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Caracas y Mercedes comparten un secreto

OLGA GALLEGOS |  EL UNIVERSAL
sábado 11 de agosto de 2012  04:14 PM
Caracas cumplió años el 25 de julio y, Mercedes, su mejor amiga, cumplió años días después; son dos las cumpleañeras, van juntas en el camino de la vida y del ser. Caracas va por los cuatrocientos y tantos; y, Mercedes por los cuarenta y más años. Caracas es una ciudad hermosa a pesar de todos los males que la aquejan, e inexplicablemente, no ha perdido aquel brillante verdor que la hace lucir fresca y lozana a los ojos de los ciudadanos que aman su ciudad, -a los ojos del que ama todo luce bello- irónicamente, afirman los escépticos y, a pesar de los ciudadanos que no cuidan su ciudad.

La ciudad de Caracas está rodeada de muchos frondosos árboles en los más inusuales lugares, algunos árboles han encontrado su camino en medio de aceras flamantes, desgastadas o derruidas, provocando la indignación de los propietarios, por ver amenazadas sus viviendas. Los obstinados árboles siempre permanecen verdes aunque nadie los riegue, una llovizna o algún palo de agua los refresca de cuando en cuando; jamás se secan completamente a no ser que la mano del hombre los destruya; crecen sin remordimiento ni esfuerzo hasta en aquellos sitios desbordantes de inhospitalidad, aquella inhospitalidad propia de las ciudades grandes que aún no han solucionado por completo sus principales problemas.

A pesar de todo, la ciudad de Caracas sonríe en medio del delirante tráfico que la aqueja, saludando a los apresurados transeúntes con las hojas de los árboles que el bienvenido viento mece junto a flores silvestres que crecen ingenuas y gráciles en el más diminuto y desafortunado espacio en medio de roturas de aceras, muros y calles; las flores silvestres también buscan su camino para no perderse el espectáculo de ver el Ávila cada mañana y asomarse al cielo azul caraqueño, que brilla refulgente, especialmente al mediodía, cuando los ciudadanos buscamos cobijarnos bajo la amable sombra de los tan poco respetados árboles.

A Mercedes, le ocurre igual que a Caracas, con sus cuarenta y piquito primaveras, sonríe a través de las tragedias y sinsabores que haya podido pasar porque todo lo malo pasa y poco queda. Le sucede igual a Caracas y sus ciudadanos, -los esperanzados ciudadanos sabemos que no hay mal que dure cien años- a fin de cuentas, lo que permanece es todo lo esencial.

La hermosa ciudad de Caracas y su mejor amiga, Mercedes, además de compartir el mes del feliz cumpleaños, los sinsabores y alegrías de la vida, también comparten un secreto, el de El principito: "Lo esencial es invisible a los ojos".

ogallegosn@gmail.com


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