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Juegos de guerra

FRANCISCO GÁMEZ ARCAYA |  EL UNIVERSAL
miércoles 14 de noviembre de 2012  12:00 AM
El sargento Juan Pablo Pérez bien podría estar en una plaza cualquiera exhibiendo su inútil pero disuasivo AK-47 para amedrentar a los conductores de la ciudad. Su uniforme de campaña y su sola presencia resuelven muchos problemas de la convivencia urbana. Pero la realidad del sargento es ahora muy distinta a aquella citadina función.

Ahora Pérez corre agachado entre las cortantes hojas del follaje de la selva. Del cuello le cuelga el mismo AK-47. Esta vez el fusil le sirve de salvoconducto para matar y así preservar su vida. Sus botas rebozadas de barro cubren los ampollados pies del sargento. El verde oliva de su uniforme ahora sirve de camuflaje. A su lado están algunos compañeros del cuartel. No han tenido tiempo para entablar amistad alguna. Pérez supone, sin embargo, que de caer herido, su vecino, el sargento Luis Hernández, no lo dejará desamparado.

A cada ráfaga de armas enemigas, Pérez estampa su cara en el barro del suelo. Es en ese momento en el que piensa en la voz de Lucía, su esposa. Y en el torpe caminar de María, su hijita de dos años. Y en el olor de Felipe, su bebé de seis meses. Cada momento de peligro que logra sortear es un salto de adrenalina, pero sobre todo de esperanza. No conoce el por qué de la guerra, pero está claro que su misión es permanecer vivo, para los suyos. En una explosión más cercana, su compañero Hernández cae herido. Pérez gira sobre sí mismo y corre en su auxilio. No hay nada que hacer. Hernández ha muerto instantáneamente, y su esposa, y su hija de quince años, pronto quedarán ahogadas en un llanto de dolor y de incertidumbre. Pérez continúa avanzando con la muerte cada vez más cercana. De pronto otra ráfaga y de nuevo al barro, y otra ráfaga, y otra. Pérez y sus compañeros, cada vez menos, vuelven a avanzar. De pronto, un proyectil le atraviesa la cara y Pérez dedica su último pensamiento a Dios. Alcanza pedirle por Lucía. Luego la sangre ahoga su mirada. Para su familia, una carta y quizá una medalla, quizá una pensión.

Así es la guerra. Tenemos la tendencia de hablar de ella en términos políticos, históricos, geográficos. En fin, en términos lejanos. Pero la guerra es el llanto, la muerte, la desesperanza. A pesar de eso, sus promotores destinan inmensas cantidades de dinero para el eventual combate, y ganan cuantiosas comisiones. Jamás reparan en Pérez, en Hernández, en las familias. En los últimos seis años, sin amenaza real de conflicto bélico, se dice que el gobierno socialista de Venezuela ha gastado más de dieciséis mil millones de dólares en armamento de guerra. Y nos recuerdan que la revolución no está desarmada y nos exhiben el poder militar en cada efeméride y politizan a la Fuerza Armada. ¿En contra de quién apuntarán? Juegan a la guerra con la ligereza propia de quien tiene asegurado el resguardo en caso de que la sangre llegue al río. Así es muy fácil hablar de la guerra.

@GamezArcaya


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Comentarios (4)
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1 |
Por José Joaquín Machado Santana
14.11.2012
1:22 PM
Las armas las compran porque hay comisiones abundantes para los compradores,éste expaís ha gastado grandes fortunas (Cientos de miles de millones de $) en fusiles,cañones,tanques de guerra,aviones de combate etc.etc.que NUNCA serán utilizados (espero)que diferencia hubiera sido si se hubiera invertido en construir hospitales,carreteras,viviendas, aviones de pasajeros modernos etc. invertir en agricultura.
 
Por Jose Ramon Barboza
14.11.2012
8:09 AM
Por esa irresponsable actitud, que podria parecer pueril, pero no hay nada mas serio que un juego infantil, es que el calificativo no aplica, porque le queda grande, es que las fuerzas armadas venezolanas (especificamente) deberian ser incorporadas a la lucha antiterrorista internacional y ocuparse ejecutando su labor profesional,asi el que abrase la carrera de las armas sino lo hace por vocacion al menos lo hara con conocimiento de causa, seria una forma de cumplir con el pensamiento del libertador " un soldado feliz no tiene derecho de dirigir los destinos de su patria" y no tendriamos esta cafila de trepadores oportunistas malos soldados por ineptos q ni siquiera un golpe de estado saben dar,pero que ahora son "gerentes" que es lo que en verdad pareciera que fue lo que siempre les gusto por vocacion, pero que tal vez la necesidad los llevo a la academia militar y el ocio a graduarse con tres y cuatro titulos para convertirlos en inexpertos gerentes.La guerra y la gerencia son serias
 
Por Eugenio Marcano
14.11.2012
8:01 AM
Francisco Gámez, ha descrito usted con total claridad lo que significa la guerra, tanto para el ser humano, quien en cumplimiento de sus deberes para con la patria, se vé obligado a participar sin saber sin saber muchas veces los intereses que en ellos se juegan, muchos de ellos personales y políticos; así como sus familias, también seres humanos que no le queda más que encomendarse a Dios. También deja asomar usted lo que significa para el gobierno; nada de humanidad sólo persuación en su intento personalísimo de mantenerse disfrutando de las mieles del poder.
 
Por jose otero
14.11.2012
5:39 AM
EXCLENTE,EXCELENTE COMENTARIO Y COMO DIJO EN UNA OCASION CHURCHILL. ENTRE LOS PAISES NO HAY AMIGOS LO QUE HAY SON INTERESES. POR QUE DENTRO DE ESTOS GASTOS MILLONARIOS HAY JUGOSAS COMISIONES.
 
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