Una visión del futuro
AGUSTÍN ALBORNOZ S.
| EL UNIVERSAL
viernes 19 de octubre de 2012 12:00 AM
Profundizando un poco en el tema de mi artículo anterior denominado ¡Comencemos a construir puentes!, creo importante reflexionar sobre el por qué necesitamos construir puentes en la actual sociedad venezolana. En realidad el construir los puentes necesarios no es sino el comienzo de lo que deberíamos hacer para empezar a vislumbrar siquiera un cambio favorable en la situación actual. Ahora bien, para analizar el por qué de esta afirmación, invito a cada uno de nuestros amables lectores a responder en su fuero interno las siguientes preguntas: 1. ¿Qué espero de la vida?, 2. ¿Qué decisiones estoy tomando actualmente para que se cumpla lo que espero de la vida?, 3. ¿Me estoy preparando para un futuro mejor del que se vislumbra ahora? Al reflexionar en estas interrogantes, comenzaremos a comprender la importancia de la visión que implica el hacer todo lo que esté al alcance de cada uno de nosotros para construir un futuro mejor, pues vamos a pasar el resto de nuestra existencia en dicho futuro. No soy arquitecto pero imagino que cuando uno de estos profesionales está diseñando "la casa de sus sueños" para él y su familia se va a haciendo preguntas de lo que desearía tener en dicha casa, y la va concibiendo paso a paso hasta que logra el diseño final deseado. Asimismo, al respondernos francamente cada uno las preguntas anteriores vamos a percatarnos si efectivamente estamos "diseñando" el futuro deseado, y como sabemos, una parte muy importante del diseño de una casa son los pilares, estos deben ser fuertes y hechos sobre una base sólida. Creo firmemente que los valores representan esos pilares fuertes sobre los que debería descansar la casa de nuestra sociedad, es decir que la visión de un futuro mejor pasa inevitablemente por la visión de los valores como la base para ese mejor futuro. Uno de esos valores a los que me quisiera referir en este instante es al valor responsabilidad. Hay una parte de una frase de George Bernard Shaw que siempre me ha gustado mucho que dice "No tenemos más derecho a consumir felicidad sin producirla..."; parafraseando esta oración, podríamos decir "No tenemos más derecho a exigir responsabilidad sin producirla". Si aplicamos esta paráfrasis a la realidad venezolana tenemos que, como se trata de nuestro país, el país de todos, significa que si queremos un futuro mejor para él y sus habitantes deberíamos aceptar que éste pasa por nuestra responsabilidad, tanto individual como colectiva; o sea que lo que hagamos o dejemos de hacer va a influir decisivamente en el futuro que nos espera. Además, creo también que los que hemos tenido el privilegio de haber estudiado y alcanzado una profesión, tenemos una responsabilidad mayor que los que no han disfrutado de ese privilegio, y, sin duda, la vida va a demandar más de aquellos a quienes les ha dado más. Por supuesto, por otro lado la responsabilidad también va a ser mayor de acuerdo a las posibilidades de influenciar el entorno, es decir cuando se tiene una posición en la cual se puede ejercer alguna influencia derivada de autoridad o de poder se va a tener también una responsabilidad mayor ante la vida que quien no la tiene, lo cual a su vez no va a suprimir la responsabilidad que tenemos todos y cada uno en la construcción de un mundo mejor. Y mientras más unidos estemos en torno a este propósito, más posibilidad de éxito tendremos, de allí la necesidad de comenzar a construir los puentes que mencionamos antes.
Por otra parte, quisiera referirme a lo siguiente: James Q. Wilson y George Kelling, llegaron a desarrollar la "teoría de las ventanas rotas", a partir de los experimentos del profesor Zimbardo de la Universidad de Stanford, dicha teoría concluye que desde un punto de vista criminológico "el delito es mayor en las zonas donde el descuido, la suciedad, el desorden, la ausencia de normas y valores son evidentes", y, además, demuestra que si se cometen "esas pequeñas faltas" como romper un vidrio de una ventana de un edificio sin que nadie la repare, estacionarse en lugar prohibido, pasarse una luz roja, faltas de respeto en las relaciones interpersonales, y estas pequeñas faltas no son sancionadas o corregidas, entonces comenzarán a desarrollarse faltas mayores y luego delitos cada vez más graves.
El desafío es grande, de ello seguiremos escribiendo la próxima vez, pero creo que si la vida nos plantea este reto es porque podemos conquistarlo, lo creo porque estoy seguro que el venezolano fue creado para esos grandes desafíos, con una madera como la que ya mostró el Libertador en su época, nuestros amables lectores dirán si estoy en lo cierto o no. Mientras tanto, en lo personal estoy comenzando a reparar las ventanas rotas de mi casa, a acordar respetarnos más como seres humanos en mi familia, a acordar no mentirnos entre otras cosas, a acordar educar mejor a hijos y nietos, así como a aprender a aceptar las consecuencias de nuestros actos con coraje y responsabilidad.
@agusal77
agusal77@gmail.com
Por otra parte, quisiera referirme a lo siguiente: James Q. Wilson y George Kelling, llegaron a desarrollar la "teoría de las ventanas rotas", a partir de los experimentos del profesor Zimbardo de la Universidad de Stanford, dicha teoría concluye que desde un punto de vista criminológico "el delito es mayor en las zonas donde el descuido, la suciedad, el desorden, la ausencia de normas y valores son evidentes", y, además, demuestra que si se cometen "esas pequeñas faltas" como romper un vidrio de una ventana de un edificio sin que nadie la repare, estacionarse en lugar prohibido, pasarse una luz roja, faltas de respeto en las relaciones interpersonales, y estas pequeñas faltas no son sancionadas o corregidas, entonces comenzarán a desarrollarse faltas mayores y luego delitos cada vez más graves.
El desafío es grande, de ello seguiremos escribiendo la próxima vez, pero creo que si la vida nos plantea este reto es porque podemos conquistarlo, lo creo porque estoy seguro que el venezolano fue creado para esos grandes desafíos, con una madera como la que ya mostró el Libertador en su época, nuestros amables lectores dirán si estoy en lo cierto o no. Mientras tanto, en lo personal estoy comenzando a reparar las ventanas rotas de mi casa, a acordar respetarnos más como seres humanos en mi familia, a acordar no mentirnos entre otras cosas, a acordar educar mejor a hijos y nietos, así como a aprender a aceptar las consecuencias de nuestros actos con coraje y responsabilidad.
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Comentarios (2)
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Por Sergio Serrano
20.10.2012
2:14 AM
Es cierto, conservar la riqueza y los valores positivos de una sociedad y generar cambios de mayor envergadura a partir de pequeñas acciones y decisiones personales es la base de un progreso sólido y constante. Los espacios que abandonamos por negligencia o desidia invitan a ser ocupados por otros en busca de su beneficio personal momentáneo, bien sea el delincuente que se siente a cubierto entre la suciedad física o moral de su entorno o el practicante de cierta política que prospera fingiendo proponer soluciones que nos evitarían tener que ocuparnos nosotros mismos de las responsabilidades que nos corresponde asumir. Por otra parte, ¿por qué invocar el nombre de Bolívar y su obra como única fuente de ejemplo y de autoridad moral? Tantos venezolanos de tantas épocas podrían dar ese ejemplo. Entre ellos los millones de venezolanos que hoy se levantan con la voluntad de hacer un esfuerzo sostenido y productivo para sí mismos y sus familias para continuar y mejorar su propia gran obra.
Por José R Pirela
19.10.2012
1:44 PM
El comportamiento individual no se puede separar del comportamiento social. Nuestra casa y la sociedad no están en dos dimensiones distintas, desde donde se pueda entrar y salir sin que se afecten mutuamente, pero el efecto es simbiótico y sinérgico, no es unidireccional. Estimo su responsabilidad social, pero el esfuerzo en cambiar la organización política establecida no debe decaer. Llevamos 100 años de caudillismo y 100 de estatismo con la misma organización política. Debemos comprender y aceptar que es esa organización la que ha impedido sembrar el petróleo. A los políticos de oficio no les conviene el cambio porque así mantienen la hegemonía sobre la sociedad y la facilidad de mantener la clientela electoral cautiva. Por lo tanto, es la opinión pública la que debe asumir la tarea de explicarlo a la sociedad. Ese es el puente que debe unir la fuerza política de cambio.
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