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La venganza de San Vito

DANIEL LANSBERG RODRÍGUEZ |  EL UNIVERSAL
jueves 18 de octubre de 2012  12:00 AM

Sin lugar a dudas, este es un momento de profunda reflexión para la oposición venezolana:

¿Cómo es posible que gran parte de los medios de comunicación, nacionales e internacionales, al igual que respetadas encuestadoras hayan creído que la victoria era inminente?

Para entenderlo, los invito a viajar conmigo a través de siglos y kilómetros,  a la ciudad de Estrasburgo, en Francia, durante el verano de 1518.

A primera hora de la mañana de un día como cualquier otro, los habitantes de dicha ciudad se encontraron con una gran sorpresa. Doña Troffea, dama muy respetada y conocida en la comunidad, había pasado la noche entera sola en la plaza principal, ejecutando, sin música ni público,  una desesperada y frenética danza.

En poco tiempo se había corrido la voz de lo que estaba sucediendo, y se congregaron multitudes para observar a la sufrida criatura rítmicamente contorsionándose por la plaza. Mientras que unos vecinos intentaron disuadirla sin éxito, otros fueron a buscar a las autoridades municipales, a los médicos y a los monjes de los alrededores. Sin embargo algunos espectadores, en vez de asistir, sucumbieron espontáneamente al extraño espectáculo... y se pusieron a bailar.

Estos misteriosos danzantes, los cuales alcanzaron a ser cuarenta al final de la primera semana y mas de cuatrocientos al acabar la próxima, representaban personajes de diversas clases, edades y personalidad aparentemente, sólo unidos por una misteriosa e inexplicable necesidad de cabriolear sin cesar. Para algunos, el  esfuerzo era simplemente demasiado, incitando derrames e infartos. Pero mientras los muertos e inconscientes eran arrastrados de la plaza por vecinos y parientes, los demás seguían bailando. 

Al final, la epidemia, desapareció tan misteriosamente como había comenzado, a costa de muchos miembros de la comunidad. Pero aunque el hecho duró apenas un mes, y  jamás volvió a Estrasburgo,  a la comunidad le tomaría siglos encontrarle algún sentido a lo ocurrido.

Entre los sabios Eclesiásticos se hablaba del "Baile de San Vito" una plaga divina infligida como castigo al pueblo pecador. Mientras tanto, por su parte, los médicos de la época especulaban de un envenenamiento misterioso o una nueva especie de epilepsia contagiosa. 

Hoy en día se piensa que lo que realmente ocurrió en Estrasburgo fue una manifestación dramática de "coreomanía": un trastorno psicogénico masivo (o "histeria colectiva") que tiende aparecer después de períodos largos de angustia y tensión comunitaria. Ocurrencias muy parecidas se han observado incluso en la historia reciente: Tanzania en 1962, Palestina en 1983.

Los años que precedieron al evento de Estrasburgo igual habían sido particularmente difíciles. Inviernos feroces y veranos abrasadores habían causado estragos alimenticios entre la población,  precipitando una época de hambruna  terrible y de crisis económica. Mientras tanto, misteriosas enfermedades del nuevo mundo, como la sífilis y el "sudor británico", habían creado un ambiente de miedo y desesperación.

Creo que muchos venezolanos se encuentran actualmente en un proceso de recuperación de nuestro propio "Mal de San Vito". Desde el principio supimos que las ventajas del oficialismo eran probablemente insuperables. Con incontables recursos nacionales, apoyo total de los poderes del Estado, y una profunda disposición para presionar o comprar  a cualquiera con un voto accesible, la cosa estaba demasiada peluda. Pero, aún así, millones de venezolanos: periodistas, políticos, encuestadores y ciudadanos sintieron tras años de profunda angustia una poderosa compulsión para bailar.

Ahora, al igual que esos antiguos sobrevivientes del verano de San Vitos, lo crítico será llegar a aceptar y entender lo ocurrido cosa que probablemente nos tomará mucho más tiempo de lo que duró el baile en sí. Sin embargo, eso es mejor que extraer conclusiones precipitadas.

Tal vez las últimas décadas han dejado a Venezuela particularmente susceptible al reforzamiento delirante. La interacción regular entre gente que piensa de diferentes maneras en nuestro país jamás ha sido la más conveniente y ha ido empeorando. Oficialista trabaja con oficialista, opositor con opositor, comparten poco socialmente y cada uno incluso cuenta con su propia prensa y medios de comunicación (al menos "por ahora"). Además la tecnología: el Twitter, los blogs y el Internet, facilitan el saturarse sólo con datos que refuerzan nuestras propias percepciones y validan nuestras predisposiciones.

Las tecnologías, medios y redes sociales que facilitaron nuestro reciente joropo con San Vito, no han quedado silenciosas. Nos apabullan aun con novedosas y seductivas teorías de fraude y conspiraciones  seguramente una melodía mucho más peligrosa. Espero que sean pocos los compatriotas que sucumban a esta nueva manía porque si en algo coincidimos es saber que los venezolanos ya hemos bailado lo suficiente por un buen rato.

@Dlansberg


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Comentarios (1)
Por grimaldo andres herrera echevarria
18.10.2012
9:43 AM
Sobre el comentario de La Venganza de San Vito, aquí en el Perú también hubo una fiesta casi aparecida. Cuando el dictador Fuijimori ponía la música. los artistas y los danzantes,eso es por un lado, por el otro frente estaban como mal se llama los opositores. ( el pueblo que no se deja engañar). Pero gracias a Dios y la valentía de un gran ciudadana de apellido Pichi,que mostró por intermedio de un grupo de políticos y la prensa. La verdadera careta del dictador de entonces hoy preso, así como en Venezuela el dictador hace lo que quiera,con la anuencia de sus seguidores. Estoy seguro que los verdaderos Venezolanos unidos,y a pesar de toda la maquinaria del Dictador verán cosechar sus frutos de todas estas batallas,que democraticamente están enfrentando. Suerte hermanos VENEZOLANOS. atentamente GrimaldoAndres
 
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