La metamorfosis de Chávez
Se adelgaza su confianza en si mismo, en su poder de convocatoria y en la lealtad de su gente
ROBERTO GIUSTI
| EL UNIVERSAL
martes 14 de agosto de 2012 12:00 AM
Cuándo en los tiempos gloriosos de sus aplastantes triunfos electorales se le ocurrió acudir a los más sifrinos intérpretes de la música pop (lo suyo era arpa, cuatro y maracas) para atraer votantes que ante le tenían sin cuidado? ¿Cuándo le vino la manía de rodearse de estrellas hollywoodenses, quienes para acallar la mala conciencia que les exuda por los poros sus millonarios ingresos, se retratan con el primer espantajo del Tercer Mundo que parafrasee a Marx con pretendido acento heterodoxo? ¿Cuándo se le prendió la luz y vio en un corredor de carros Fórmula Uno, actividad deportiva vedada por mal vista en los países del socialismo real, como una manera rápida de acercarse a sectores que siempre lo han adversado? ¿De cuándo acá se mostró tan preocupado por lucir, a unos 58 años, mal llevados y peor traídos, cierta apariencia juvenil y "moderna" que hasta entonces le tuvo sin cuidado, al punto que llevó su extravío a afirmar cómo el joven era el viejo y él (el viejo) era el joven, propugnando la aplicación de las más rancias y recalentadas sopas doctrinarias que se pueda imaginar y ya sepultadas en el mal recuerdo de la humanidad?
Es más, ¿cuándo lo vieron a él, tan despreciativo y sobrado con su contendor, trastabillar y acudir a dudosas rectificación estadísticas parciales para amortiguar el impacto que significó las contundentes cifras sobre la pobreza (lanzadas sin contemplaciones), su oferta básica, que ponen en evidencia el peor de todos sus fracasos: la redención de los oprimidos y el crecimiento de una clase media que, al contrario, va desapareciendo aceleradamente? Inédita esta desusada actitud, acusa los golpes, se engancha en la agenda del adversario e intenta, con pobres resultados, imitarlo en sus trepidantes movilizaciones, en contacto directo y permanente con la gente, acudiendo a unos cuantos actos desprovistos de toda espontaneidad y nunca dejándose por las masas. ¡Asco! Cuidado con las bacterias y demás gérmenes.
No hay duda. La confianza plena en sus dotes presuntamente infalibles, en su capacidad de convocatoria, en la organización de su maquinaria electoral, en la lealtad de sus seguidores y, sobre todo, en la conexión mágica con las multitudes, se adelgaza notablemente. Esa cosa que había desechado con tantos éxitos, llamada incertidumbre, toca su puerta y le dice que esta vez la cosa no será tan fácil, ni mucho menos. El 7 de octubre puede pasar cualquier cosa, las ventajas inalcanzables son cosas del pasado y eso que se habituó a degustar con tanto placer, el sabor de la victoria, ahora se le puede trastocar en el sabor de todo lo contrario. Pero está visto, la amargura es la peor de las consejeras y cuando te invade sólo queda la resignación.
ragiusti@eluniversal l.com
Es más, ¿cuándo lo vieron a él, tan despreciativo y sobrado con su contendor, trastabillar y acudir a dudosas rectificación estadísticas parciales para amortiguar el impacto que significó las contundentes cifras sobre la pobreza (lanzadas sin contemplaciones), su oferta básica, que ponen en evidencia el peor de todos sus fracasos: la redención de los oprimidos y el crecimiento de una clase media que, al contrario, va desapareciendo aceleradamente? Inédita esta desusada actitud, acusa los golpes, se engancha en la agenda del adversario e intenta, con pobres resultados, imitarlo en sus trepidantes movilizaciones, en contacto directo y permanente con la gente, acudiendo a unos cuantos actos desprovistos de toda espontaneidad y nunca dejándose por las masas. ¡Asco! Cuidado con las bacterias y demás gérmenes.
No hay duda. La confianza plena en sus dotes presuntamente infalibles, en su capacidad de convocatoria, en la organización de su maquinaria electoral, en la lealtad de sus seguidores y, sobre todo, en la conexión mágica con las multitudes, se adelgaza notablemente. Esa cosa que había desechado con tantos éxitos, llamada incertidumbre, toca su puerta y le dice que esta vez la cosa no será tan fácil, ni mucho menos. El 7 de octubre puede pasar cualquier cosa, las ventajas inalcanzables son cosas del pasado y eso que se habituó a degustar con tanto placer, el sabor de la victoria, ahora se le puede trastocar en el sabor de todo lo contrario. Pero está visto, la amargura es la peor de las consejeras y cuando te invade sólo queda la resignación.
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