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Cuentos de monte y culebra

RICARDO GIL OTAIZA |  EL UNIVERSAL
viernes 23 de noviembre de 2012  12:00 AM
Narrar en la provincia constituye un hecho fundante en la literatura universal. Autores e importantes obras han nacido desde la negación de lo cultural, y se han abierto espacio por medio de una denodada lucha contra una especie de fenómeno "clasista" (por no llamarlo de otra manera), que pretende obviar su existencia: invisibilizando, orillando, colocando etiquetas, para que desde allí se dé el inefable salto al ostracismo. Por supuesto, en Venezuela este fenómeno ha estado siempre presente, y muchos de quienes hicieron vida literaria en la provincia se vieron obligados a tomar las maletas para marcharse de sus regiones y hacerse "capitalinos", so pena de sufrir los rigores de la marginación y el olvido.

En los años recientes ha habido un interés real en nuestro país por parte de algunos intelectuales, de agrupar a los autores y sus obras en celebérrimas antologías, que den constancia a ese nebuloso concepto de "posteridad" de lo que en nuestros tiempos se publica. Si bien cada libro antológico es movido por razones de diversa índole (géneros, estilos, extensión, época, etc.), ha habido una suerte de discriminación contra los autores que hacen vida familiar, intelectual y literaria en las distintas regiones del país, ignorándose que en cada rincón de nuestro extenso territorio nacional existe una verdadera cantera de posibilidades estéticas, que pugnan por alcanzar oportunidades para que sean conocidas y apreciadas en su justa dimensión ontológica y artística.

  Movido quizás por todas estas reflexiones y angustias compartidas, en el año 2008 el entonces secretario ejecutivo del Consejo de Publicaciones de la Universidad de Los Andes, Dr. Mariano Nava Contreras,  nos plantea la posibilidad de una antología que no discrimine a los autores que viven en la provincia, sino todo lo contrario: los agrupe en una suerte de gran libro colectivo. En todo caso, nos propone un libro a guisa de respuesta efectiva a esos "antólogos" capitalinos, quienes piensan que el mundo literario venezolano comienza y termina en los límites geográficos de la Gran Caracas. De inmediato nos pusimos a trabajar. A mitad del largo proceso de preparación del libro (que no fue fácil) se incorporó como antólogo el Prof. Alirio Pérez Lo Presti, quien le insufló al equipo renovadas energías.

Después de muchas sesiones de trabajo, de podar aquí y allá, de insertar al grupo inicial a éste o a aquél otro autor, logramos una lista de autores y de obras de consenso: Miguel Enrique Alonso (Caracas, 1946): Los dueños; Margarita Belandria (Canaguá, estado Mérida, 1953): Los totumos; Ricardo Gil Otaiza (Mérida, 1961): Carta para un difunto; Arturo Mora Morales (Tovar, estado Mérida, 1955): El naufragio; Mariano Nava Contreras (Maracaibo, 1967): Federico monta a un tren y conoce a los poetas muertos; Norberto José Olivar (Maracaibo, 1964): La guerra de Zingg; Alirio Pérez Lo Presti (Mérida, 1966): La verdadera historia de la perra caliente; José Pérez (El Tigre, 1966): No lisis, no listesis; Enrique Plata Ramírez (Maracaibo, 1959): Dos almas que en el mundo...; Alberto Quero (Maracaibo, 1975): Monólogo del ahorcado; Aixa Salas (Mérida, 1948): Una casa rara; y Roger Vilain (Upata, 1969): El derecho y el revés.

La lista se mantuvo y el libro salió publicado para la Feria Internacional del Libro Universitario (FILU) de la Universidad de Los Andes, del año 2009; pero todavía no nos adelantemos porque falta un detalle importante. El título de la antología fue nuestro principal dolor de cabeza. Se barajaron varios, pero ninguno lograba la amalgama de lo que queríamos expresar al mundo literario regional y nacional. Ninguno llevaba implícita la ironía necesaria para que a manera de jugada maestra diera respuesta contumaz a la negación del otro hecha desde la capital. Una buena tarde en medio de las deliberaciones, el Dr. Mariano Nava puso sobre la mesa una propuesta de título: Cuentos de monte y culebra. El impacto fue inmediato. En un principio el título hizo ruido a algunos, pero a medida que se iban consustanciado con un proyecto de esta magnitud (con un fin teleológico preciso como el enunciado), ganaba adeptos. El título seleccionado no requería de mucho análisis; resultaba una gruesa ironía para quienes desde la capital desdeñan a la provincia con aquella vieja conseja: "Caracas es Caracas y lo demás es monte y culebra". Listo, el título era firme y una bofetada para las mentes más cuadriculadas (muchas, por desgracia). La aceptación por parte del público lector no se hizo esperar.

No dudamos en afirmar que Cuentos de monte y culebra quedará como testigo de excepción del inmenso potencial narrativo de nuestros autores nacidos o que viven en la provincia, y como un mentís categórico y rotundo a quienes se empeñan en fragmentar el hecho literario con intereses secesionistas.

rigilo99@hotmail.com

@GilOtaiza


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Comentarios (1)
Por Jose Ramon Barboza
23.11.2012
9:32 AM
Me gustaria tener acceso a ese libro "CUENTOS DE MONTE Y CULEBRA" aunque del interior se puede escribir hasta desde el exterior, solo hay que llevar lo que se pretenda escribir consigo , en el alma , la mente o ambos (supongo, no soy ni siquiera escribidor, pero me encantaria), lo que si seguro quiero son referencias del interior q son referencias patrias, porque si "caracas es caracas y lo demas monte y culebra", pues del monte y culebra es que somos y venimos. Cuando se habla del monte y culebra se habla del interior del pais, cuando se habla de caracas, solo se habla de la capital.Es interesante esta nota, quisiera ponerme en un libro de "Cuentos de monte y culebra".
 
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