Para recuperar el poder
CAROLINA GÓMEZ-ÁVILA
| EL UNIVERSAL
miércoles 15 de agosto de 2012 03:17 PM
La historia es un hilo sin fin de historias. Algunas duran más de una vida larga. En laderas verdes y lluviosas, se iniciaron varias para liberar a otros que nadie sabe si querían ser liberados. Tuvieron éxito porque en el piedemonte, cuando no había apoyo, tampoco había resistencia. Pero no siempre tuvieron final feliz. Tras ellas, se escribían otras, de poder.
Para evitar el rechazo, se suele acompañar la aspiración de poder con un motivo que disimule la propia ambición. Y que constituya una inspiración para que la sociedad sublime la envidia y consienta la dominación. Por eso todos dicen que quieren poder para hacer el bien. O cualquier cosa que lo aparente.
En la evolución humana, los vericuetos del camino han requerido múltiples sofisticaciones. El bien se hizo sustancia de cantidad de sofismas. Devinieron en postulados, en dogmas, en ideologías. Aquellas que tuvieron arraigo, se fueron complicando a la par del mundo cambiante. Se hicieron cada vez más difíciles de estudiar y explicar, por lo que sus partidarios difundieron sólo lo más aceptado y ocultaron sus muchos desaciertos.
A la fecha, quienes ansían el poder usan doctrinas como complemento. Y esgrimen una perversa dicotomía con la cual dominan a los menos inteligentes o preparados. No es verdad que el mundo se enfrenta por dos sistemas ideológicos. Quienes lo plantean así, ofenden la variedad del pensamiento humano.
Pero esa simplificación es útil para quienes aspiran al poder: individuos que representan a corporaciones que se mueven azarosamente en el continuo de la ilegalidad, con la intención de aumentar su patrimonio. Nada más.
Aprenda a distinguirlos: quienes escinden a la sociedad con esta artimaña, no se atreven a sustituir ideologías por valores. Nunca los verá emprender una cruzada en favor de los individuos de mejor desempeño contra los incompetentes, ni a favor de los trabajadores y contra los corruptos.
Y no hay ideología alguna que se pueda aplicar si no se erradica del poder el ejercicio de la discriminación, la incompetencia y la corrupción. Nada que decir de su vergonzosa ristra de promesas incumplidas, excepto que la comodidad es cómplice.
Avance más: no acepte techo, electrodomésticos y dinero, si no se justifican. Usted sabe a qué tiene derecho después de cumplir con sus deberes que bien conoce. Restaure la independencia y funciones de las instituciones del Estado, exhibiendo la conducta que corresponde al ciudadano, que se resume en no pretender, y rechazar, consideraciones distintas a las que tienen, por ley, sus compatriotas.
Sí. Dije que renuncie a cualquier beneficio ilegítimo.
Para recuperar el poder.
@cgomezavila
Para evitar el rechazo, se suele acompañar la aspiración de poder con un motivo que disimule la propia ambición. Y que constituya una inspiración para que la sociedad sublime la envidia y consienta la dominación. Por eso todos dicen que quieren poder para hacer el bien. O cualquier cosa que lo aparente.
En la evolución humana, los vericuetos del camino han requerido múltiples sofisticaciones. El bien se hizo sustancia de cantidad de sofismas. Devinieron en postulados, en dogmas, en ideologías. Aquellas que tuvieron arraigo, se fueron complicando a la par del mundo cambiante. Se hicieron cada vez más difíciles de estudiar y explicar, por lo que sus partidarios difundieron sólo lo más aceptado y ocultaron sus muchos desaciertos.
A la fecha, quienes ansían el poder usan doctrinas como complemento. Y esgrimen una perversa dicotomía con la cual dominan a los menos inteligentes o preparados. No es verdad que el mundo se enfrenta por dos sistemas ideológicos. Quienes lo plantean así, ofenden la variedad del pensamiento humano.
Pero esa simplificación es útil para quienes aspiran al poder: individuos que representan a corporaciones que se mueven azarosamente en el continuo de la ilegalidad, con la intención de aumentar su patrimonio. Nada más.
Aprenda a distinguirlos: quienes escinden a la sociedad con esta artimaña, no se atreven a sustituir ideologías por valores. Nunca los verá emprender una cruzada en favor de los individuos de mejor desempeño contra los incompetentes, ni a favor de los trabajadores y contra los corruptos.
Y no hay ideología alguna que se pueda aplicar si no se erradica del poder el ejercicio de la discriminación, la incompetencia y la corrupción. Nada que decir de su vergonzosa ristra de promesas incumplidas, excepto que la comodidad es cómplice.
Avance más: no acepte techo, electrodomésticos y dinero, si no se justifican. Usted sabe a qué tiene derecho después de cumplir con sus deberes que bien conoce. Restaure la independencia y funciones de las instituciones del Estado, exhibiendo la conducta que corresponde al ciudadano, que se resume en no pretender, y rechazar, consideraciones distintas a las que tienen, por ley, sus compatriotas.
Sí. Dije que renuncie a cualquier beneficio ilegítimo.
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