Seguridad, inversión y cohesión social
RICARDO GIL OTAIZA
| EL UNIVERSAL
viernes 26 de octubre de 2012 12:00 AM
Desde el recordado 9 de abril de 1948, cuando asesinaron al líder político Jorge Eliécer Gaitán, en una céntrica calle de Bogotá (que llamaron El bogotazo), se desató en Colombia una violencia sin precedentes en su historia republicana, y en la de América Latina. Es más, algunos estudiosos del tema han señalado aquella fecha como el inicio de una cruenta guerra civil, que representó para el hermano país durante largas décadas ingentes pérdidas humanas y materiales. Como si aquello no hubiese sido suficiente para allanar el camino a una deseada reconciliación nacional, entra al escenario la actividad terrorista de grupos armados de izquierda, que como las FARC, el ELN y el EPL, entre otros, hundieron a aquella nación en un mar de sangre y de dolor. Aunándose a todo ello la actividad de la denominada narcoguerrilla, que muy pronto se convertiría en uno de los más importantes quebraderos de cabeza de las autoridades colombianas y del continente, que con sus tentáculos logró penetrar, no sólo a los ya existentes grupos terroristas, sino a la institucionalidad en sus más profundos intersticios, hasta el peligroso punto de llegar a hablarse de Colombia como un "Estado fallido".
Como epílogo de toda aquella terrible situación, que aún hoy causa horror en los sobrevivientes, nos llega de la mano de uno de los más importantes protagonistas de la historia política reciente de Colombia, Álvaro Uribe Vélez, expresidente de esa nación, el libro titulado No hay causa perdida (Celebra, 2012), en el que a manera de biografía política nos relata paso a paso la historia de la tragedia colombiana, y nos pone en antecedentes de un contexto político, económico, educativo y social tal vez desconocido (o ignorado; qué más da) por muchos de los lectores.
Con lenguaje diáfano (y elegante) discurre la "historia", y con la ayuda de las técnicas propias de la novela (suspenso, nudos y desenlace), vamos conociendo los intríngulis de un denso entramado de perversión, que se va apoderando de la vida de Colombia hasta ponerla rodilla en tierra frente a sus propias circunstancias políticas. El terror y la muerte ya no pueden ser controlados por un Estado débil, inerme; si se quiere ajeno a la complejidad de una tragedia que sobrepasa con creces su arcaica acción defensiva. Por otra parte, el miedo anclado en el corazón de las personas (incluyendo a sus dirigentes y líderes) se erige en el acicate de la actividad delictiva, que se apodera de los hilos de la vida de la nación y se hace protagonista: centro del interés de todos.
Entrelaza Uribe Vélez en su libro la vida familiar (y sus pormenores: gustos culinarios, tradiciones, manías, lecturas, personajes favoritos, alegrías, desencantos, atentados sufridos a lo largo de su carrera política), con los sucesos de la nación, sobresaliendo como ha de suponerse la pérdida sufrida con el asesinato de Alberto Uribe Sierra, su padre, el 14 de junio de 1983, a manos de los extremistas del denominado Frente 36 de las FARC. En sus páginas desfilan diversos personajes que de alguna manera se convierten en los pequeños (y grandes) protagonistas de su historia: padres, esposa, amigos, hijos, miembros de las Fuerzas Armadas, confidentes y colaboradores conforman toda una extraordinaria red sinérgica, que posibilita después de un gran esfuerzo estratégico ir ganándole la batalla al crimen organizado.
No hay causa perdida es una extraordinaria pieza a medio camino entre la narrativa y el ensayo, que nos permite conocer, no sólo la historia contemporánea de Colombia, desde fuentes fidedignas y en boca de sus protagonistas (génesis y desarrollo), sino también constituye una pieza de incalculable valor estratégico para el rescate con verdadera pasión republicana de un país hasta hace pocos años hundido en el tenebroso mundo del terrorismo y el narcotráfico, y que hoy abre sus alas de un crecimiento económico y social reconocido como un verdadero milagro en América Latina.
Es Álvaro Uribe Vélez, no sólo el artífice de este extraordinario libro, rebosante de valor y amor por sus conciudadanos, sino quien lideró en los ocho años de ejercicio de la presidencia de la república de Colombia (2002-2010), una tríada que le cambió el rostro a su atormentada nación: "Seguridad, inversión y cohesión social". Sobran las razones para admirar a este colombiano, a este estadista, quien salvó a su país del ostracismo; a este inquieto político ganado al estudio y a la introspección, que hoy nos entrega unas páginas para ser leídas con verdadero disfrute (no exento de dolor) y para ser seguidas (¿y por qué no, imitadas?) en el camino hacia la conquista de mayores cimas personales y sociales.
rigilo99@hotmail.com
@GilOtaiza
Como epílogo de toda aquella terrible situación, que aún hoy causa horror en los sobrevivientes, nos llega de la mano de uno de los más importantes protagonistas de la historia política reciente de Colombia, Álvaro Uribe Vélez, expresidente de esa nación, el libro titulado No hay causa perdida (Celebra, 2012), en el que a manera de biografía política nos relata paso a paso la historia de la tragedia colombiana, y nos pone en antecedentes de un contexto político, económico, educativo y social tal vez desconocido (o ignorado; qué más da) por muchos de los lectores.
Con lenguaje diáfano (y elegante) discurre la "historia", y con la ayuda de las técnicas propias de la novela (suspenso, nudos y desenlace), vamos conociendo los intríngulis de un denso entramado de perversión, que se va apoderando de la vida de Colombia hasta ponerla rodilla en tierra frente a sus propias circunstancias políticas. El terror y la muerte ya no pueden ser controlados por un Estado débil, inerme; si se quiere ajeno a la complejidad de una tragedia que sobrepasa con creces su arcaica acción defensiva. Por otra parte, el miedo anclado en el corazón de las personas (incluyendo a sus dirigentes y líderes) se erige en el acicate de la actividad delictiva, que se apodera de los hilos de la vida de la nación y se hace protagonista: centro del interés de todos.
Entrelaza Uribe Vélez en su libro la vida familiar (y sus pormenores: gustos culinarios, tradiciones, manías, lecturas, personajes favoritos, alegrías, desencantos, atentados sufridos a lo largo de su carrera política), con los sucesos de la nación, sobresaliendo como ha de suponerse la pérdida sufrida con el asesinato de Alberto Uribe Sierra, su padre, el 14 de junio de 1983, a manos de los extremistas del denominado Frente 36 de las FARC. En sus páginas desfilan diversos personajes que de alguna manera se convierten en los pequeños (y grandes) protagonistas de su historia: padres, esposa, amigos, hijos, miembros de las Fuerzas Armadas, confidentes y colaboradores conforman toda una extraordinaria red sinérgica, que posibilita después de un gran esfuerzo estratégico ir ganándole la batalla al crimen organizado.
No hay causa perdida es una extraordinaria pieza a medio camino entre la narrativa y el ensayo, que nos permite conocer, no sólo la historia contemporánea de Colombia, desde fuentes fidedignas y en boca de sus protagonistas (génesis y desarrollo), sino también constituye una pieza de incalculable valor estratégico para el rescate con verdadera pasión republicana de un país hasta hace pocos años hundido en el tenebroso mundo del terrorismo y el narcotráfico, y que hoy abre sus alas de un crecimiento económico y social reconocido como un verdadero milagro en América Latina.
Es Álvaro Uribe Vélez, no sólo el artífice de este extraordinario libro, rebosante de valor y amor por sus conciudadanos, sino quien lideró en los ocho años de ejercicio de la presidencia de la república de Colombia (2002-2010), una tríada que le cambió el rostro a su atormentada nación: "Seguridad, inversión y cohesión social". Sobran las razones para admirar a este colombiano, a este estadista, quien salvó a su país del ostracismo; a este inquieto político ganado al estudio y a la introspección, que hoy nos entrega unas páginas para ser leídas con verdadero disfrute (no exento de dolor) y para ser seguidas (¿y por qué no, imitadas?) en el camino hacia la conquista de mayores cimas personales y sociales.
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