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Puedes volar como las águilas

OSWALDO PULGAR PÉREZ |  EL UNIVERSAL
jueves 8 de noviembre de 2012  12:00 AM
Me regalaron un libro que lleva este título. Su autor Leo Trese, me captó enseguida la atención por su optimismo cuando los medios de comunicación gastan montañas de papel mostrándonos solo el lado ingrato de la vida. Esto es un oxigenante.

Dice que probablemente estemos acostumbrados a pensar que somos un "católico medio". Vas a misa el domingo, colaboras con la parroquia, recibes la comunión cada semana. Lees de vez en cuando libros de religión, etc. Se podría decir que podrías aprobar un examen no muy exigente acerca de la santidad.

En algunos ambientes podrían felicitarte por tu catolicidad. Pero eres lo suficientemente inteligente para enorgullecerte por eso. Sabes demasiado bien que no has logrado eso con tu propio esfuerzo y estás muy agradecido porque al participar en la vida de Dios posees un regalo ante el cual, -por comparación- todos los demás desaparecen por su insignificancia.

Una buena salud, un buen trabajo, unos buenos amigos, un talento sobresaliente, dinero, éxitos. Si tienes algo de esto tienes una pequeña compensación, Pero si no tienes nada de esto, aun mides dos metros de alto, eres un gigante ante los pigmeos que no están en gracia. Los diablos te envidian con odio y los ángeles se inclinan ante ti cuando pasas.

Además te sientes seguro. Sabes que ningún poder en el infierno o en la tierra puede romper esa unión íntima tuya con Dios, a no ser que tú mismo tomes la decisión de cortarla. Sabes que Dios te ama y te quiere llevar al cielo y no dejará que te escapes fácilmente. Se vuelca contigo hasta el punto de casi agobiarte con sus atenciones.

Sigue tus pisadas día tras día, tratando de ayudarte a superar los momentos peligrosos. Sabes que no existe el pecado "por accidente". Sabes que no se puede pecar "porque no tuve más remedio" desde el momento en que la más libre elección forma parte de la esencia más íntima del pecado. Sabes que, mientras trates honradamente de portarte bien, Dios acabará quitándote la flojera.

También es verdad que si querrías podrías ser mejor de lo que eres. En algunos momentos sientes que estás haciendo muy poco por Dios. De eso estás convencido. De lo que no estás convencido es que puedas resignarte a ser mediocre.

Si rechazas la posibilidad de ser santo, significa que has olvidado dos hechos básicos que conciernen a la santidad: primero, que el crecimiento espiritual es obra de Dios, obra de su gracia. Estás equivocado si piensas que la santidad es una búsqueda sin esperanza. Cada santo es un milagro del poder creativo de Dios. Cuando Benedicto XVI estuvo en Inglaterra les dijo a los jóvenes que entre ellos deberían estar los santos del siglo XXI. Y los animaba a buscar esa santidad:

"Queridos jóvenes: la Iglesia necesita auténticos testigos para la nueva evangelización: hombres y mujeres cuya vida haya sido transformada por el encuentro con Jesús. Hombres y mujeres capaces de comunicar esta experiencia a los demás. La Iglesia  necesita santos. Todos estamos llamados a la santidad y solo los santos pueden renovar la humanidad".

Hoy no se les habla a los jóvenes de ideales: profesionales, familiares, sociales. O se les presentan unos ideales conformes que se limitan a vivir bien. Continúa Benedicto XVI: "Lo que Dios desea más de cada uno de vosotros es que seáis santos. Él os ama mucho más de lo que podrías imaginar y quiere lo mejor para vosotros, y sin duda, lo mejor para vosotros es que crezcáis en santidad".

opulgarprez6@gmail.com

@opulgar


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