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Sufrimos de impuntualidad crónica

RUBENS YANES |  EL UNIVERSAL
miércoles 5 de septiembre de 2012  12:00 AM
Los venezolanos y quizás buena parte de los latinoamericanos, somos impuntuales casi por derecho divino. Estamos convencidos de que tenemos la potestad de llegar tarde a cualquier cita o compromiso, sin consecuencias ni remordimientos.

En nuestra mente las 10:00 am, son más o menos lo mismo que las 10:15 o las 10:30. Un retraso de esta naturaleza es "normal" y tenemos el tupé de molestarnos si quien nos espera se molesta.

Este desfase cronológico instalado en nuestro sistema operativo puede interpretarse de distintas maneras. En parte es inconsciencia sobre valor del tiempo. No tenemos conciencia de que el tiempo es un recurso no renovable. Las oportunidades pérdidas no vuelven. El tiempo de la gente vale, no sólo porque nos suelen pagar salarios o remuneraciones por el tiempo que dedicamos a nuestros trabajos, sino porque además el tránsito por la vida es finito.

Una de las decisiones más importantes que tomamos a diario es a qué le dedicamos tiempo y energía. Y usualmente es todo un tema balancear las cargas entre trabajo, familia, ocio, estudios, etc.

Al no tener conciencia de que el tiempo es un recurso tan valioso como  el dinero o los bienes materiales, somos poco eficientes manejándolo. Y esa es la segunda interpretación de nuestro análisis: se debe aprender a administrar el tiempo, se debe planificar, estimar y gastar racionalmente.

Recuerdo que hace muchos años tuve como jefe a un eminente profesor de la Universidad de Columbia, quien solía encargar investigaciones sobre temas específicos para las presentaciones de sus clases de postgrado. Eran temas difíciles y con cierta profundidad, que debían ser tratados con cuidado. Lo más chocante de ese trabajo era cuando 10 o 15 minutos antes de su clase, se acercaba y preguntaba: "¿Cuánto porcentaje te falta? ¿Estará listo en 5 minutos?".

En mi mente latina tales preguntas retumbaban como interrogantes imposibles de responder, pero mis compañeros americanos y asiáticos las tomaban con naturalidad. Con el tiempo aprendí a calcular esas y otras variables y entendí -aunque no necesariamente con mucha destreza- que el tiempo no nos maneja a nosotros, sino que podemos manejar el tiempo.

Hoy en día, cuando las soluciones parecen llegar siempre tarde, cuando veo a jóvenes dedicar horas y horas al ocio inútil, o cuando escucho a alguien decir que 14 años no son suficientes, pienso que hasta que no cambiemos la óptica seguiremos sumidos en muchos de los problemas que nos aquejan como individuos y como sociedad.

@rubensyanes


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