Derrota anunciada
Estamos frente a una decisión trascendente en el tiempo
RAFAEL BELLO
| EL UNIVERSAL
sábado 11 de agosto de 2012 12:00 AM
Caras largas van y vienen. De reojo quieren pasar inadvertidos. La cara los denuncia porque en ella se retrata el miedo. Ese miedo latente en cada instante: desde que amanece y hasta más allá de la media noche cuando la oscuridad cunde y se intensifica el calvario ante la civilidad que avanza de punta a punta en la reconquista de la democracia.
"Vamos a reconquistar la democracia", vocerío vibrante de un pueblo con principios a los que no se renuncian, irrumpe en el silencio cuando el tormento sobresalta y desvela por los delitos que no prescriben. Cuando tiembla el cuerpo y la respiración se dificulta, entonces, llega otro día y las caras son más largas todavía. Octubre no está lejos, más bien cercano para los demócratas que con el voto y la calle derrotarán el autoritarismo. El régimen está en camino de una derrota con repercusión hasta en el pueblo cubano.
Estamos frente a una decisión trascendente en el tiempo donde la democracia ha representado una manera del accionar ciudadano. Se crearon instituciones y el civilismo tomó cuerpo, pero las amenazas dictatoriales estaban latentes.
El aventurerismo político aprovechó las circunstancias del debilitamiento de las organizaciones partidistas, así como el oportunismo personalista, para hacerse del poder con el pasaporte de la farsa. Luego, afloraron las consecuencias terribles de un régimen prototipo de la arbitrariedad y el fracaso consumado. He allí parte de una realidad que asombra en trece años de destrucción generalizada.
Hay concurrencia de voluntades que propician cambios en un país donde el pensamiento democrático se la juega para hacerlo realidad. Son los ciudadanos que enarbolan las banderas de las libertades públicas y honran la patria. Es la Venezuela que supera las dificultades con inteligencia, coraje, fe y paz.
bello.rafael@yahoo.es
"Vamos a reconquistar la democracia", vocerío vibrante de un pueblo con principios a los que no se renuncian, irrumpe en el silencio cuando el tormento sobresalta y desvela por los delitos que no prescriben. Cuando tiembla el cuerpo y la respiración se dificulta, entonces, llega otro día y las caras son más largas todavía. Octubre no está lejos, más bien cercano para los demócratas que con el voto y la calle derrotarán el autoritarismo. El régimen está en camino de una derrota con repercusión hasta en el pueblo cubano.
Estamos frente a una decisión trascendente en el tiempo donde la democracia ha representado una manera del accionar ciudadano. Se crearon instituciones y el civilismo tomó cuerpo, pero las amenazas dictatoriales estaban latentes.
El aventurerismo político aprovechó las circunstancias del debilitamiento de las organizaciones partidistas, así como el oportunismo personalista, para hacerse del poder con el pasaporte de la farsa. Luego, afloraron las consecuencias terribles de un régimen prototipo de la arbitrariedad y el fracaso consumado. He allí parte de una realidad que asombra en trece años de destrucción generalizada.
Hay concurrencia de voluntades que propician cambios en un país donde el pensamiento democrático se la juega para hacerlo realidad. Son los ciudadanos que enarbolan las banderas de las libertades públicas y honran la patria. Es la Venezuela que supera las dificultades con inteligencia, coraje, fe y paz.
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