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100 días de paz en El Salvador

Dentro de una mediación, legitimar no significa justificar benévolamente

JOSÉ ÁNGEL RODRÍGUEZ REYES |  EL UNIVERSAL
lunes 20 de agosto de 2012  12:00 AM
En un artículo anterior, señalaba la necesidad de observar los avances en el proceso de mediación llevado a cabo en El Salvador, el cual logró que dos de los grupos delictivos más poderosos de ese país, las Maras Salvatrucha y Pandilla 18 firmaran una tregua para detener una violencia endémica, que había convertido a San Salvador en una de las ciudades del mundo con mayor número de homicidios. Pues bien, pasados 100 días de tregua ininterrumpida, las autoridades salvadoreñas pudieron constatar que el promedio de 14 homicidios diario existente antes de la tregua, descendió a 5 e incluso menos, salvándose un aproximado de 800 vidas.

Este logro indiscutible, ciertamente señala la relevancia que tiene la mediación como método eficaz para resolver conflictos sociales, sin embargo su éxito no siempre está asegurado. Un interesante material "El oficio de la mediación en conflictos armados" elaborado por la Escuela de Cultura de Paz de Barcelona, España, señala que la mediación aplicada para este tipo de problemas es una labor harto difícil y con muchas posibilidades de fracaso, si no se asume con altas dosis de paciencia, flexibilidad, empatía y creatividad.

De este material, resultan útiles las recomendaciones elaboradas a partir no solo de experiencias exitosas, sino también de procesos de mediación que terminaron en fracasos. Dentro de esas recomendaciones hay una que quisiera poner de relieve, y es la importancia que tiene dentro de toda mediación, la legitimación de todos los involucrados en un conflicto sin ningún tipo de discriminación, esto es, reconocerles el valor que cada uno posee con absoluta sinceridad. Este punto se resalta, ya que exactamente uno de los aspectos que genera más rechazo en una colectividad es cuando se le reconoce tal valor a grupos delictivos, tal como ocurrió al principio del proceso de mediación en El Salvador cuando se cuestionó con fuerza la iniciativa de dialogar con personas que cometieron crímenes.

El asunto es comprender que dentro de una mediación, legitimar no significa justificar benévolamente todo lo que se haga, generando la percepción de que todo está permitido y que la aplicación de la justicia queda en un segundo lugar. Legitimar, es aceptar que las partes en un conflicto tienen razones que es necesario comprender, otorgándoles ciertamente el valor de importantes, pero como paso previo para que entre ellas puedan a su vez, reconocerse y entender las razones de cada quien.

Cuando se inicia una mediación para resolver conflictos sociales, siempre existirán detractores que solo ven en la aplicación de salidas represivas la única respuesta posible. Sin embargo, su impacto será menor cuando los responsables de una mediación incentiven entre otros aspectos, la participación de las comunidades en los procesos de construcción de paz, y sean sumamente honestos y realistas en reconocer y dejar bien en claro, la distancia que existe entre nuestros deseos de solucionar un determinado problema y las posibilidades reales de obtener éxito, lo cual equivale a no menospreciar los riesgos y dificultades que todo proceso de diálogo implica.

joseangel67@gmail.com



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