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El Tamá a sus pies

CAROLINA GÓMEZ-ÁVILA |  EL UNIVERSAL
miércoles 21 de noviembre de 2012  12:00 AM
Hay espíritus dispuestos al reto. Y patologías, también.

Pero nadie los diferencia ante el hecho heroico. Se les aplaude, se les admira, se les envidia. Y vuelta a empezar.

Algunos, predestinados a la miseria y a ningún lugar en la historia, por desconocidas artes de birlibirloque trastocan la adversidad. Uno de la miríada doblega al infortunio. Y he aquí la inspiración: un cuerpo enredado en sargazos y rezumando aguasal asciende la selva nublada, verde azulada, con cuevas y guácharos, con cuencas de ríos helados, frailejones y helechos gigantes hasta la cima del Tamá.

Eso es suficiente para el grueso.

No, no se detendrán en San Vicente de La Revancha y apenas se fijarán en el caudal del Quinimari porque siguen el rastro de las algas para escarnecer, si derrotado; y aplaudir, si vencedor. Tampoco voltearán a La Petrólea, donde habita el fantasma que hace ciento y tantos años, explotó nuestro oro negro por primera vez.

Es que estos que admiran el ascenso del monstruo de la sima marina, se complacen y se conforman, pero no se transforman. Estos testigos ansiosos son del otro tipo de espíritus.

Porque hay espíritus que no soportan el reto. Y patologías también.

En un mundo sin adversidades, con la garantía de las necesidades cubiertas, el hecho heroico sería escaso durante largo tiempo. Hasta que encarnara otro espíritu indómito que necesitara de la adversidad para poder encontrarse y, a falta de ella, destruyera todo lo existente para fabricársela. Y entonces, provocado el infortunio con su propia mano y extenuado, colmara de imprecaciones a la libertad alcanzada:

- ¡Estúpida libertad! ¡Qué incómoda eres! ¡Me otorgas derecho a tenerlo todo, incapaz de garantizarme nada! ¿Para qué me sirves? Prefiero renunciar a mis anhelos y abrazar la esclavitud siempre que me den lo que requiero. Ya no importan los sueños. Sólo quiero dormir, cesar de luchar. Esperar. Sin hacer, sin mandar.

Mientras, muchas historias con raíces marinas intentan conquistar las cimas del mundo. Es que no hay héroes, a menos que surjan de la adversidad. Ni libertades que no hayan resultado de una fiera esclavitud. Ni ciudadanos, a menos que nazcan como reacción al despotismo. Ni demócratas, si no se incubaron en la discriminación.

Porque las generaciones grandes de la tierra, aquellas que más dieron a sus naciones, fueron curtidas en el horror, transformándose, por el ejercicio de su conciencia y perseverancia, en ciudadanos.

Y ya sabemos de herencias dilapidadas. Así que no es extraño que esos hombres sean distintos a estos, con los que convivo. Estos, no tienen motivación para luchar, sólo para destruir y dormir, sin hacer.

Estos, nunca se superarán.

Porque, sin haberlo conquistado, tienen el Tamá a sus pies.

@cgomezavila


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Comentarios (1)
Por Jose Humberto Bello Ovalles
21.11.2012
11:34 PM
Quienes tienen el TAMÁ a sus pies son los conformistas; quienes conscientes de su mediocridad cuidan un cargo, un status o un ingreso; aquellos que por siniestras dotes tienen en la anarquía su modo de subsistencia y superación. De esos está plagado mi país; 8,5 millones al menos. Bien lo dijo quien hoy es candidato en Miranda: "...yo no quiero el apoyo de los delincuentes...". La adversidad que hoy vivimos, el grupo del que creo formo parte, ha tenido dos alternativas: el éxodo (mayoritariamente jóvenes) y la mansedumbre de millones que aún aguantan en silencio por temor a listas Tascón, ley SAPO, exclusión, intimidación, etc.
 
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