Sobre la reelección
RICARDO COMBELLAS
| EL UNIVERSAL
sábado 11 de agosto de 2012 03:31 PM
La edición aniversario de El Nacional recoge una entrevista, realizada el 31 de enero de 1999 al para ese entonces flamante presidente de la república del Perú Alberto Fujimori, donde este sostenía las bondades de la reelección (luego del autogolpe que infringió a la Constitución de 1979, había ordenado al Congreso Constituyente convocado al efecto, establecer en su país la reelección presidencial), y señalaba en tono profético que en América Latina se impondría progresivamente la discutida institución. Los hechos le dieron la razón. En la mayoría de los países de la región, gracias a reformas generales o puntuales de su Carta Magna, se ha establecido la posibilidad de la reelección por una sola vez para el Presidente en funciones.
En Venezuela este hecho ocurrió con motivo del proceso constituyente y la sanción de una nueva Constitución el año de 1999. Allí se institucionalizó la reelección para el Presidente en funciones, de inmediato y por una sola vez, para un período de 6 años. En otras palabras, se autorizaba al primer magistrado nacional a permanecer en el cargo por 12 años consecutivos. Se interrumpía así una tradición, inaugurada el año 1936, finalizada la larga dictadura gomecista, de impedir la continuación en el cargo por más de un período del Presidente en funciones.
La propuesta venezolana, que seguía así la tradición peruana, y se inspiraba a su vez en el modelo norteamericano, es la que ha terminado triunfando en América Latina en estos últimos tres lustros. La institución, puesta a prueba por el personalismo político y la ambición de algunos hombres por perpetuarse en el poder, se mantiene hasta ahora vigente. Los intentos por trastocarla nos muestran cuatro ilustraciones. Una, la del mismo Fujimori, fracasada dado su intento de forzar los términos de la Constitución, lo que implicó su salida intempestiva del poder; la segunda, referente al discutido político de la derecha colombiana Álvaro Uribe, frenada por la corte constitucional del hermano país; la tercera, del presidente Chávez, gracias a la aprobación de una también discutida enmienda constitucional; y la cuarta, del presidente Ortega, gracias a la anuencia bochornosa del más alto tribunal de justicia de Nicaragua. En suma, los dos primeros jefes de Estado fracasaron por distintos motivos en su empeño, los dos segundos nombrados triunfaron en su decisión por continuar ininterrumpidamente en el poder.
Ya que hablamos de tradiciones políticas, y dada la fijación bolivariana de la pretendida revolución chavista, no está demás aquí el recordar por enésima vez la posición del Libertador en torno al espinoso asunto: "nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle, y él a mandarlo, de donde se origina la usurpación y la tiranía". Chávez pretende perpetuarse en el poder. Ha manifestado en numerosos discursos continuar en el poder hasta por lo menos el año 2021 y más allá. Mientras ha cumplido la bicoca de 14 años de mandato ininterrumpido, solo superado, triste récord, por la larga y tenebrosa dictadura del general Juan Vicente Gómez.
El próximo 7 de octubre los venezolanos, en ejercicio de la suprema e intransferible soberanía popular, tenemos una oportunidad de oro para romper con la insidiosa institución de la reelección indefinida, y así reivindicar el auténtico mensaje del Padre de la Patria. Depende de nosotros, solo de nosotros. Posteriormente, con calma y cordura, nos tocará el compromiso de extirpar de la Constitución la fea mácula.
ricardojcombellas@gmail.com
En Venezuela este hecho ocurrió con motivo del proceso constituyente y la sanción de una nueva Constitución el año de 1999. Allí se institucionalizó la reelección para el Presidente en funciones, de inmediato y por una sola vez, para un período de 6 años. En otras palabras, se autorizaba al primer magistrado nacional a permanecer en el cargo por 12 años consecutivos. Se interrumpía así una tradición, inaugurada el año 1936, finalizada la larga dictadura gomecista, de impedir la continuación en el cargo por más de un período del Presidente en funciones.
La propuesta venezolana, que seguía así la tradición peruana, y se inspiraba a su vez en el modelo norteamericano, es la que ha terminado triunfando en América Latina en estos últimos tres lustros. La institución, puesta a prueba por el personalismo político y la ambición de algunos hombres por perpetuarse en el poder, se mantiene hasta ahora vigente. Los intentos por trastocarla nos muestran cuatro ilustraciones. Una, la del mismo Fujimori, fracasada dado su intento de forzar los términos de la Constitución, lo que implicó su salida intempestiva del poder; la segunda, referente al discutido político de la derecha colombiana Álvaro Uribe, frenada por la corte constitucional del hermano país; la tercera, del presidente Chávez, gracias a la aprobación de una también discutida enmienda constitucional; y la cuarta, del presidente Ortega, gracias a la anuencia bochornosa del más alto tribunal de justicia de Nicaragua. En suma, los dos primeros jefes de Estado fracasaron por distintos motivos en su empeño, los dos segundos nombrados triunfaron en su decisión por continuar ininterrumpidamente en el poder.
Ya que hablamos de tradiciones políticas, y dada la fijación bolivariana de la pretendida revolución chavista, no está demás aquí el recordar por enésima vez la posición del Libertador en torno al espinoso asunto: "nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle, y él a mandarlo, de donde se origina la usurpación y la tiranía". Chávez pretende perpetuarse en el poder. Ha manifestado en numerosos discursos continuar en el poder hasta por lo menos el año 2021 y más allá. Mientras ha cumplido la bicoca de 14 años de mandato ininterrumpido, solo superado, triste récord, por la larga y tenebrosa dictadura del general Juan Vicente Gómez.
El próximo 7 de octubre los venezolanos, en ejercicio de la suprema e intransferible soberanía popular, tenemos una oportunidad de oro para romper con la insidiosa institución de la reelección indefinida, y así reivindicar el auténtico mensaje del Padre de la Patria. Depende de nosotros, solo de nosotros. Posteriormente, con calma y cordura, nos tocará el compromiso de extirpar de la Constitución la fea mácula.
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