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La delincuencia como arma política

DANIEL LANSBERG RODRÍGUEZ |  EL UNIVERSAL
jueves 23 de agosto de 2012  04:44 PM
En agosto de 1988 el gobierno militar de Birmania (hoy Myanmar), uno de los regímenes más represivos del mundo, parecía estar al borde del colapso. Un movimiento estudiantil democrático basado en la Universidad de Rangún, la capital, había impulsado a cientos de miles de ciudadanos a tomar la calle. Desesperados, las autoridades arremetieron contra los manifestantes de manera salvaje, matando o hiriendo a miles. Pero para el pueblo birmano cada represión solo reforzaba la importancia de su lucha y las protestas crecían...

Durante dos semanas, el gobierno intentó fútilmente dispersar a esta gran muchedumbre hasta que un día las Fuerzas Armadas y la policía abandonaron sin explicación las calles y se encerraron en sus cuarteles. El mundo esperaba con anticipación la inevitable capitulación del régimen y por primera vez desde 1962 los ciudadanos de Birmania experimentaron lo que era sentirse libres.

Pero esta historia no tiene un buen final. Justo después de haber retirado su presencia de la calle, el Gobierno anuncio una amnistía general y vaciaron a las cárceles. Por todas partes de la nación, una multitud de matones, ladrones, violadores y saqueadores fueron liberados; echados simultáneamente a la calle sin comida, sin dinero y sin previo aviso. En ausencia de autoridad estatal, esta manada de expresidarios hizo de la capital una orgia de saqueo, asesinato y violencia en menos de una semana.

Miles abandonaron las manifestaciones para proteger a sus familias y propiedades; y cuando, tras tres semanas viviendo en lo que el filósofo inglés Tomas Hobbes llamaría "un estado de naturaleza," las fuerzas del Gobierno por fin reaparecieron pocos birmanos resistieron. Sin el apoyo de las multitudes o la superioridad numérica con la cual habían contado anteriormente, el resultado era inevitable. Los que insistieron en quedarse hasta el final, en su mayoría líderes estudiantiles, fueron fácilmente superados, detenidos o masacrados; teniendo como resultado el que, hasta hoy, el mismo régimen continua al mandato de Birmania.

La Pirámide de Maslow, conocido diagrama comúnmente demostrado en cursos de introducción a la política, psicología e administración, organiza a las necesidades humanas dentro de una estructura jerárquica. Según la teoría, cuando las necesidades básicas al pie de su pirámide (comida, seguridad, sueño y sexo) están en riesgo de no ser satisfechas, los humanos perdemos el interés en las necesidades que se encuentran en la cima (como afiliación, libertad y autorrealización). Al final lo que lograron los generales, fue crear circunstancias en las cuales los beneficios que prometía la democracia, perdían importancia para la mayoría de la población al depravarlos de su seguridad personal.

Mientras que la anarquía que ahogó al impulso democrático en Birmania duró apenas tres semanas, Venezuela ya lleva años en "un estado de naturaleza". Encuesta tras encuesta nos dice que el venezolano le da más importancia al tema de seguridad que a cualquier otro. Nuestros líderes se benefician con un pueblo atemorizado, limitado en sus sueños de obtener algo mejor y resignado a vivir sin ser libre.

La crisis de violencia y anarquía en este país es sin precedente y son pocos los  venezolanos cuyas vidas no hayan sido íntimamente afectadas por un secuestro, un robo o un asesinato. Al relatar estas historias a personas de otras nacionalidades la reacción siempre es la misma: primero incredulidad, seguida de inmediato por un aluvión de preguntas; pero entre amigos y parientes venezolanos se trata de esperar pacientemente que el otro termine, para contar de nuestros propios encuentros con el hampa. Eso no es normal. Si existieran unas olimpiadas internacionales de delito armado seríamos una superpotencia en medallas, y obviamente es natural sentirnos profundamente afectados.

Pero la lección del fracaso del movimiento democrático en Birmania es que una sociedad que solo le da prioridad a la base de la pirámide, puede pasar por alto otras necesidades que, aunque parezcan menos inmediatas, son igualmente importantes de hecho, son las que nos hacen humanos.

Tras catorce años de quinta República, ya sabemos lo que podemos esperar del gobierno actual con respecto las necesidades básicas; del posible gobierno de oposición aún no sabemos. Visto así, escoger por quien votar es cuestión de decidir cuál paquete de promesas resulta más creíble.

Pero en lo que se trata de la autorrealización: de mantener tus propias opiniones sin ser relegado a ciudadano de segunda; de escoger una carrera, una filosofía o un camino basado en tus aspiraciones y no en las preferencias del Estado; de poder hacer (o no hacer) lo que quieras con lo tuyo; de ser creativo sin temor; de vender lo que siembres o construyas o diseñes por lo que tú crees que vale...

Si nos atrevemos mirar hacia la cima de la pirámide la decisión está clara.

@Dlansberg


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