Compartir

La falta de un tambor

"Perdida la esperanza de una competente indemnización, no hay quien sirva las Secretarías"

imageRotate
ELÍAS PINO ITURRIETA |  EL UNIVERSAL
domingo 11 de noviembre de 2012  12:00 AM
Las leyes recién promulgadas y las disposiciones del Gobierno no eran conocidas por la sociedad, inmediatamente después de la Independencia. El Estado nacional carecía de recursos para divulgar los valores liberales que lo guiaban, o para tratar de poner orden en situaciones de caos. Lo que se pensaba en Caracas en materia de gobierno, usualmente se quedaba en la capital por la falta de maneras capaces de facilitar su difusión. La inmensidad de la traba se puede calcular partiendo de un informe de 1841, que remite el gobernador de Barquisimeto al ministro del Interior.

El gobernador de Barquisimeto escribe a su superior: "Más de una vez ha sufrido la publicación de las leyes y decretos de la República. Esto proviene de la falta de un tambor que tenga el deber de asistir cuando se le llame; por no haber una cantidad señalada para su pago. En la Jefatura actualmente hay unas leyes y decretos que publicar. Estas permanecerán sin ello, si no se toma una medida eficaz. Cree la Jefatura que Usía es el que debe indicarla, y con ese motivo se dirige hoy. Y como no hay cantidad alguna señalada de las rentas municipales para este gasto, estando suprimida la plana mayor de esta Provincia, no se cuenta con auxilio alguno para aquel objeto. Se ha acordado someter el punto a la consideración del Gobierno, para que se sirva resolver lo conveniente".

La superioridad ocupa tiempo en el problema del tambor. En breve los habitantes de Barquisimeto se enterarán de la ley gracias al sonido de un redoblante. El ministro ordena el pago "a un muchacho que suene duro", de los 150 pesos asignados a la Diputación Provincial en una partida especial de 1840.

Acaso corran con peor suerte los funcionarios de Barinitas en 1849, pues no aparece constancia de que el ministro respondiese con la misma eficacia una solicitud idéntica. "La falta de tambor, y conste que hacemos referencia al instrumento y a la persona que lo toca, ha impedido la publicación de las leyes desde el pasado año, pidiendo por eso a U. los recursos", suplican sin obtener contestación.

Desde Barcelona también se notifica el mismo entuerto de la falta de ruidos, o de las maneras diversas de producirlos para llamar la atención de la naciente ciudadanía, pues se duele el jefe político de que no puede divulgar las leyes por un motivo digno de atención: "Como el pregonero se ha puesto mudo desde el año pasado, hay que tirar un cohete para que la gente atienda, pero esto no parece salida prudente".

Estos casos que pudieran parecer pintorescos, reflejan el problema mayor de la falta de elementos materiales para la dotación de las oficinas y la carencia de normas a través de las cuales se llenaran los vacíos en las regiones. De 1832 datan las primeras referencias al problema de la inexistencia de partidas para pagar empleados imprescindibles, un rompecabezas que no encontraba soldadura en 1853, ya trasegado el camino de la república, si nos atenemos a un elocuente oficio redactado por el jefe político del cantón Santa Lucía. Leamos: "Hasta ahora había podido conseguir que no se interrumpiese la administración de justicia por esfuerzos del todo personales; pero ya todos mis recursos han terminado, y hoy se encuentra el trabajo de la parroquia sin Secretario que autorice sus procedimientos, ni alguacil con quien comunicarlos. Extraña parecería esta narración, si esa Jefatura y la República entera ignorasen acaso que la Ley Orgánica de Tribunales no han señalado sueldo alguno para los secretarios de los Juzgados parroquiales, ni menos asignándoles alguaciles que faciliten y ejecuten sus operaciones legales; mas esta circunstancia es un hecho patentizado que está en el conocimiento de todos y que releva de toda sorpresa. Así es que lo que hay de singular es que antes de ahora no hayan ocurrido estas y otras novedades de igual naturaleza. Perdida la esperanza de una competente indemnización, no hay quien sirva las Secretarías".

Pero el problema no afligía solamente a los rincones apartados de la capital. El propio Congreso Constituyente de 1830 no podía recoger el detalle fidedigno de las actas por la ausencia de amanuenses capacitados. La asamblea, pese a su trascendencia, apenas contaba con un taquígrafo y con un escribiente, según informó ante los quejosos el diputado Alejo Fortique. "Olvídense de las actas, respetados colegas, porque no tengo gente que las escriba y las duplique; pidan recursos y traigan pluma diligente, y después hablamos", sentenció don Alejo para presionar a las autoridades.

Usualmente nadie pondera la existencia de trabas como las que se han descrito, pero no son detalles triviales. Cuando brotan de los rincones de la memoria, nos informan sobre asuntos de indiscutible interés en los cuales nadie ha reparado por su aparente insignificancia. Pero, sin la consideración de tales inconvenientes no se puede calcular el esfuerzo de los antecesores en la fábrica de la sociabilidad republicana. En la actualidad se han superado esos escollos, por fortuna, debido a la existencia de oficinas y servicios públicos dotados con una burocracia eficiente cuyo trabajo es respaldado por presupuestos bien dotados y pensados. Nadie puede imaginar ahora unas interferencias que parecen risibles, pero que explican muchos de los problemas del pasado. En especial porque, en casos de necesidad, hoy la bulla metálica de la diana puede sustituir la falta de un tambor.

eliaspinoitu@hotmail.com



Más artículos de esta firma

Compartir
¡Participa!

Envíanos tus comentarios
Para escribir tus comentarios en las notas, necesitas ser usuario registrado
de EL UNIVERSAL. Si no lo eres, Regístrate aquí
correo (obligatorio)
clave (obligatorio)
Ingresar
El Universal respeta y defiende el derecho a la libre expresión, pero también vela por el respeto a la legalidad y a los participantes en este foro. Invitamos a nuestros usuarios a mantener un contenido y vocabulario adecuado y apegado a las leyes.
El Universal no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios aquí publicados son responsabilidad de quién los escribe.
El Universal no permite la publicación de mensajes anónimos o bajo seudónimos.
El Universal se reserva el derecho de editar los textos y de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje no apropiado y/o que vaya en contra de las leyes venezolanas.
Comentarios (1)
Por Sergio Serrano
11.11.2012
3:11 AM
A partir de las escuetas líneas escritas por aquellos funcionarios y autoridades se siente la seriedad con que atendían a sus obligaciones, la preocupación sincera por las deficiencias, el gran aprecio por los recursos deseados por el bien de la República. Son las pequeñas historias de un país con la que se va perfilando y escribiendo la grande. Unos venezolanos que tanto así valoraban la oportuna difusión de las leyes republicanas debieron ser también venezolanos que velaban por su cumplimiento. La abundancia agobiante de tambores de la más alta tecnología en la actualidad empeñados en la tergiversación de los hechos y la propaganda política ajena a la salud de la república crea el efecto contrario: la confusión absoluta, la falta de atención y confianza en la palabra oficial que es apenas la segura promesa de la continuidad de una realidad escalofriante.
 
ESPACIO PUBLICITARIO
ESPACIO PUBLICITARIO
fotter clasificados.eluniversal.com Estampas
Alianzas
fotter clasificados.eluniversal.com Estampas
cerrar