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Acompañantes

A más dudas más auditoría, a más seguridad en la transparencia y en la imparcialidad, menos temor...

JUAN M. RAFFALLI A. |  EL UNIVERSAL
viernes 24 de agosto de 2012  12:00 AM
En la mitad de una campaña electoral plena de un ventajismo grotesco, el árbitro, denotando una arrogancia impropia e inconveniente, pretende desdibujar una tradición y garantía electoral practicada inveteradamente por décadas a favor de nuestro sistema democrático, en una especie de contraloría a la medida, que habla mal del propio árbitro. Ahora no se denominará "observación" electoral sino "acompañamiento" y obviamente los invitados serán cuidadosamente seleccionados entre los más íntimos amigos del Gobierno, tal cual la letra de "Ay, que noche tan preciosa". Semejante actitud implica un serio contrasentido. Si el asunto se redujera a la pura semántica, este cambio de denominación supone que todos los procesos anteriores en que hubo "observación" y no "acompañamiento", estaban ungidos de una presunción de sospecha "iuris tantum", como decimos los abogados. Pero el detalle está en que los rectores eran casi los mismos y los tan cacareados avances electrónicos también.

La denominación al final es lo de menos. Poco importa cómo los llamen, si acompañantes u observadores, ni modo que acompañen sin observar, como chaperón de adolescentes. Lo cierto es que en un país donde el proceso electoral está signado por el ventajismo, la polarización, e incluso las dudas de un buen porcentaje de electores sobre el sistema y el árbitro, sobran motivos razonables y de primer orden que justifican mostrarse abierto a toda auditoría posible. A más dudas más auditoría, a más seguridad en la transparencia y en la imparcialidad, menos temor al escrutinio externo. Si yo fuera rectora del CNE -género exprofeso-, me complacería mucho que un número importante de organismos internacionales con experticia en observar elecciones, validen las de Venezuela y con ello mi gestión transparente e imparcial. Quienes no se auditan es porque algo temen. Si temen que el sistema y su actitud no será transparente e imparcial sería una torta; y si le temen a uno de los candidatos, peor. Esperamos que no sea así, que ellas reconsideren, por el bien de nuestra democracia y el de su propia conciencia. Negarnos en esta encrucijada histórica unas elecciones justas, limpias y transparentes, sería imperdonable. Los observadores o acompañantes contribuirían en mucho, a lograr ese objetivo. Necesitamos que vengan.

jmrhab@yahoo.com



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