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Desde Manhattan, después del huracán...

ORLANDO VIERA-BLANCO |  EL UNIVERSAL
viernes 2 de noviembre de 2012  12:00 AM
Son las 3 a.m. en Midtown Manhattan.  La ciudad que nunca duerme, dejó de hacerlo una vez más, no a causa de sus luminosas alambras de Broadway, no por las extravagancias de Astor Square o la potencia del buen gourmet y del buen pub de Soho, que derrota toda nocturnidad. NY está bajo el azote del huracán Sandy...

Asomado desde una ventana de un departamento en la calle 28 al lado del Madison Square Garden y con vista al Empire State, observo un espectáculo taciturno y desolador. Las calles de la ciudad de hierro están vacías, llueve a rabiar y el viento golpea tanto el cemento, como el miedo de la gente. Por primera vez le di un mínimo de crédito a esas "tempestades" que anuncian el fin del mundo, la llegada del Apocalipsis.

A esta hora en NY, 3:15 am, las noticias muestran una realidad más dramática que la que puedo sentir desde un computador. New Jersey sucumbe entre inundaciones, vientos de 85 mph, frío y fuego. Más de seis millones de personas han quedado sin electricidad y se calculan daños por 100 billones de dólares. ¿Cuánto más puede castigar la naturaleza a una comunidad?  Aunque estoy en un área segura, el temor a lo inesperado y al poder de lo incontrolable, se apodera de uno. No me puedo imaginar cuánto sufrimiento y terror cae sobre la humanidad de aquellos que ahora ven arder sus casas, en medio de oleadas que tapian las calles y vientos que destrozan sus techos. La península sur-este de NY se encuentra bajo agua, fuego y arena, y mucha gente que se negó a evacuar, ahora trata desesperadamente de salir del sitio. Las sirenas de ambulancias y comandos de bomberos no cesan, y su angustiante silbido se mezcla con el chifle de la tormenta, el apaleo de metales, el traqueo de las ventanas y el sacudón de los árboles, que caen vencidos por la ventisca golpeando vehículos, ornamentos y bloqueando accesos.

3:30a.m. Decido dar un paso temerario. Controlando mis propios miedos y levemente advertido que midtown y uptown Manhattan resisten el vendaval con relativa seguridad, me aventuro a salir de la ciudad. Tomando ventaja del "ojo del huracán" que concede una calma relancina, salgo rumbo norte a buscar un amigo en Columbia University.  Me dice que la cosa por allá no luce tan seria, a pesar que en el Queen (más al este), varias casas han sucumbido...Tomo mi vehículo (lo cual asumo como un torpe rescate), subo por la octava avenida rumbo a Central Park -en medio de ráfagas de viento, agua y hojarascas- y llego a Columbus Circule. Impresiona el ambiente de sumisión de la urbe de acero, luz y metal, abatida por la soledad, la niebla y la naturaleza, cuyo poder que uno asimila es superior a cualquier rascacielos.

Repentinamente me pierdo. La desazón, por no decir otra cosa, se apodera de mí.  Me cuestiono. ¡Qué hago yo aquí! ¡Para qué vine! ¿Por qué no me quedé en casa?  Contumacia e imprudencia del ser humano, que pagamos con sustos, y de pronto, con mucho más... Pero nada. Trato de resolver. Sigo el consejo de mamá. Cuando estés perdido, ¡pregunta! Pero, ¿a quién, cómo, dónde? La ciudad está hecha un pandemónium y hasta preso puedo terminar por desobedecer una orden de no salir... Decido irme rumbo a la 12 Av. Al margen del río Hudson, pero me vienen a la cabeza imágenes donde grandes marejadas hunden Manhattan (¡!). Me devuelvo y me voy camino a la 5 Av. para enlazar con Madison.  La tormenta arrecia. Veo poco. Lo que me angustia es que suba el nivel de agua en la calle. Pero los desniveles de la ruta ayudan...

Finalmente llego a nivel de Harlem. Nunca había agradecido tanto estar en Harlem, porque amén de su histórica y superada peligrosidad, de pronto me sentí en un sitio donde podría tocar la puerta de cualquiera, para pedir auxilio, así tenga que pedírselo al mismísimo rey del hip hop, recién  salido del correccional de Attica... Paso por el costado norte de Central Park. Una visual tenebrosa, lúgubre,  umbrosa se impone a lo largo del parque.  Llego a la 124 calle, mi  penúltimo destino, Columbia... Apago el vehículo. Medito. En media hora viví toda una eternidad. Pienso en mis hijos y en mi esposa; me alegro de que estén a salvo, pero también pienso en los millones de personas que lo perdieron todo, incluso algunos, la vida.  Pienso qué vulnerables somos al destino y cómo una simple ráfaga de viento puede terminarlo todo, en minutos.

Con la salida del Sol salí rumbo a Canadá. Atrás dejé a Manhattan, con su tragedia, sus advenimientos, fortalezas y debilidades.  Pero también dejé una rara experiencia en la cual sentí, nada es tan importante ni tan preciado, como la tranquilidad del espíritu y la seguridad de los nuestros. El resto es material, casi inexistente en cierto modo... En la ruta pensé en Venezuela, porque algo atribula mi espíritu y no era NY. Es la frustración que siento por estar fuera de mi país en circunstancias que más nos necesita (a todos), y en los momentos más productivos de nuestras vidas, sacrificando tantas cosas, por garantizar la vida y el porvenir de nuestros hijos.  Tampoco me siento realmente feliz. Duele ver cómo Venezuela se hunde, se cae a pedazos y sus hijos mueren, y no precisamente por obra de la madre naturaleza, sino  por un accidente histórico, injusto e inmerecido. Y me siento que poco hago, poco arriesgo, poco sacrifico. Una angustia latente pase en mi alma, por no estar al frente de una lucha que tenemos que dar... Una angustia y ansiedad superior,  a la que sufrí en NY, durante y después del huracán... pero que nos hará regresar y sobre todo, luchar y triunfar.

Porque como diría mi hija, no hay tempestad ni voluntad que pueda con la venezolanidad. Las pesadillas se acaban. Los ciclones pasan y se deshacen... por lo que las tiranías también, como desastres del ser humano, se disuelven y se acaban. Nuestra tragedia, no será la excepción.

vierablanco@gmail.com

@ovierablanco


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Comentarios (9)
páginas:
1 |
Por Lorena Salcedo
02.11.2012
2:10 PM
Mi lema favorito, el que me eleva el espiritu cuando me encuentro ante un problema que persiste y se me hace interminable. "Todo pasa". Ruego a Dios que la desgracia de revolucion humillante que esta viviendo venezuela y su lider pasen pronto "
 
Por Marie González
02.11.2012
1:04 PM
AMEN! Que nuestras oraciones contra la desastrosa tormenta chavista sean escuchadas!! y que la gente del pueblo que los sigue abra sus ojos. Pobre Venezuela! la peor tragedia que hemos vivido en nuestra história ha sido este caudillo-golpista-dictador. La justicia Divina tarda, pero es segura! ALgún día seremos merecedores de tener una persona honesta, inteligente, y culta, como presidente como Henrique Capriles Radonski!! Hay un camino!
 
Por Miguel Montaño
02.11.2012
12:32 PM
Igual pasan las tormentas tropicales por Venezuela de vez en cuando. ¿Recuerdan a "Bret" en 1993? Tumbó árboles y nosotros chamitos de campamento escultista en los Altos Mirandinos con ese ventarrón.
 
Por luis chacon
02.11.2012
11:31 AM
muy buen articulo. desde afuera se puede hacer mucho por venezuela y el mundo, asi que mucho animooo
 
Por fernando delpino
02.11.2012
11:24 AM
Oolando VIERA BLANCO, Mi RESPETO Y ADMIRACION por su EXCELENTE nota en una columna sin desperdicio.- Sus dos ultimos parrafos, para reflexionar, para orar y para insistir con la pregunta,sin quedarnos en ella, QUE NOS PASO VENEZUELA ? Si humildemente y con la Gracia de Dios lo teniamos todo.- El "SANDY" de odio, mediocridad y resentimiento, mas temprano que tarde se alejara de nuestras tierras para el bienestar de nuestra Patria.- Insistamos por los espacion perdidos por esta miserable "TORMENTA DE CORRUPTOS REVOLUCIONARIOS DE PACOTILLA ".-
 
Por Marycarmen Reinoso M.
02.11.2012
11:17 AM
Esta no es una tormenta esta es una pava ciriaca con plaga egipcia incluido el faraón!
 
Por jose eladio rodriguez henriquez
02.11.2012
10:30 AM
Muy emotivo Sr. Orlando... En Nueva York La tormenta fue mas corta y al igual que aqui uno tiene la esperanza de que la calma vuelva... Y como la Cancion de Ruben Blades y Willie Colon: "Y Dios premiara a los que no vendieron sus almas"... A todos los Venezolanos que la "Tormenta" alejo los estamos esperando para reencontrarnos y trabajar duro por la Reconstruccion de Nuestra VENEZUELA.
 
Por gaetano pancaldi
02.11.2012
10:20 AM
Guadalupe, despues del huracan viene la calma, pero por ahora, todavia faltan, al menos, seis anos mas de huracan destructor. Cuando venga la calma, si es que quedamos vivos, se tendra que recostruir desde las cenizas. Entre traiciones e inconciencia y miedo.
 
Por GUADALUPE MORAN FERNANDEZ
02.11.2012
3:25 AM
Orlando, llor y pens...LA NATURALEZA,gran reflexin despus de la tempestad...????? qu vendr para nuestra Venezuela.Hemos vivido 14 años de HURACAN .
 
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