¿Oportunidad o calamidad? Tú eliges
MARÍA EUGENIA GASCUE SCHWARTS
| EL UNIVERSAL
miércoles 19 de septiembre de 2012 12:00 AM
En un pueblo muy apartado, había un hombre que trabajaba como portero del único hotel que existía en el mismo. Él nunca aprendió a leer y a escribir.
Un día se hizo cargo del hotel un joven creativo y emprendedor, que decidió
modernizar el negocio. Hizo cambios y citó al personal para darle nuevas instrucciones. Al portero, le dijo: -A partir de hoy usted, además de estar en la puerta, va a preparar un reporte semanal, donde registrará la cantidad de personas que entren por día, anotará sus comentarios y recomendaciones sobre el servicio.
El portero le contestó -Me encantaría satisfacerlo, pero yo no sé leer ni escribir -a lo que el joven le respondió -¡Ah! ¡Cuánto lo siento!, lo tendré que despedir. Le vamos a dar una compensación, para que se mantenga, hasta que encuentre otro empleo. Espero que tenga suerte. El hombre sintió que el mundo se derrumbaba. Nunca había pensado que podría llegar a encontrarse en esa situación. Recordó que en el hotel, cuando se rompía una silla o se arruinaba una mesa, él con un martillo y clavos lograba hacer un arreglo sencillo y provisorio. Pensó que esta podría ser una ocupación transitoria. Alquiló una carretilla para almacenar las herramientas y algunas semanas después, alquiló un cuarto que se convirtió en la primera ferretería del pueblo. Todos estaban contentos y compraban en su negocio. Ya no viajaba, los fabricantes le enviaban sus pedidos. Con el tiempo, las comunidades cercanas preferían comprar en su ferretería y ganar dos días de camino. Se le ocurrió que su amigo, el tornero, podría fabricar para él las cabezas de los martillos. Y luego, las tenazas, las pinzas y los cinceles. Después fueron los clavos y los tornillos. En diez años aquel hombre se transformó con honestidad y trabajo en un millonario fabricante de herramientas.
Un día decidió donar a su pueblo una escuela. Ahí se enseñaría, además de leer y escribir, las artes y oficios más prácticos de la época. En el acto de inauguración de la escuela, el Alcalde le entregó las llaves de la ciudad, lo abrazó y le dijo: -Con un gran orgullo y gratitud le pedimos nos conceda el honor de poner su firma en la primera hoja del libro de actas de la nueva escuela. El honor sería para mí -dijo el hombre. -Creo que nada me gustaría más que firmar allí, pero yo no sé leer ni escribir. Soy analfabeto. -¿Usted? -dijo el Alcalde, que no podía creerlo. -¿Usted construyó un imperio industrial sin saber leer ni escribir? Estoy asombrado. Me pregunto, ¿qué hubiera sido de usted si hubiera sabido leer y escribir? -Yo se lo puedo contestar -respondió el hombre con calma -Si yo hubiera sabido leer y escribir, sería portero del hotel.
Todo lo que a primera vista parece un contratiempo, puede traernos un bien, así nos lo muestra esta historia y muchas otras que pueden habernos ocurrido a lo largo de nuestra vida.
Confía en el Dios en el que crees, en ti mismo y elige ver en cada situación de tu vida, una oportunidad para crecer.
@marugascue
marugascue@gmail.com
Un día se hizo cargo del hotel un joven creativo y emprendedor, que decidió
modernizar el negocio. Hizo cambios y citó al personal para darle nuevas instrucciones. Al portero, le dijo: -A partir de hoy usted, además de estar en la puerta, va a preparar un reporte semanal, donde registrará la cantidad de personas que entren por día, anotará sus comentarios y recomendaciones sobre el servicio.
El portero le contestó -Me encantaría satisfacerlo, pero yo no sé leer ni escribir -a lo que el joven le respondió -¡Ah! ¡Cuánto lo siento!, lo tendré que despedir. Le vamos a dar una compensación, para que se mantenga, hasta que encuentre otro empleo. Espero que tenga suerte. El hombre sintió que el mundo se derrumbaba. Nunca había pensado que podría llegar a encontrarse en esa situación. Recordó que en el hotel, cuando se rompía una silla o se arruinaba una mesa, él con un martillo y clavos lograba hacer un arreglo sencillo y provisorio. Pensó que esta podría ser una ocupación transitoria. Alquiló una carretilla para almacenar las herramientas y algunas semanas después, alquiló un cuarto que se convirtió en la primera ferretería del pueblo. Todos estaban contentos y compraban en su negocio. Ya no viajaba, los fabricantes le enviaban sus pedidos. Con el tiempo, las comunidades cercanas preferían comprar en su ferretería y ganar dos días de camino. Se le ocurrió que su amigo, el tornero, podría fabricar para él las cabezas de los martillos. Y luego, las tenazas, las pinzas y los cinceles. Después fueron los clavos y los tornillos. En diez años aquel hombre se transformó con honestidad y trabajo en un millonario fabricante de herramientas.
Un día decidió donar a su pueblo una escuela. Ahí se enseñaría, además de leer y escribir, las artes y oficios más prácticos de la época. En el acto de inauguración de la escuela, el Alcalde le entregó las llaves de la ciudad, lo abrazó y le dijo: -Con un gran orgullo y gratitud le pedimos nos conceda el honor de poner su firma en la primera hoja del libro de actas de la nueva escuela. El honor sería para mí -dijo el hombre. -Creo que nada me gustaría más que firmar allí, pero yo no sé leer ni escribir. Soy analfabeto. -¿Usted? -dijo el Alcalde, que no podía creerlo. -¿Usted construyó un imperio industrial sin saber leer ni escribir? Estoy asombrado. Me pregunto, ¿qué hubiera sido de usted si hubiera sabido leer y escribir? -Yo se lo puedo contestar -respondió el hombre con calma -Si yo hubiera sabido leer y escribir, sería portero del hotel.
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Comentarios (2)
páginas:
1
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Por JOSE NUNES
19.09.2012
6:29 AM
EXCELENTE ARTICULO.ES COMO LA PALAVRA CRISE EN JAPONES. ES ESCRITA CON DOS SIMBOLOS .UNO DE PELIGRO Y OTRO DE OPORTUNIDAD.
Por PEDRO PUEBLO
19.09.2012
1:17 AM
DEMOCRACIA o COMUNISMO, el BIEN o el MAL. TÚ ELIGES.
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