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Los revolucionarios como status quo

DANIEL LANSBERG RODRÍGUEZ |  EL UNIVERSAL
jueves 13 de septiembre de 2012  12:00 AM
La leyenda de Edipo es un conocido mito griego comúnmente invocado por psiquiatras, psicólogos, y de vez en cuando nueras celosas. En la historia, dicho héroe se encuentra con la esfinge, una sabia bestia quimérica que se devoraba a cualquier persona incapaz de adivinar su acertijo: "¿qué animal tiene cuatro patas por la mañana, dos por la tarde y tres al entrar la noche?" La respuesta: "el ser humano quien como bebé gatea, como adulto camina y ya en su vejez  requiere la ayuda de un bastón".

Igual que en nuestros aguinaldos navideños, donde "criollizamos" figuras del nuevo testamento y especulamos sobre el resultado, yo me pregunto: ¿qué pasaría si Edipo fuera venezolano en vez de tebano?  Sospecho que la esfinge le hubiera ofrecido esta prueba mas culturalmente apropiada: "¿qué promete mucho por la mañana, explica mucho por la tarde y amenaza mucho al entrar la noche?" La respuesta: una revolución.

No hace falta buscar ejemplos de este círculo vicioso; es evidente en movimientos políticos a través del mundo. Al principio de su carrera Roberto Mugabe, brutal dictador de Zimbabue, era un campeón de los derechos civiles y una gran esperanza para su país. Igual, Fidel Castro entró a La Habana prometiendo liberar a la población del yugo de la dictadura, antes de eventualmente volverse un dictador...
Como seres humanos le tenemos una aversión natural al riesgo. Estudios de psicología han ilustrado que la gran mayoría de personas prefieren recibir 50 bolívares con certidumbre al tener un 50% chance de recibir 101 bolívares (aunque el valor actual fuese más alto para el segundo.) Del mismo modo, las poderosas incertidumbres que rodean cualquier cambio político se manifiestan en una preferencia popular hacia el malo conocido en vez del bueno por conocer.

Aunque la historia nos ha demostrado varias estrategias exitosas a través de las cuales un movimiento revolucionario puede superar este obstáculo, la más común, ha sido prometer una alternativa inmensamente superior a la actualidad. Volviendo a nuestra metáfora anterior, si la opción está entre 50 bolívares con certeza y un chance 10% de recibir un millón de bolívares, el cálculo ha cambiado a favor del riesgo.

Estos prejuicios suelen resultar en un destino predestinado para la mayoría de movimientos revolucionarios que logran volverse gobierno a través de la voluntad popular:

1. El nuevo gobierno llega al poder impulsado por grandiosas promesas.

2. Disfruta de un período de luna de miel, durante el cual la población le otorga  un alto grado de "beneficio de la duda".

3. Cuando las celebradas promesas no se materializan, surgen preguntas y quejas entre la población: ¿Por qué no se habrán cumplido? El Gobierno adapta su retórica de cambios transformadores, a una avalancha de excusas. Las promesas iniciales pretenden seguir vigentes, aunque se anuncia que su implementación ha sido obstaculizada por enemigos, entre ellos: los clásicos chivos expiatorios  (como los judíos para Hitler), los vestigios del último gobierno (los escuálidos) o un vago y omnipotente enemigo externo como las fuerzas del  terrorismo internacional, la CIA, o el capitalismo. Por supuesto, nadie toma responsabilidad personal por las promesas incumplidas. Esos pobres gobernantes no tenían forma de saber a priori, como esos viles enemigos sabotearían sus esfuerzos y el rumbo de la revolución. ¡Solo se requiere un poco más de tiempo y paciencia para llevar a cabo todo lo prometido!

4. Finalmente, mientras el tiempo pasa, el énfasis retórico caerá cada vez con mayor fuerza sobre los enemigos, y menos en promesas. El régimen intentará pintarse como un defensor en vez de un libertador asegurando que, si no fuera por su liderazgo, la cosa estaría mucho peor. Aunque los símbolos de revolución y sus imágenes seguirán, el Gobierno se habrá reinventado totalmente como un nuevo status quo: revolucionario solo en nombre, así como la china es "comunista".

Pocos ejemplos podrán ilustrar este destino tragirónico a las futuras generaciones, cómo lo que ha sido el desarrollo político del régimen venezolano durante los últimos 15 años:

1. Nuestro gobierno entró prometiendo mucho: una Venezuela más justa y balanceada, digna, más segura, llena de oportunidades para el pueblo, etc.

2. Nuestro gobierno fue reelegido explicando mucho: la caída del viaducto y la tragedia de Vargas fueron culpa de la cuarta República, el 11 de abril fue culpa de la CIA, la escasez de bienes básicos culpa de "los especuladores" etcétera.

3. Ahora nuestro gobierno nos advierte de las trágicas consecuencias si su mandato no es renovado: "caos", esclavitud imperialista, eliminación de programas sociales, incremento de inseguridad, etcétera.

Cuando los revolucionarios se vuelven el status quo, se ponen como los locos al mando del manicomio. Tal vez ya es hora de encontrar unos nuevos revolucionarios.

@Dlansberg


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Comentarios (1)
Por Eugenio Marcano
13.09.2012
8:00 AM
En una de esas etapas, quizás en la segunda, vía a la tercera y definitivamente en la tercera, está el acostumbrarse a ese status quo; y si de repente alguien nota algo diferente que considera no son concordantes con las expectativas creadas, sólo son expeculaciones, deseos de imponer un caos para perjudicar la exitosa gestión ya ni siquiera comparable con la anterior: Ha pasado tiempo suficiente para 1:haberlo olvidado,quienes la vivieron 2: no conocerla, quienes no la vivieron,o 3: haber tergiversado su realidad con una nueva historia a satisfacción del status quo de la dictadura.
 
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