Y al Orinoco llegó y, en curiara navegó
OLGA GALLEGOS
| EL UNIVERSAL
sábado 18 de agosto de 2012 03:23 PM
Y el candidato Capriles llegó hasta el Orinoco, navegando en una curiara; llegó a escuchar la voz de los nativos y colonos de Caicara del Orinoco y sus alrededores.
¿Hasta dónde más irá para encontrarse con los olvidados? Para encontrarse con aquellos que no exigen, porque desconocen los derechos que los citadinos se atreven a exigir a sus gobernantes. Pero eso es pasado, ahora el candidato de la gorra azul y grana va a comunicarles que tienen derechos, va a tomar nota de sus aspiraciones y a comprometerse con cumplir sus promesas.
Ahí va, el candidato llegando al lejano Caicara del Orinoco, donde las aves son dueñas de la región y con licencia ilimitada para escandalizar a los nativos con sus bullangueros trinos y donde el río corre plácidamente sin tráfico vehicular que lo detenga. Por eso, todo nativo, sea hombre o mujer, aprende desde edad temprana a conducir una curiara a menos que alguno se haya infectado con el virus de la ciudad y menosprecie conducir el vehículo familiar, la singular curiara.
Las curiaras que se conducen a motor vuelan raudas hacia su encuentro con el río, el conductor siempre tiene que estar atento a cualquier devaneo del río porque puede aparecer un cocodrilo o caimán y poner en entredicho el viaje y a los ocupantes.
Pero dominar el arte de conducir la curiara a remo quiere decir que ya se ha adquirido cierto poder sobre el río, -significa haber logrado escuchar la voz del río, lo que es similar a aprender a escuchar al pueblo- así es, pararse en la mitad y al frente de la curiara navegando sin perder el equilibrio y escuchar la voz del río y el viento, es una destreza que solamente los nativos o predestinados logran dominar, de lo contrario, nunca podrá lanzarse a la conquista del río en una audaz curiara -góndola criolla-.
La cuerda que hace de timón también hay dominarla, al momento de acercarla a la orilla del río, so pena de terminar encallando con todo y curiara.
Así es, viajar en curiara es toda una experiencia, es un auténtico encuentro cercano con el río que emerge majestuoso y orgulloso para dejarse dominar por la sencilla curiara. Haga como el candidato andante, Capriles, encuriése para el Orinoco y conozca a sus coterráneos y aprenda a escuchar la voz del pueblo para suplir las necesidades de tierras tan lejanas pero cercanas en sus necesidades, el país le agradecerá y con seguridad le enseñarán a dominar el arte de conducir una curiara a remo.
Pero, por favor no los contamine con los problemas de la política y la ciudad porque aún son felices navegando en curiara y disfrutando del aroma de sus vidas plenas de naturaleza y sencillez, ahora en espera de que un camino se abra para que sus derechos se atiendan como los de todos los demás ciudadanos que no navegamos en curiara.
ogallegosn@gmail.com
¿Hasta dónde más irá para encontrarse con los olvidados? Para encontrarse con aquellos que no exigen, porque desconocen los derechos que los citadinos se atreven a exigir a sus gobernantes. Pero eso es pasado, ahora el candidato de la gorra azul y grana va a comunicarles que tienen derechos, va a tomar nota de sus aspiraciones y a comprometerse con cumplir sus promesas.
Ahí va, el candidato llegando al lejano Caicara del Orinoco, donde las aves son dueñas de la región y con licencia ilimitada para escandalizar a los nativos con sus bullangueros trinos y donde el río corre plácidamente sin tráfico vehicular que lo detenga. Por eso, todo nativo, sea hombre o mujer, aprende desde edad temprana a conducir una curiara a menos que alguno se haya infectado con el virus de la ciudad y menosprecie conducir el vehículo familiar, la singular curiara.
Las curiaras que se conducen a motor vuelan raudas hacia su encuentro con el río, el conductor siempre tiene que estar atento a cualquier devaneo del río porque puede aparecer un cocodrilo o caimán y poner en entredicho el viaje y a los ocupantes.
Pero dominar el arte de conducir la curiara a remo quiere decir que ya se ha adquirido cierto poder sobre el río, -significa haber logrado escuchar la voz del río, lo que es similar a aprender a escuchar al pueblo- así es, pararse en la mitad y al frente de la curiara navegando sin perder el equilibrio y escuchar la voz del río y el viento, es una destreza que solamente los nativos o predestinados logran dominar, de lo contrario, nunca podrá lanzarse a la conquista del río en una audaz curiara -góndola criolla-.
La cuerda que hace de timón también hay dominarla, al momento de acercarla a la orilla del río, so pena de terminar encallando con todo y curiara.
Así es, viajar en curiara es toda una experiencia, es un auténtico encuentro cercano con el río que emerge majestuoso y orgulloso para dejarse dominar por la sencilla curiara. Haga como el candidato andante, Capriles, encuriése para el Orinoco y conozca a sus coterráneos y aprenda a escuchar la voz del pueblo para suplir las necesidades de tierras tan lejanas pero cercanas en sus necesidades, el país le agradecerá y con seguridad le enseñarán a dominar el arte de conducir una curiara a remo.
Pero, por favor no los contamine con los problemas de la política y la ciudad porque aún son felices navegando en curiara y disfrutando del aroma de sus vidas plenas de naturaleza y sencillez, ahora en espera de que un camino se abra para que sus derechos se atiendan como los de todos los demás ciudadanos que no navegamos en curiara.
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