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El petróleo, los gobiernos y la gente

ODOARDO LEÓN-PONTE |  EL UNIVERSAL
martes 20 de noviembre de 2012  12:00 AM
Los distintos gobiernos que hemos tenido han manejado el petróleo con diversas orientaciones. La bonanza comenzó con las concesiones de Pérez Jiménez cuando nos convertimos en primer exportador de petróleo. Después de ese período de dictadura comenzaron los dolores de las tendencias de izquierda manifestadas en posiciones variadas sobre el control de los recursos petroleros y la dialéctica sobre su propiedad. Se estatizó la industria y se la ha usado para promover distintos enfoques que en fin de cuentas terminaron en el caos que conocemos en carne propia.

Pérez Jiménez usó la bonanza para, enfáticamente, mejorar significativamente la infraestructura del país concentrando la acción en usar los ingresos para invertirlos en Venezuela, aunque no en mejorar las bases del Desarrollo Humano y promover su causa. Los gobiernos subsiguientes enfocaron su gestión más que nada hacia la educación y el mejoramiento de la calidad de vida, la sustitución de importaciones a todo costo para generar empleo y el uso del petróleo como elemento de la acción política. Con Carlos Andrés Pérez comenzó la grandiosidad del Estado y las ínfulas de convertir al país en un factor internacional imposible. Comenzó la inflación. Luego vinieron los altibajos de la alternabilidad política en función más de la conveniencia personal o institucional en función de los grupos y los partidos, que del verdadero progreso del país. Finalmente, se exacerbó la creencia de que Venezuela, por y con su petróleo, se podría convertir en una potencia mundial; todo con el consecuente perjuicio real al verdadero progreso del país, exacerbando también los niveles de pobreza y dependencia del país de la suerte de los precios del petróleo y el consecuente incremento en los niveles de dependencia del  país de las suertes ajenas. Petróleo y política en función electorera más no en función del progreso del país. En algunos casos como dictadura franca, en otros como mecanismo del logro del triunfo político con resultados positivos para la población, luego en función de grupos y partidos, para terminar con una extrema concentración de poder bajo el disfraz de democracia, en la búsqueda de la permanencia en el poder: el juego con la democracia y el poder por los políticos, con la palanca petrolera, dejando afuera a quienes deben ser, en todo caso, el objeto de la acción política: el pueblo, la gente; a todos sus niveles y estratos.

El Desarrollo Humano que tiene que ser el objeto de la gestión gubernamental se olvidó y se ha usado a la gente como instrumento con fines electorales y electoreros, dándole dádivas y haciéndole promesas incumplidas, en función de la búsqueda de una democracia o de un poder, sin que se hayan podido conjugar y balancear las necesidades de la gente, la política y la democracia, en un enfoque para todos, usando el petróleo en función del desarrollo humano de la gente.

Una vez que tengamos el desarrollo humano requerido, conjugando política, democracia y crecimiento en función de las necesidades de la gente y una economía en la que el petróleo, sujeto a sus vaivenes y los deseos del Gobierno o gobernante de turno,  no sea el único factor de posible crecimiento, podremos pensar en convertirnos en un país que por su probidad, su seriedad, su confiabilidad y su desarrollo humano pueda ganarse el respeto del mundo en el que convive.


odoardolp@gmail.com    

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Comentarios (4)
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1 |
Por José R Pirela
20.11.2012
2:39 PM
La orientación de la política petrolera ha sido errática, inconsistente e incongruente con el desarrollo de los ciudadanos por la sencilla razón de que el ciudadano no es un niño que debe ser amamantado, protegido de los peligros del entorno, y estar pendiente de sus necesidades básicas. Pensar que los políticos usen el petróleo para desarrollar el pueblo y no en beneficio de mantener la hegemonía del poder es una ingenuidad. Pensar que el político dará prioridad al petróleo en función social, desprendiéndose de la única fuente de riqueza en Venezuela, es una ingenuidad o una perversión. No se trata de desconfiar del político, se trata de que el humano con excesivo poder se corrompa y corrompa excesivamente. La gula se apodera de la conciencia humana cuando tiene a su alcance el motivo. No se trata de rechazar las dictaduras fuertes y aceptar las blandas, se trata de extirpar la causa de la atrofia que pone al Estado sobre la Sociedad.
 
Por José R Pirela
20.11.2012
2:39 PM
Nuestra organización política es perversa porque corrompe la política. Es injusta porque favorece el enriquecimiento de los políticos y el empobrecimiento del pueblo. Desnaturaliza la función del gobierno al convertirlo en comandante de todas las instituciones del Estado y en niñera del pueblo, en lugar de dedicarse a los servicios generales que facilitan la vida a los ciudadanos. El desarrollo social no se puede planificar, el tejido institucional del Estado sí debe ser planificado para abrir e incentivar oportunidades, económicas privadas y de servicios públicos. Es entre las instituciones públicas donde debe haber coordinación para distribuir la utilización de los recursos públicos, no con el control de la gestión privada porque así se abren las puertas a la hegemonía del poder del Estado sobre la Sociedad. La Iglesia no rechaza el aborto, lo condena para no dar licencia a una matazón masiva de vidas inocentes en sociedades primitivas y desorganizadas.
 
Por José R Pirela
20.11.2012
2:38 PM
Somos una sociedad atrofiada. Desde un principio la organización Sociedad-Estado lo ha estado. Siempre hemos pensado que al humano hay que gobernarlo desde el cielo. Pero a falta de cielo el gobierno lo puede hacer. Los izquierdosos rechazan al cielo porque piensan que ellos lo pueden materializar mejor. Y le niegan la propiedad al pueblo porque se creen más justos y capaces. El desarrollo humano no se puede gobernar. Es espontaneo; acorde a capacidades, oportunidades y tiempo. Por lo tanto no es el objeto de la gestión gubernamental. El desarrollo humano debe fraguarse en la propia gestión privada de los ciudadanos.
 
Por José R Pirela
20.11.2012
2:38 PM
Nunca se van a conjugar las políticas públicas con el desarrollo humano; con el económico privado de los ciudadanos; y con armonía democrática, mientras sigamos pensando en un punto de partida o en una transición de buena voluntad dirigida desde el gobierno. Eso debe ser producto de procesos continuos y espontáneos desde el propio seno de la gestión privada. En el origen de la república se pensó en esa conveniencia dado lo desbastada y primitiva de la nueva nación, pero que sigamos creyendo que debe ser así, y ahora con la discordia y la tentación del poder absoluto que otorga el petróleo al gobierno, es una locura.
 
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