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La película que nunca se rodó

GABRIEL VARGAS-ZAPATA |  EL UNIVERSAL
viernes 7 de diciembre de 2012  12:00 AM
Ben Affleck se está labrando una filmografía respetable. En 2007 cuando estrenó Adiós pequeña, adiós, en principio lo creímos una frivolidad y una incursión sin mayor consonancia. Pero al ver The Town (2010), un filme interesante, con matices y con una resolución narrativa mucho más efectiva y madura, nos percatamos de que no estábamos simplemente ante un actor perteneciente al star system del Hollywood de hoy, jugando detrás de las cámaras. Y esto se intuía desde que junto a Matt Damon, ganó el Oscar por el guión de Good Will Hunting (1997).

Su cine, hay que reconocerlo, tiene carácter. Un carácter muy americano y que surca algunas líneas clásicas dentro de la contemporaneidad, se aferra a los géneros, pero al mismo tiempo crea suaves mezclas que desembocan en dramas comerciales, pero con una marca de autor que, a día de hoy, con tan solo tres largometrajes y dos cortos, se perciben con una claridad que, por una parte, le acercan a la tranquilla, y por otra, a los grandes maestros.

Argo es su última película y está basada en hechos reales. Se trata de un drama diplomático que se resuelve con humor y suspenso y que trabaja muchos personajes a la vez, con unos paralelismo no físicos, sino argumentales; es como una vuelta de tuercas del cine de Robert Altman. Pero es también la historia de una película que nunca se rodó; en ese sentido, Affleck crea un guiño frikie al mismo tiempo que da un tratamiento serio a un episodio histórico que iba para desgracia.

Va todavía más allá, su tratamiento formal de las imágenes, las intertextualidades que crea con las fotografías periodísticas datadas de dichos sucesos, enriquecen el filme, le dan un aire documentalista y hacen que la historia chirríe por su realismo y por el tono agónico con el que construye una intriga poderosa e impecablemente sustentada.

Resulta entonces que Argo puede inspirar varias lecturas. Al mismo tiempo, es una cinta entretenida que elabora un discurso sobre lo mediático y sobre el periodismo, evoca la labor periodística de los años setenta y ochenta y apacigua el debate sobre el carácter intervencionista de Estados Unidos. La mirada parcial de Affleck se inclina más por contarnos una historia, pero el contexto histórico es imprescindible y el televisor como artefacto mediático, como maquina transmisora de mensajes, recibe un juicio justo con una interpretación abierta.

La sombra del americanismo sobre Argo, parecía no dejarla emerger, pero al final se libra gracias a la sustanciosa mezcla de imágenes reales, gracias a la reconstrucción dramatizada y a unas magnificas interpretaciones, de las que habría que resaltar la de Alan Arkin, y finalmente, gracias a un formalismo innovador que hacen de Affleck, un autor prometedor, y de Argo una de las mejores películas del año. Ágil, brillante y divertida.

@gvargaszapata

gvargaszapata@hotmail.com

www.gvargaszapata.blogspot.com


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