda implicar a un venezolano en un hecho ilegal, y como consecuencia de ello, un ciudadano cuidadoso de su documentación, se ve involucrado en un calvario burocrático, donde la solución más barata es pagar una multa de un delito que uno no ha cometido.

Lamentablemente los ciudadanos con tantas cosas en su haber diario como la delincuencia, el tráfico, el tener que cumplir con sus horarios de trabajo, ya no podemos detectar la gravedad de este tipo de incidentes, porque nuestro día a día se ha colmado con asuntos muchos más cercanos a la supervivencia; pero estas pequeñas cosas deterioran inmerecidamente nuestra calidad de vida.

Y para terminar esta pequeña anécdota, cierro con una interrogante: ¿será que la descomposición moral del sistema ha llegado a tal punto donde uno ya no se siente resguardado por sus autoridades? Estas son las pequeñas cosas a las que nos enfrentamos y ya no se dicen, asuntos pequeños y cotidianos donde uno corre el riesgo de ver cara a cara la verdadera descomposición de nuestras instituciones.

Coordinador nacional de Independientes por el Progreso

@alvareznv



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