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Expreso de Oriente

La experiencia de un viernes de crucifixión explica por qué el chavismo será echado del poder

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ANTONIO COVA MADURO |  EL UNIVERSAL
miércoles 8 de agosto de 2012  12:00 AM
Esta semana que apenas concluyó cumplí con un compromiso que había contraído con la gente de Barcelona-Puerto La Cruz, de visitarles. Estoy curioso por ver "el país de Chávez", el que repican las emisoras chavistas, y que sospecho es un "país virtual". Pero también quiero palpar al "país electoral".

Por donde usted vaya una sensación nueva se transpira poderosa: Capriles Radonski ya luce como el candidato fuerte, al que todos reciben en masa por dondequiera que pasa, sin que valgan de nada los cada vez más débiles intentos de los oficialistas por bloquear su presencia.

Chávez apenas se hace presente, y cuando lo hace es para adelantar eso que los publicistas llaman recall. Machaconamente se dedica a contestar, punto por punto, lo que Capriles expone por donde pasa. ¿Qué le pasa al Chávez de antaño, el que siempre imponía la agenda? ¿Es que ya nada nuevo tiene que decir?

La última pifia del mundo gobiernero, voceada por la recién llegada señora Oblitas, lo único que ha logrado es ¡subir vertiginosamente las ventas de la cachucha tricolor! Ahora todo el mundo quiere llevarlas. ¿Y esta señora es socióloga? Buenos estrategas no embisten; piensan y luego actúan.

Pero volvamos a mi visita a oriente. Fue un día de intensa actividad, que para nada afectó el que estuviese cumpliendo un año de la operación de bypasses coronarios a la que fui sometido. De un medio audiovisual al otro, hasta culminar la noche del jueves en un grato "conversatorio" sobre el presente momento político.

Lo que sí no resultó nada grato fue recorrer el via crucis de las calles de Barcelona, y el peor recuerdo de la jornada: el aeropuerto, y el intento por salir de él, que me consumió todo el viernes. Que un aeropuerto que se llama "Internacional" obligue a sus usuarios -a todos- a tener que subir unas empinadas escaleras para comer algo mientras el calvario se prolonga, sin que se divise cuándo concluirá, habla bien mal de quienes lo dirigen.

Pero lo peor no son esas interminables escaleras, sino el sitio donde los pasajeros deben esperar para tomar el avión: tiene un extenso techo que convierte a esa sala en un sauna espectacular; tan horrible resulta la experiencia que no es fácil darse cuenta es un "logro" de Tarek, el gobernador físico-culturista cuya gestión castiga al estado con fuerza. De ello da testimonio una placa desde donde sonríe con su padrino Chávez, en lo que suponemos fue la inauguración del horno.

Pero, ¿qué convierte a los aeropuertos venezolanos, abandonados a su suerte la mayoría de ellos, en infiernos? Pues, la nula atención a los usuarios. Empecemos por ese día -día que se repite fastidiosamente por toda la geografía aeroportuaria del país- que comenzó con nuestro arribo, sin desayuno, a las siete y algo de la mañana. El avión hacia Maiquetía debería salir a las 9:20 am. Fue una suerte que no fuese a las "pm", sino un poco antes.

Al entregar el pasaje para las conformaciones de rigor, tímidamente un funcionario informa: "el vuelo está retrasado". Y allí comenzó la pesadilla. De mi fastidioso preguntar cada tanto tiempo pude sacar varias informaciones, un pelo confusas, a decir verdad. A la hora que se suponía saliéramos nosotros vía Maiquetía, ese avión iba rumbo a... ¡Las Piedras!, de Falcón. Un poco más tarde, otro corregiría: era hacia Santo Domingo en el Táchira a donde se dirigía.

La explicación: no hay suficientes aviones por falta de repuestos, y los que quedan sanos deben tratar de cubrir todas las rutas. Cadivi, como siempre, es el gran artífice del asunto. Finalmente, sin mencionar almuerzos de compensación, llega el avión.

Son más de la 1 pm, y el avión se ha esfumado. Al rato aparece; bajan los pasajeros que trae -igual de retardados- pero nadie da la orden de abordar a quienes ya desesperan. Mientras, el sauna tarekiano prosigue. A lo lejos, se observa que hay una especie de "junta médica" de funcionarios de la línea del desaguisado, mientras la cola de los pasajeros se ha deshecho. Ninguna seguridad de que, por fin, saldremos. Nadie informa nada de nada.

Por fin, algo debe haberse solucionado y nos hacen entrar al avión. Quince minutos más tarde saldremos. Son más de las 4 pm cuando, exhaustos, y con agendas trastocadas, llegamos a Maiquetía. Cuando, por fin, llego a mi casa en Caracas, Hidrocapital me tiene una sorpresita: no hay agua. Nada, que la experiencia de este viernes de crucifixión explica por qué el chavismo, tan inútil, será echado del poder, y quiénes, desde adentro, lo habrán garantizado.

antave38@yahoo.com



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