Compartir

Patatín y patatán

LULI DELGADO |  EL UNIVERSAL
sábado 24 de noviembre de 2012  12:00 AM
Etc., etc., etc., bla, bla, bla, patatín y patatán, el pato y la guacharaca, y por ahí siguen las modalidades que, advertida o inadvertidamente, usamos hasta varias veces al día para completar una historia.

De lo que no nos damos cuenta, es que por último nuestras cotidianidades son tan parecidas, nos podemos dar el lujo de editar nuestros relatos, con la más absoluta confianza de que esa disminución de detalles no le va a cambiar para nada su esencia.

Suele suceder, que el inicio de un relato es como si nos empezaran a tocar una canción conocida, de la que ya nos sabemos la letra, y de paso hemos cantado muchísimo.

Es por eso que muchas veces no hace falta ir hasta el final o hacer  explicaciones exhaustivas para que nuestro interlocutor sepa de lo que estamos hablando. Con un bla, bla, bla, quedaría más que claro.

Pero como todo juego tiene su trampa, ojo, que resulta muy fastidioso cuando al que le estamos contando algo, termine la frase creyendo que puede adivinar la secuencia que viene después. Además de ser un golpe bajo para el narrador, acaba por ser fuente de malos entendidos y puentes que atraviesan el lado de la armonía para la calle de la discusión. Esto es muy frecuente en las relaciones de pareja, o en personas de larga convivencia común, cuando, superadas las barreras de la cortesía y lo políticamente correcto, la línea se hace particularmente tenue. Aquí se recomienda al narrador un patatín, patatán, u otra de las modalidades citadas, para que quien lo oye no caiga en la tentación.

Por su parte, resulta anticlimático a más no poder, cuando uno empieza una historia catapultado por la emoción y, a la segunda frase, el otro corta certero: ¡Ah, pero eso ya me lo habías contado! Nada, a rematar como mejor se pueda, darle un codazo a la memoria y ver qué otro detalle inédito podemos agregar que sea verdadera novedad. Lamentablemente, los patos y las guacharacas raramente ayudan a superar el mal momento del que se olvidó.

Todo esto debe haber sido así desde que el mundo es mundo, porque no creo que se trate de uno de los tan cacareados males del Hombre moderno, como podrían ser la tendonitis que le achacamos al abuso del teclado, o la resequedad de la garganta producto de la polución.

Ahora, de puro ociosa, me pregunto: ¿Será que el Hombre de Neanderthal, aunque casi no hablaba, ya tenía el equivalente a bla, bla? ¿Cómo se diría etc., etc., en sumerio? ¿O patatín patatán en griego clásico? Seguro que ya tenían su equivalente, porque es que no hay nada nuevo y, por extraño que nos pueda parecer, el sol de ellos era ni más ni menos el mismo que hoy le llegó el turno de iluminarnos a nosotros.

delgado.luli@gmail.com


Más artículos de esta firma

Compartir
¡Participa!

Envíanos tus comentarios
Para escribir tus comentarios en las notas, necesitas ser usuario registrado
de EL UNIVERSAL. Si no lo eres, Regístrate aquí
correo (obligatorio)
clave (obligatorio)
Ingresar
El Universal respeta y defiende el derecho a la libre expresión, pero también vela por el respeto a la legalidad y a los participantes en este foro. Invitamos a nuestros usuarios a mantener un contenido y vocabulario adecuado y apegado a las leyes.
El Universal no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios aquí publicados son responsabilidad de quién los escribe.
El Universal no permite la publicación de mensajes anónimos o bajo seudónimos.
El Universal se reserva el derecho de editar los textos y de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje no apropiado y/o que vaya en contra de las leyes venezolanas.
Comentarios (1)
Por Linda D´Ambrosio
24.11.2012
8:47 AM
Como siempre, fantástica reflexión sobre las cosas cotidianas, que las alumbra con otra luz!!!!!
 
ESPACIO PUBLICITARIO
ESPACIO PUBLICITARIO
fotter clasificados.eluniversal.com Estampas
Alianzas
fotter clasificados.eluniversal.com Estampas
cerrar