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Gorra tricolor bajo alta sospecha

Es sospechoso tenerla pero la buscan jóvenes, adultos, disidentes, oficialistas...

JUAN MARTIN ECHEVERRÍA |  EL UNIVERSAL
domingo 12 de agosto de 2012  12:00 AM
El modelo actual de democracia es la movilización ciudadana, expresada en protestas, reclamo ante los organismos competentes, participación en prensa, radio y televisión, en fin, un ciudadano activo en la defensa de sus derechos. Por eso cuando se criminaliza a la disidencia se daña de manera estructural al Estado de Derecho, ya que la desnaturalización de las instituciones, en función de la persecución de quien no comulgue con el pensamiento único, es desconocer la Constitución y los principios esenciales de la convivencia.

La oposición ha ido construyendo paso a paso un modelo de inclusión de las distintas tendencias políticas, lo cual le asegura una potencia cívica extraordinaria, porque caben en su interior las distintas resonancias partidistas, sociales, económicas, religiosas, étnicas y culturales. Eso explica el éxito de las primarias, con la incorporación de los mejores, así como la fuerza y penetración de la disidencia en todos los estratos.

Desplazándose por la vía contraria el régimen se impone a sí mismo la candidatura presidencial, luego continúa en esa misma línea de acción al designar con el dedo supremo a los candidatos a gobernadores, en una atmósfera antagónica a los Juegos Olímpicos, ya que no hay eliminatorias ni récords que valgan, simplemente el que lo puede todo despierta una mañana e informa al PSUV y al país: "el candidato para tal cargo será fulano de tal". En contraste la oposición, amplia y plural, deja que sea el pueblo el que determine quién será su presidente, gobernadores, alcaldes y concejales.

En ese escenario y en plena campaña electoral, las autoridades han decidido perseguir a una sola gorra tricolor, que es la que porta el candidato de la oposición, vaya discriminación, porque quedarían pendientes millares de símbolos patrios enarbolados en las marchas, los hogares y dependencias públicas. Ahora comprar una gorra tricolor está bajo alta sospecha y la buscan jóvenes, adultos, disidentes, oficialistas y son muchísimos los encargos de quienes las solicitan en el exterior.

El CNE y las autoridades con sus desatinos, han logrado resaltar la desproporción entre las cadenas presidenciales y la movilización del candidato casa por casa, dinámica y de contacto directo en sectores populares y rurales. El poder, cuando se acumula en el tiempo, empieza a construir su propia desmemoria, no se acuerda de lo que no ha hecho ni de las promesas incumplidas, tampoco de las realidades que garantiza haber realizado, y que brillan por el tamaño de su ausencia y más bien, se ofrece la reelección como un nuevo amanecer. Entonces ¿qué hace el régimen con la inseguridad que no atendió, los billones de dólares regalados sin controles ni merecimientos a Cuba y Nicaragua? Lamentablemente la corrupción es un síntoma y, peor aún, una estrategia disolvente de la nacionalidad.

¿Es un votante infiel el socialista moderado que sufre el tamaño de este desastre y que decide con racionalidad variar su voto, en función de las propuestas de la oposición y de lo riesgoso de la ideología, como patrón de las decisiones políticas?

juanmartin@cantv.net



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