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Poder y soberbia

Esopo: "Quien por soberbia al poder quiso llegar, el poder de la soberbia se lo arrebatará".

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GERARDO BLYDE |  EL UNIVERSAL
viernes 17 de agosto de 2012  12:00 AM
Por estos días en los que estamos recibiendo nítidas imágenes del planeta Marte transmitidas por el Curiosity, no está de sobra que, de vez en cuando o de cuando en vez, los seres humanos nos veamos a nosotros mismos en diferentes dimensiones. Ciertamente, somos los habitantes más inteligentes de nuestro planeta. Hemos sido capaces de colocar en la superficie marciana a un robot que pueda transmitir semejantes imágenes. Poco a poco hemos ido dominando cada espacio de nuestro propio planeta y desarrollado tecnologías y conocimientos que nos ponen más y más cerca los unos de los otros. Nuestra Tierra para nosotros ya es todo un mundo, pero su inmensidad se transforma en minúscula ante lo ilimitado del universo. El nuestro es un planeta mediano de aquellos que giran alrededor del Sol, cuyo sistema está inmerso en toda una galaxia de las tantas que constituyen el Universo, con millones de diferentes estrellas y planetas.

A estas alturas de estas líneas, usted se preguntará a dónde quiero llegar con todo esto. Siempre he considerado que cuando te rodean de halagos y los pies comienzan a elevarse del piso por el ego recrecido -defecto natural de los seres humanos- recordar lo que somos se convierte un excelente y necesario ejercicio personal para bajar rápidamente a tierra y no dejarse hinchar por adulancias y aplausos o por ese pedacito de poder que circunstancial y siempre temporalmente se pueda ejercer. Nunca ese poder es propio. Es dado por otros para servir, no para ejercer dominación.

Decía San Agustín que "La soberbia no es grandeza sino hinchazón; y lo que está hinchado parece grande pero no está sano". A la soberbia la consideró el peor de los defectos -y hasta pecado según sus firmes creencias cristianas- del que podía adolecer un ser humano.

En efecto, desde sus orígenes el Cristianismo considera a la soberbia como uno de los siete pecados capitales. Es decir, un pecado grave y deleznable. Podemos leer al filosofo y teólogo Santo Tomás de Aquino reflexionar sobre el tema y concluir que "un vicio capital es aquel que tiene un fin excesivamente deseable, de manera tal que en su deseo, un hombre comete muchos pecados, todos los cuales se dice son originados en aquel vicio como su fuente principal". Es decir, en pocas palabras, por soberbia los seres humanos cometemos muchas otras acciones negativas. La soberbia es entonces un generador de más pecados y debemos, por ende, entender que no luchar contra la soberbia acaba siendo darle rienda suelta a una suerte de caja de Pandora en la cual nos aseguramos que de ella se escape lo peor y sin embargo la esperanza siga encajonada.

Conforme a las Sagradas Escrituras, Dios creó al querubín Luzbel, a quien le dio gran inteligencia y figura perfecta y le dio el cometido de organizar al resto de los ángeles del cielo. Luzbel fue haciéndose de tanto poder delante del resto de los ángeles que la soberbia lo atrapó. Llegó al punto de sentirse superior al mismo Dios y lo retó. Logró que una tercera parte de la corte celestial se le uniera en su desafío al Supremo. Dios tuvo pues que expulsarlos a todos del paraíso celestial. La soberbia fue el gran pecado del querubín. Y su perdición. De Luz Bella (Luzbel o Lucifer), ángel portador de la luz, cayó, fue expulsado y transformado en Satanás.

El notable escritor español Fernando Sabater expresa que "ser soberbio es básicamente el deseo de ponerse por encima de los demás. No es malo que un individuo tenga una buena opinión de sí mismo; lo malo es aquel que no admite que nadie en ningún campo se le ponga por encima".

Durante lo que va de campaña electoral presidencial, uno de los candidatos insulta sin tapujos y en cada ocasión que puede a su adversario, llegando al extremo de calificarlo como La Nada. No contento con hacerlo, impone su personalísimo criterio a sus seguidores, sin dar espacio alguno a los disensos o a las opiniones ligeramente diferentes (el incidente Ameliach en Carabobo, sirve como diáfano ejemplo).

Más aún, cuando así lo desea (y lo desea con mucha frecuencia), encadena a todos los medios de comunicación para mostrarse súper poderoso. En esos minutos (u horas) en los que aprisiona a los televidentes y radio oyentes, con la mayor virulencia y estilo inquisitorio amenaza a quienes no estén con él, en el más crudo, absoluto y antidemocrático ejercicio soberbio del poder. Insulta, veja, amenaza y sólo tiene oídos para sí mismo. Bien le valdría recordar una frase de las tan educativas Fábulas de Esopo: "Quien por soberbia al poder quiso llegar, el poder de la soberbia se lo arrebatará".

gblyde@gmail.com / @GerardoBlyde



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