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Evitar lo evitable

JOSÉ ANTONIO GÁMEZ E. |  EL UNIVERSAL
martes 4 de septiembre de 2012  12:00 AM
Hay etapas en la historia de una persona, o de un pueblo, en las que es difícil distinguir entre las cosas evitables y las inevitables. Posiblemente, esto se da por exceso de bienestar, y en otros casos -como parece ser nuestra situación actual- por estar viviendo una gran tragedia, también como nación.

La inquietud de distinguir entre lo evitable y lo inevitable está históricamente relacionada con las situaciones humanas límites: la enfermedad, el sufrimiento y la muerte. Tres realidades que todos los seres humanos queremos evitar, pero que lamentablemente, no siempre podemos. "Hay muertes evitables, pero la muerte, el sufrimiento y la enfermedad como tales son inevitables, en cuanto están ligadas a la realidad ontológica del ser humano" (Ballesteros, 2011).

Hay un reconocimiento casi universal de que el desarrollo tecnológico, y su aplicación a la asistencia individual y social pueden ayudar, no solo a distinguir, sino efectivamente a distanciar la frontera entre lo evitable y lo inevitable. Esto último no priva que en muchos casos ese mismo desarrollo biotecnológico se proponga, y lo que es más grave, ofrezca como una posibilidad real evitar lo inevitable. También se presenta el caso de que, por razones ideológicas o económicas, se falsee de tal forma la realidad, que desaparezcan a la vista de la mayoría, los límites naturales de la acción humana.

Para cualquier persona, medianamente despierta, es posible darse cuenta de que dentro de la realidad venezolana encontramos muchas muertes que son evitables, y que, de manera indolente, no se evitan. Las muertes violentas de los fines de semana en las grandes ciudades, o las masacres repetidas dentro de las cárceles, podrían evitarse. Los niños y las madres que mueren, o quedan en situaciones de discapacidad permanente, por falta de atención médica adecuada, también pueden ser en gran parte evitadas. Lo mismo puede decirse de los trabajadores que mueren por falta de seguridad industrial. "Hay muertes evitables, millones de muertes anuales evitables. Según los Informes de la comisión de Naciones Unidas sobre Desarrollo Humano, anualmente (en el mundo) mueren algo menos de un millón de personas por hechos violentos, y en torno a los 15 millones (por enfermedades), de ellos 10 millones de niños, por enfermedades evitables como el paludismo, el sarampión, la diarrea, producidas a su vez por condiciones empíricas perfectamente modificables como la insalubridad, la falta de agua potable, la falta de alimentos, de fármacos". "Desgraciadamente los informes sobre Desarrollo Humano no incluyen entre las muertes evitables las debidas al aborto, y que pueden alcanzar 50 millones al año".

Por momentos, parece que el deseo de evitar lo evitable se convierte en un atentado contra el sistema, una parcialidad electoral, o en una posición apátrida. Esto no puede privar el derecho, y el deber, de apelar a la conciencia de nuestros conciudadanos. Suelen existir personas que no pierden la capacidad de asombro, pero nos ocurre a la mayoría acostumbrarnos, o acomodarnos, a las realidades más inverosímiles.

"El gran reto del ser humano es enfrentarse a las situaciones límite con sabiduría y fortaleza, tomándolas como ocasión de sobreponerse, dando testimonio del sentido de la vida, del amor y de sensibilidad ante el dolor ajeno. La serenidad ante lo inevitable es la otra cara de la fortaleza, del coraje, para cambiar lo evitable".

jgamez@alumni.unav.es

@vidaprog


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