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De reyes puestos y reyes muertos

MIGUEL E. WEIL DI MIELE |  EL UNIVERSAL
miércoles 12 de diciembre de 2012  12:00 AM
"El rey ha muerto. Viva el rey", era la proclama cuando el sucesor en el trono era investido y coronado como nuevo monarca. Con ello, además de hacer los respectivos honores al rey muerto y al nuevo coronado,  se procuraba evitar los altercados e inconvenientes que pudieran derivar de la sucesión. Se eliminaba además aquello del "vacío de poder", y los flagrantes peligros del interregno. A rey muerto, rey puesto, y cuidadito con inventar. O sea, a digerirlo sin chistar. No era usual que el rey designare sucesores, pues por costumbre y leyes usualmente el primogénito varón era el heredero del trono.

Otra razón detrás de aquello y no de menor importancia era la renovación del vasallaje, es decir, de los vínculos que dentro de la pirámide social tan característica de la época, se vinculaban a nobles de inferiores rangos hasta el ahora señor ausente. Y así, aquellas obligaciones sinalagmáticas entre rey y vasallo quedaban automáticamente renovadas con la nueva majestad. Cosa de lealtades, de nobleza, de caballeros y espadachines, en los que aquello estaba íntimamente vinculado con la honorabilidad de las partes y otros conceptos similares hoy tan ajenos y extraños. Y aunque nada democrático, era lo legal. Épocas de señores feudales, del pasado, pasadísimo.

Las dificultades de dicho sistema vinieron dadas por los conflictos que se presentaron en las sucesiones. En algunos casos, cuando eran varios los herederos y no quedaba claro, por cualquier razón, cuál de los hijos del rey muerto pasaría a ser el rey puesto. Empezaron pues a chistar los unos y los otros, y aquello terminó por ser un bochinche de reyes puestos e inevitable la matachina, la de las películas, de murallas y batallas, armaduras, etcétera. Que si la felonía, que si Dios dispone, y esas cosas. En otros casos, también era grave problema el que se planteaba cuando en postrimerías su majestad ordenaba que uno u otro pasare a ser el nuevo Rey, que sin explicación y por mera voluntad, aquello de la real gana, nunca mejor dicho, se le imponía a unos vasallos que les importaba un pepino la palabra de un rey moribundo. Como si para ceñir cintura y jurar lealtades a un improvisado estaban ellos, después de tanto haber chupado éste. Arrancaba el cuchicheo entre vasallos, que habiéndose convertido por la evolución de los tiempos en los verdaderos poderosos del reino, empezaban a conspirar e intrigar, los de este grupito y los del otro. Y terminaba aquello entre espadas, escudos, caballería, arcos y flechas. Que si me gusta más el Papa o me gusta el improvisado. O no, que es que soy yo el nuevo Rey, que tengo soldados y mercenarios, y se pueden ir al carrizo viejo todos, he dicho.

Un despelote de sistema pues. Por fortuna, desde lo fundacional aquí somos republicanos, sin reyes muertos ni reyes puestos, ni herederos ni sucesores, y cuando se ha chistado ha sido por otros resquemores. Sin felonías ni deshonores, pues hoy manda una urna, que no es precisamente la del Rey muerto.

miguelwd@yahoo.com

Twitter: @weilmiguel


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Comentarios (4)
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1 |
Por Ana Arias Sanabria
12.12.2012
6:19 PM
Señor Miguel Weil Di Miele, si los venezolanos seguimos manejados y dirigidos como rebaños, y continuamos siendo cobardes, es muy probable que aquí se cumpla "aquello de la real gana" que usted acertadamente menciona en su artículo.-jeje!!
 
Por Ana Arias Sanabria
12.12.2012
5:09 PM
Pues mi estimado Señor Well, si los venezolanos seguimos siendo sumisos y cobardes, es posible que aquí también se imponga "aquello de la real gana".-jeje!!
 
Por Norka Ramírez
12.12.2012
11:55 AM
Señor Weil, realmente disfruté su artículo. Muy bien contado y con mucho humor. Lo felicito.
 
Por William Borges
12.12.2012
11:07 AM
Excelente recuento de lo que pretenden hacer ver, pero que aquí no aplica. Así que felicitaciones... muy bien descrito. Aquí el dicho del "Rey Muerto, Rey Puesto" no es tán expedito como en las realezas, pero serán muchos los vasallos rojos que pretenderán ser ungidos como los sucesores del monarca rojo, con la pelea entre cuchillos, zancadillas y empujones; eso de quitate tu para ponerme yo, pero entre todos y en el mismo momento... un bochinche o atajaperros. Lo mismo puede ocurrir del lado opositor si no se sinceran ahora y se dicen sus verdades en la cara. Ahí les dejo eso.
 
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