Todopoderosa
LULI DELGADO
| EL UNIVERSAL
sábado 27 de octubre de 2012 12:00 AM
Reclamamos cada vez que tenemos chance de nuestra frágil condición humana, pero de lo que no nos damos cuenta es de las miles de maneras que cada día acabamos siendo todopoderosos y, con nuestras ínfulas divinas, dueños absolutos de muchísimos destinos.
Por ejemplo, yo le rijo el destino al kilo de azúcar que agarro del estante del supermercado. Está allí, indefenso, a la espera de su futuro y de repente llego y sin más le signo su suerte, cuando lo escojo para que venga a mi casa y no a la de la señora que viene en el carrito de atrás.
O cuando me compro un par de zapatos. En ese instante, todopoderosa, dictamino para siempre las pisadas que ha de hacer y los caminos que ha de transitar.
Si quiero que haya luz, pues aprieto el interruptor y hago el milagro. O abro la llave para soltar el agua presa y a la espera de su libertad.
A veces, arreglando el jardín, se me ocurre que soy la dueña del destino de cada una de las plantas. Las puedo arrancar y decretar su destrucción, o en cambio regarlas, cambiarlas de lugar, y salvarles la vida con el abono que tan ansiosas esperan para sobrevivir.
Dueña del destino de los fósforos, abro la caja y selecciono uno, solo uno entre todos, que es al que le asigno la misión de prender la hornilla del café. La cafetera, por su parte, aguarda en silencio el futuro que nadie sino yo le asigna, mientras las frutas supongo que se preguntan ¿para qué habrán venido a parar a mi casa: para volverse jugo, para que las visiten los mosquitos, o para postre? Cómo saberlo, si ni siquiera escogieron el destino de la frutera de mi cocina.
Todas las mañanas abro el armario y escojo a dedo la ropa que me voy a poner, sin que al resto le quepa el derecho a opinar o de, voluntaria y decidida, dar un paso al frente.
Están allí, cada una en su gancho por mi única y exclusiva voluntad, hasta el día que, cansada de nuestra historia en común, las destierre un sábado de buenos propósitos de limpieza general.
Todopoderosa, aprieto los números que quiero para lograr la comunicación que necesito y al teléfono solo le resta quedarse quietecito hasta que le determine qué es lo que va a hacer o con quién quiero hablar.
Y así se me ocurren ejemplos infinitos. Los clips no saben qué páginas van a pisar, ni mi dinero en qué lo voy a gastar, o cuál de mis libros va a ser el escogido, o cuántos sueños más van a compartir conmigo mis sábanas, o adónde va mi carro, o quién cantará hoy en mi CD, o qué color le voy a poner a mis uñas. Todopoderosa, soy yo quien decide cuál va y cuál es su destino.
Con misericordia divina rescato del destierro a un botón que me encontré en la acera. Salvo de los fuegos eternos del olvido a mi pulserita rosada, que ni me acordaba que existía. Y comprensiva, le doy una segunda oportunidad al frasco vacío de mermelada. Vamos y venimos haciéndole y deshaciéndole la historia a tantas cosas que no tiene ni caso hacer la lista.
Desde que me di cuenta de esto un día en el parque, cada vez me meto más a lo hondo y sigo alimentando la lista, que además de hacerme más todopoderosa todavía, me resulta muy divertida y me ayuda a sobrellevar mis inevitables espacios de tedio. Ha llegado a un punto en que, más loco aún, en plena cola del banco, me pregunto si a mis zapatos les gustará ser míos o si cada uno de los fósforos sintieron en su incendio una suerte de consagración, o si la camisa que cargo puesta se siente orgullosa de mí, o si por último, estas letras no están que se mueren de vergüenza de tener que prestarse a mis disparates.
delgado.luli@gmail.com
Por ejemplo, yo le rijo el destino al kilo de azúcar que agarro del estante del supermercado. Está allí, indefenso, a la espera de su futuro y de repente llego y sin más le signo su suerte, cuando lo escojo para que venga a mi casa y no a la de la señora que viene en el carrito de atrás.
O cuando me compro un par de zapatos. En ese instante, todopoderosa, dictamino para siempre las pisadas que ha de hacer y los caminos que ha de transitar.
Si quiero que haya luz, pues aprieto el interruptor y hago el milagro. O abro la llave para soltar el agua presa y a la espera de su libertad.
A veces, arreglando el jardín, se me ocurre que soy la dueña del destino de cada una de las plantas. Las puedo arrancar y decretar su destrucción, o en cambio regarlas, cambiarlas de lugar, y salvarles la vida con el abono que tan ansiosas esperan para sobrevivir.
Dueña del destino de los fósforos, abro la caja y selecciono uno, solo uno entre todos, que es al que le asigno la misión de prender la hornilla del café. La cafetera, por su parte, aguarda en silencio el futuro que nadie sino yo le asigna, mientras las frutas supongo que se preguntan ¿para qué habrán venido a parar a mi casa: para volverse jugo, para que las visiten los mosquitos, o para postre? Cómo saberlo, si ni siquiera escogieron el destino de la frutera de mi cocina.
Todas las mañanas abro el armario y escojo a dedo la ropa que me voy a poner, sin que al resto le quepa el derecho a opinar o de, voluntaria y decidida, dar un paso al frente.
Están allí, cada una en su gancho por mi única y exclusiva voluntad, hasta el día que, cansada de nuestra historia en común, las destierre un sábado de buenos propósitos de limpieza general.
Todopoderosa, aprieto los números que quiero para lograr la comunicación que necesito y al teléfono solo le resta quedarse quietecito hasta que le determine qué es lo que va a hacer o con quién quiero hablar.
Y así se me ocurren ejemplos infinitos. Los clips no saben qué páginas van a pisar, ni mi dinero en qué lo voy a gastar, o cuál de mis libros va a ser el escogido, o cuántos sueños más van a compartir conmigo mis sábanas, o adónde va mi carro, o quién cantará hoy en mi CD, o qué color le voy a poner a mis uñas. Todopoderosa, soy yo quien decide cuál va y cuál es su destino.
Con misericordia divina rescato del destierro a un botón que me encontré en la acera. Salvo de los fuegos eternos del olvido a mi pulserita rosada, que ni me acordaba que existía. Y comprensiva, le doy una segunda oportunidad al frasco vacío de mermelada. Vamos y venimos haciéndole y deshaciéndole la historia a tantas cosas que no tiene ni caso hacer la lista.
Desde que me di cuenta de esto un día en el parque, cada vez me meto más a lo hondo y sigo alimentando la lista, que además de hacerme más todopoderosa todavía, me resulta muy divertida y me ayuda a sobrellevar mis inevitables espacios de tedio. Ha llegado a un punto en que, más loco aún, en plena cola del banco, me pregunto si a mis zapatos les gustará ser míos o si cada uno de los fósforos sintieron en su incendio una suerte de consagración, o si la camisa que cargo puesta se siente orgullosa de mí, o si por último, estas letras no están que se mueren de vergüenza de tener que prestarse a mis disparates.
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Comentarios (8)
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Por antonio ocque
27.10.2012
5:34 PM
Tengo 40 años dedicados a la educación, los cuales me han enseñado a ser respetuoso con la opinión de los demás; y, en particular, con la de la Sra (o Srta) Ivette Gil y la de todos los que tienen a bien verter la suya propia por este medio. De la misma manera espero se respete la mía; razón por la cual no veo por qué hube de ser aludido en una de ellas. Simplemente leí con fruición (en su acepción del DRAE de complacencia y goce) el artículo y como pertenezco a la generación de los que creen que los que escriben en los medios son orientadores y formadores de opinión, me pareció a mi (es mi opinión) que al final faltó algo que yo me quedé esperando y no apareció; lo cual no quiere decir que eso sea una verdad incuestionable, apenas es MI verdad que me atreví a expresarla en público
Por JOSE LABASTIDAS HERNANDEZ
27.10.2012
3:48 PM
EL UNICO TODOPODEROSOS QUE SE REQUIERE ADORAR Y QUE ES DUEÑO DE TODO Y DE TODOS ES NUESTRO DIOS QUE SE MERECE TODA LA GLORIA...NINGUN SER HUMANO O GOBIERNO Y DOMINACION HEGEMONICA IMPERIAL POR MAS PODER QUE TENGA PODRA CAMBIAR EL DESTINO DE LA HUMANIDAD Y LA TIERRA SIN QUE NUSTRO PADRE CEELSTIAL LO APRUEBE....
Por Ivette Gil
27.10.2012
2:55 PM
Excelente, uno de los mejores articulos que he leido ultimamente aqui. Y si sigues con esa linea de meditacion te lleva a enfrentarte cara a cara con la idiotez de los prejuicios y te das cuenta que lo que llamamos vida es un guion abusrdo hilvanado desde hace tiempo por nuestros ancestros para hacernos creer que deverdad vivimos una vida de sumision. Menos mal que no cometiste el error que justamente propone Antoni Ocque, que hayas sacado tu conclusion y la hayas puesto aqui, que cada quien disfrute estas lineas y sace las suyas propias.
Por Linda D´Ambrosio
27.10.2012
10:37 AM
Extraordinaria reflexión para no subestimar jamás nuestros poderes, y para tomar conciencia de la responsabilidad que tenemos ante las consecuencias del más ínfimo de nuestros actos. Bellísimo texto. Y usted sí que es definitivamente todopoderosa, señora Delgado!
Por Aura Galea
27.10.2012
10:18 AM
Geníal¡¡ A veces me ha pasado la mismo, cuando tomo un a papá del supermercado, me imagino que ella dice "Al fin te diste cuenta que estoy aquí" Es pasar a un mundo mágico que hace falta en este acontecer tan agitado, sublime, muy bueno ¡
Por José R Pirela
27.10.2012
10:05 AM
También se siente todopoderosa en el momento de decidir el futuro del agua que se toma, pero si está contaminada o no depende de la confianza en la responsabilidad de los funcionarios públicos que se la dispensan. Cuando va al banco a buscar sus $ y le dicen que necesita del permiso del dictador. Al buscar su Kg de azúcar y le dicen que hoy no hay, quizá mañana llegue. Al regresar de la calle y preguntar quién falta. Al quedarse sin automóvil porque usted no puede arreglar las calles. Al
Por antonio ocque
27.10.2012
8:06 AM
Todo eso está muy bien, TODOPODEROSA, pero......y?. Adonde quiere llegar,. pareció como que falta una conclusión en su reflexión. De otra manera no está ayudando a formar opinión pública que se supone es el objetivo de estos escritos
Por Sergio Serrano
27.10.2012
1:39 AM
Deliciosa poesía en prosa. Para leer y releer sin moderación. Mirar, observar detenidamente y razonar. Hay tanta vida y tanta historia, y tanto destino y futuro en cada objeto. Y luego, si aplicásemos esta iniciativa a cada persona en nuestro camino pasado, presente y futuro... ¡Qué distintos seríamos y las haríamos!
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