Lección de civilismo y democracia
JOSÉ FÉLIX DÍAZ BERMÚDEZ
| EL UNIVERSAL
martes 4 de septiembre de 2012 12:00 AM
La Revolución de Octubre de 1945 se propuso cumplir en nuestra historia varios postulados esenciales: devolver al pueblo su soberanía, establecer importantes reivindicaciones políticas, sociales y económicas, ejercer el poder sin personalismos. Rómulo Betancourt, lo afirmó entonces categóricamente: "somos un pueblo que puede ser gobernado impersonalmente, no por régulos imperiosos, no por gente despótica (...) Somos un pueblo cuyo Ejército no sirve ya a hombres, sino que está dispuesto a respaldar las Instituciones. Somos un pueblo que está irrevocablemente resuelto a encontrar su propio camino, que está dispuesto a hacer su propia historia". Se justificó tal movimiento a fin de establecer en el país el sufragio universal, la moralidad administrativa y la despersonalización en el ejercicio del poder, en el marco de una revolución popular y democrática
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Al evaluar el dilema histórico entre el civilismo y el militarismo, Rómulo Gallegos, símbolo eminente de la intelectualidad continental, de la virtud y de la dignidad civil, cuestionó el drama de aquella Venezuela de: "caudillos insubordinables", impuestos sobre la sociedad sin más derechos que la fuerza al dictado la: "alardosa bravura", en aquellas: "sombrías y vergonzosas épocas de sumisión de todo un pueblo ante un hombre". No se había entonces conformado un Ejército y preponderaba :"una casta guerrera bravucona, codiciosa, feudal", y se aspiraba el establecimiento de: "una institución armada al servicio de la patria, un ejército regular...", que armonizase con la sociedad, integrada al orden de un Estado moderno, con deberes, derechos y responsabilidades específicos, y se superasen los males que tempranamente observó el Libertador tal y como lo refirió Gallegos al expresar: "muchos reveses hemos sufrido por estar reunidos el poder militar y el civil".
Era preciso resolver en nuestra historia las contradicciones entre el militarismo y el civilismo, y propiciar como indicó el ilustre literato y Presidente: "el buen gobierno de un pueblo" que permitiera una efectiva rendición de cuentas, la exigencia de responsabilidades, la implementación de efectivas soluciones a los problemas sociales, la dignificación militar y civil, la preeminencia de la sociedad, para que: "no se eludan las dificultades ni se soslayen los desaciertos con arrogancias de mando".
En esas reflexiones fundamentales acerca del destino de Venezuela, Gallegos resaltó el contrataste existente entre: "gobernar y mandar, que se entendió como una sola y misma cosa siendo dos muy distintas y diferentes el "presentes armas" y "en el nombre de la Constitución" no queden resabios que pongan en riesgo la marcha ascendente, continua, sin mirada siquiera hacia atrás, de esta Venezuela que tanto dolor nos cuesta...".
"Es tiempo ya resaltaba el maestro de que le allanemos los caminos, no al mesías que en ninguna escritura nos está prometido sino al hombre responsable que en cada uno de nosotros reside, para que asuma la actitud que le corresponde, que no puede ser sino la del civismo: respeto a la ley, limitación dentro del derecho, superación ante el deber. La unánime dignidad ciudadana que componga la grande y majestuosa dignidad de la patria".
El 12 de diciembre de 1947, don Rómulo Gallegos, concluyó su campaña electoral a la presidencia de la República para las primeras elecciones libres y democráticas celebradas en el país. En su discurso final, acudió a su cita con la historia con alto sentido de pedagogía ciudadana al distinguir entre el: "sacudimiento de la fe partidista" y la oportunidad primera y decisiva de definir: "la voluntad determinante del destino patrio", en esa hora venezolana en la que era necesario sustituir el acto de: "burla de los derechos ciudadanos" por la: "auténtica soberanía popular, mediante sufragio libre y sin restricciones antidemocráticas" que diera nacimiento a un gobierno constitucional resultado de la: "consciente y responsable" escogencia de la nación.
Entendió además la conveniencia de que la palabra en política fuese: "madura de responsabilidad contraída" para: "ponerse al tono de las reflexiones serenas" e: "...ir preparando el ánimo a la concordia prometida", ya que: "nadie podría creernos que estuviésemos realmente dispuestos a procurar la prosperidad y la felicidad de nuestro país, pues no nos sería posible llevarla a cabo si con ánimos de represalias, siendo la fuerza política más poderosa nos complaciésemos en contemplar la siembra de odios y rencores que nuestros adversarios han hecho en el campo de la contienda electoral". Y afirmaba: "pero nosotros, obligados a ser generosos por la posesión evidente de mayor fuerza de opinión, no se nos perdonaría que nos deleitásemos en saborear el regusto de las ofensas y de las injurias...".
Prometió un gobierno democrático: "dispuesto a comprensión y entendimiento", "con credenciales de moderación y sentido realista de la política", capaz de asegurar: "el orden público y la paz social necesarios para garantizar el libre y armonioso desenvolvimiento de las actividades útiles de la colectividad venezolana". Se comprometió a ejercer una conducta enmarcada en la tolerancia, el respeto a las ideas contrarias, el compromiso en respetar las garantías y los derechos ciudadanos, el desenvolvimiento de una leal y honesta relación con el sector militar, la formación e implantación de una verdadera República, lo cual cumplió en su actuación como Presidente hasta su derrocamiento por obra de las divisiones partidistas y el militarismo de su tiempo.
El ejemplo político de Gallegos representa un llamamiento a la ponderación, al equilibrio, al acatamiento de los intereses superiores de la nación y de la libre voluntad popular, trasparente y legítimamente manifestada. Conocedor como pocos de la esencia de su país, plasmado admirablemente en sus novelas, exigió en medio de las disputas políticas que el respeto y la razón: "nos vuelvan por los fueros del modo venezolano de pensar...y que las borrascas de las iras le cedan el espacio al aire blando y suave de todas las concordias posibles", para alcanzar: "el empeño de gobernar este país en paz, para beneficio de todos los venezolanos". Tal fue su lección magistral de civilismo y democracia aún necesaria.
jfd599@gmail.com
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Al evaluar el dilema histórico entre el civilismo y el militarismo, Rómulo Gallegos, símbolo eminente de la intelectualidad continental, de la virtud y de la dignidad civil, cuestionó el drama de aquella Venezuela de: "caudillos insubordinables", impuestos sobre la sociedad sin más derechos que la fuerza al dictado la: "alardosa bravura", en aquellas: "sombrías y vergonzosas épocas de sumisión de todo un pueblo ante un hombre". No se había entonces conformado un Ejército y preponderaba :"una casta guerrera bravucona, codiciosa, feudal", y se aspiraba el establecimiento de: "una institución armada al servicio de la patria, un ejército regular...", que armonizase con la sociedad, integrada al orden de un Estado moderno, con deberes, derechos y responsabilidades específicos, y se superasen los males que tempranamente observó el Libertador tal y como lo refirió Gallegos al expresar: "muchos reveses hemos sufrido por estar reunidos el poder militar y el civil".
Era preciso resolver en nuestra historia las contradicciones entre el militarismo y el civilismo, y propiciar como indicó el ilustre literato y Presidente: "el buen gobierno de un pueblo" que permitiera una efectiva rendición de cuentas, la exigencia de responsabilidades, la implementación de efectivas soluciones a los problemas sociales, la dignificación militar y civil, la preeminencia de la sociedad, para que: "no se eludan las dificultades ni se soslayen los desaciertos con arrogancias de mando".
En esas reflexiones fundamentales acerca del destino de Venezuela, Gallegos resaltó el contrataste existente entre: "gobernar y mandar, que se entendió como una sola y misma cosa siendo dos muy distintas y diferentes el "presentes armas" y "en el nombre de la Constitución" no queden resabios que pongan en riesgo la marcha ascendente, continua, sin mirada siquiera hacia atrás, de esta Venezuela que tanto dolor nos cuesta...".
"Es tiempo ya resaltaba el maestro de que le allanemos los caminos, no al mesías que en ninguna escritura nos está prometido sino al hombre responsable que en cada uno de nosotros reside, para que asuma la actitud que le corresponde, que no puede ser sino la del civismo: respeto a la ley, limitación dentro del derecho, superación ante el deber. La unánime dignidad ciudadana que componga la grande y majestuosa dignidad de la patria".
El 12 de diciembre de 1947, don Rómulo Gallegos, concluyó su campaña electoral a la presidencia de la República para las primeras elecciones libres y democráticas celebradas en el país. En su discurso final, acudió a su cita con la historia con alto sentido de pedagogía ciudadana al distinguir entre el: "sacudimiento de la fe partidista" y la oportunidad primera y decisiva de definir: "la voluntad determinante del destino patrio", en esa hora venezolana en la que era necesario sustituir el acto de: "burla de los derechos ciudadanos" por la: "auténtica soberanía popular, mediante sufragio libre y sin restricciones antidemocráticas" que diera nacimiento a un gobierno constitucional resultado de la: "consciente y responsable" escogencia de la nación.
Entendió además la conveniencia de que la palabra en política fuese: "madura de responsabilidad contraída" para: "ponerse al tono de las reflexiones serenas" e: "...ir preparando el ánimo a la concordia prometida", ya que: "nadie podría creernos que estuviésemos realmente dispuestos a procurar la prosperidad y la felicidad de nuestro país, pues no nos sería posible llevarla a cabo si con ánimos de represalias, siendo la fuerza política más poderosa nos complaciésemos en contemplar la siembra de odios y rencores que nuestros adversarios han hecho en el campo de la contienda electoral". Y afirmaba: "pero nosotros, obligados a ser generosos por la posesión evidente de mayor fuerza de opinión, no se nos perdonaría que nos deleitásemos en saborear el regusto de las ofensas y de las injurias...".
Prometió un gobierno democrático: "dispuesto a comprensión y entendimiento", "con credenciales de moderación y sentido realista de la política", capaz de asegurar: "el orden público y la paz social necesarios para garantizar el libre y armonioso desenvolvimiento de las actividades útiles de la colectividad venezolana". Se comprometió a ejercer una conducta enmarcada en la tolerancia, el respeto a las ideas contrarias, el compromiso en respetar las garantías y los derechos ciudadanos, el desenvolvimiento de una leal y honesta relación con el sector militar, la formación e implantación de una verdadera República, lo cual cumplió en su actuación como Presidente hasta su derrocamiento por obra de las divisiones partidistas y el militarismo de su tiempo.
El ejemplo político de Gallegos representa un llamamiento a la ponderación, al equilibrio, al acatamiento de los intereses superiores de la nación y de la libre voluntad popular, trasparente y legítimamente manifestada. Conocedor como pocos de la esencia de su país, plasmado admirablemente en sus novelas, exigió en medio de las disputas políticas que el respeto y la razón: "nos vuelvan por los fueros del modo venezolano de pensar...y que las borrascas de las iras le cedan el espacio al aire blando y suave de todas las concordias posibles", para alcanzar: "el empeño de gobernar este país en paz, para beneficio de todos los venezolanos". Tal fue su lección magistral de civilismo y democracia aún necesaria.
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