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Medicina Herbaria: ¿empiria o ciencia?

RICARDO GIL OTAIZA |  EL UNIVERSAL
viernes 30 de noviembre de 2012  12:00 AM
Con el correr del tiempo la medicina herbaria se ha ido posicionando de un amplio espectro de preferencias por parte de la población. Tal es su influencia cultural, que no existe región alguna del planeta que no la practique y se beneficie de sus inmensas fortalezas. No obstante, ese mismo proceso, que ha sido explosivo y emergente desde la segunda mitad del siglo XX y comienzos del XXI, ha permitido que muchos se hayan dado a la tarea de practicarla sin poseer ningún tipo de criterio terapéutico, prevaleciendo sólo las ansias crematísticas y de explotación de los incautos pacientes. Por otra parte, existen suficientes reportes que muestran cómo en algunos casos la salud del paciente se ha visto comprometida por un uso inadecuado y abusivo de hierbas. Además, el denominado efecto placebo no queda exento de ser una explicación suficiente y no-comprometida ante el boom naturista que hoy vivimos.

Si bien es cierto que lo señalado anteriormente atenta contra la práctica herbaria en sus distintos contextos, no es menos cierto, también, que la medicina herbaria tiene sus orígenes en los de la humanidad, y a lo largo de los siglos su ejercicio se ha hecho consustancial con la vida cultural de los pueblos. Por otra parte, el desarrollo de la tecnociencia ha sustentado sus aportes a la medicina alopática sobre la base de moléculas de origen natural, lo que implica que en la medicina herbaria converjan al mismo tiempo empiria y ciencia. ¿Acaso no posee la ciencia un componente empírico?

Sobre la base de todos estos argumentos, se requiere que se haga el cotejo de ambas visiones: conocimiento empírico y conocimiento científico, para que a través de dichos prismas podamos abordar sin ambages la práctica herbaria en nuestro entorno cultural y social. Se hace necesario, eso sí, deslastrar su práctica de elementos mágicos-religiosos, que si bien nos muestran la riqueza de la tradición llegada a nosotros por la vía de la conquista y la colonización (y de la amalgama dada por la vía de la sangre), tergiversan en su esencia lo que en definitiva se busca a través de la herbolaria: una vía certera para el abordaje de las diversas patologías que nos aquejan. 

Se tiene claridad acerca de los extremos en que se mueve el tema, que van desde una fe ciega y absoluta en los poderes curativos de las plantas, hasta un escepticismo total, que niega todo vestigio de aporte terapéutico; empero, lo importante es tener suficientes recursos teórico-conceptuales que nos posibiliten tomar de la herbolaria lo que nos interese, así como desechar aquello que nos acerque a la irracionalidad y al riesgo de perder la salud y la vida.

En definitiva, se busca abrir nuevas interrogantes e inquietudes en torno a este tema que sigue estando en plena vigencia histórica dentro y fuera de nuestras fronteras, más aún cuando en diversos contextos planetarios se nos presenta un extraordinario espectro de posibilidades que implican centrarnos en lo verdaderamente relevante: la salud de los pacientes.  En este sentido, podrían sernos de gran ayuda la Etnobotánica y la Etnomedicina, que de un tiempo a esta parte se han erigido en puntos de encuentro entre la tradición popular pasada de generación a generación y la ciencia y sus grandes exigencias metódicas , que busca la replicabilidad y los márgenes terapéuticos, y nos permite dar el salto de lo meramente especulativo a lo real-comprobable.

En todo caso, se hace perentorio que tanto las universidades como los centros de investigación, que se abocan desde hace tiempo al mero escrutinio de sustancias activas derivadas de las plantas y sus potencialidades (fitoquímica), partan de una base empírica, que las oriente desde la tradición y la cultura de los pueblos en el camino a seguir en el hallazgo de nuevos fármacos, que puedan ser utilizados como herramientas terapéuticas seguras y accesibles a la mayoría en la conquista de la salud y en la elevación de la calidad de vida de las comunidades: ávidas de respuestas y verdaderas soluciones.

rigilo99@hotmail.com  

@GilOtaiza   


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Comentarios (1)
Por Quintero Alfredo
30.11.2012
6:45 AM
Muy intersante Dr. Otaiza, su artículo. Todo el gran conocimiento empirico, si funciona debería ser validable con el método científico. Sería además interesante que aquellas medicinas que funcionan que han sido descubierta por culturas aborígenes, pudieran ser protegidas debidamente con legislación de propiedad intelectual para que aquellos grupos humanos que le proporcionan el conocimiento a la humanidad de sus medicinas se beneficien económicamente de este conocimieno. No sé cómo sea posible lograr esto.
 
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