Un alma hambrienta
JOSÉ ANTONIO GÁMEZ E.
| EL UNIVERSAL
viernes 14 de septiembre de 2012 12:00 AM
Mi madre me dijo una vez que siempre comía como si no fuera a volver a ver la comida, y yo le respondí: No la volveré a ver si no la traigo yo .
Katniss Everdeen en Los Juegos del Hambre
Hace algunos meses, después de un evento para empleados públicos organizado por un grupo de abogados de la institución donde trabajaba, me pasé por la sala donde se acababa de servir un buen refrigerio. Ante mi asombro por lo desolado de las bandejas y jarras, se me ocurrió decir en voz alta: "¡aquí como que se lo comieron todo!". Al escuchar mi exclamación desesperada, la Sra. María, quien trabajaba como personal de apoyo a los cursos, me respondió: "¡Los empleados públicos tienen hambre!".
Tengo la certeza de que la Sra. María no pretendía hacer ninguna declaración de principios, sino simplemente calmar mi decepción ante la imposibilidad de meterme una bala fría. Con el tiempo, y especialmente después de leer la trilogía de Los Juegos del Hambre de Suzane Collins, pude encontrar una buena dosis de sabiduría en la afirmación.
No creo que sea casual que la autora de esta novela haya escogido como tema central el hambre del pueblo, para describir el estado general de cosas que se desprenden de un régimen totalitario.
Tampoco pienso que haya sido casual la reacción furiosa del "Snow tropical" este, al revelarse las cifras de hambre y pobreza extrema en que está sumido un amplio sector de venezolanos. No puedo discernir si son setecientos o cuatrocientos mil los que se acuestan sin comer. Pero qué duda cabe: "este pueblo tiene hambre". No sólo los empleados públicos, sino hasta los militares tienen hambre. Y debemos reconocer que cuando hay hambre, hay violencia.
El hambre es una reacción fisiológica que, en los seres humanos, suele estar en la base de toda una serie de carencias no satisfechas. Ni las campañas mediáticas, ni la hegemonía comunicacional, tampoco la cháchara continua, ni la magia de un iluminado, pueden satisfacer las verdaderas necesidades del pueblo. Todo lo anterior posiblemente sirva para someter al pueblo, pero nunca para servirlo.
Hay muchas formas de dominación y de engaño. Suelen ser las más cínicas aquellas que se componen de cortas verdades y largas mentiras. La mentira deja insatisfecha a la inteligencia, y aunque la emoción pueda suplir esa deficiencia, su efecto suele durar poco.
"A los animales se les alimenta, a los seres humanos se les da de comer" (Kass, 1999). Esta frase que ilustra la experiencia del fisiólogo, nos lleva a pensar que comer exige variedad, pero la variedad no es suficiente. Y aunque la abundancia puede ser signo de abastecimiento, a la hora de comer bien, no cubre todos nuestros deseos. Dar de comer incluye dar trabajo y facilitar el descanso. Comer es una acción que lleva consigo todo un contenido que al final manifiesta la presencia, o no, de la libertad. No en vano lo culinario está en el centro de muchas culturas.
Comida y trabajo tienen una estrecha relación que está en la base de la dinámica social. La estabilidad de la dinámica social, se sintetiza en un solo concepto: justicia. La justicia traerá la paz que tanto anhelamos.
La acción del hombre sobre la tierra, transformándola con su ingenio y cosechando sus frutos, no es algo substituible con enlatados ni importaciones. Al fin y al cabo, para cualquier venezolano trabajar será siempre: ganarse la arepa. Pero esa arepa para que sea comida de verdad, debe estar hecha con maíz criollo.
Jgamez@alumni.unav.es
@vidaprog
Katniss Everdeen en Los Juegos del Hambre
Hace algunos meses, después de un evento para empleados públicos organizado por un grupo de abogados de la institución donde trabajaba, me pasé por la sala donde se acababa de servir un buen refrigerio. Ante mi asombro por lo desolado de las bandejas y jarras, se me ocurrió decir en voz alta: "¡aquí como que se lo comieron todo!". Al escuchar mi exclamación desesperada, la Sra. María, quien trabajaba como personal de apoyo a los cursos, me respondió: "¡Los empleados públicos tienen hambre!".
Tengo la certeza de que la Sra. María no pretendía hacer ninguna declaración de principios, sino simplemente calmar mi decepción ante la imposibilidad de meterme una bala fría. Con el tiempo, y especialmente después de leer la trilogía de Los Juegos del Hambre de Suzane Collins, pude encontrar una buena dosis de sabiduría en la afirmación.
No creo que sea casual que la autora de esta novela haya escogido como tema central el hambre del pueblo, para describir el estado general de cosas que se desprenden de un régimen totalitario.
Tampoco pienso que haya sido casual la reacción furiosa del "Snow tropical" este, al revelarse las cifras de hambre y pobreza extrema en que está sumido un amplio sector de venezolanos. No puedo discernir si son setecientos o cuatrocientos mil los que se acuestan sin comer. Pero qué duda cabe: "este pueblo tiene hambre". No sólo los empleados públicos, sino hasta los militares tienen hambre. Y debemos reconocer que cuando hay hambre, hay violencia.
El hambre es una reacción fisiológica que, en los seres humanos, suele estar en la base de toda una serie de carencias no satisfechas. Ni las campañas mediáticas, ni la hegemonía comunicacional, tampoco la cháchara continua, ni la magia de un iluminado, pueden satisfacer las verdaderas necesidades del pueblo. Todo lo anterior posiblemente sirva para someter al pueblo, pero nunca para servirlo.
Hay muchas formas de dominación y de engaño. Suelen ser las más cínicas aquellas que se componen de cortas verdades y largas mentiras. La mentira deja insatisfecha a la inteligencia, y aunque la emoción pueda suplir esa deficiencia, su efecto suele durar poco.
"A los animales se les alimenta, a los seres humanos se les da de comer" (Kass, 1999). Esta frase que ilustra la experiencia del fisiólogo, nos lleva a pensar que comer exige variedad, pero la variedad no es suficiente. Y aunque la abundancia puede ser signo de abastecimiento, a la hora de comer bien, no cubre todos nuestros deseos. Dar de comer incluye dar trabajo y facilitar el descanso. Comer es una acción que lleva consigo todo un contenido que al final manifiesta la presencia, o no, de la libertad. No en vano lo culinario está en el centro de muchas culturas.
Comida y trabajo tienen una estrecha relación que está en la base de la dinámica social. La estabilidad de la dinámica social, se sintetiza en un solo concepto: justicia. La justicia traerá la paz que tanto anhelamos.
La acción del hombre sobre la tierra, transformándola con su ingenio y cosechando sus frutos, no es algo substituible con enlatados ni importaciones. Al fin y al cabo, para cualquier venezolano trabajar será siempre: ganarse la arepa. Pero esa arepa para que sea comida de verdad, debe estar hecha con maíz criollo.
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