El sutil "encanto" de la superficialidad
MARÍA DENISSE FANIANOS DE CAPRILES
| EL UNIVERSAL
miércoles 8 de agosto de 2012 04:03 PM
La superficialidad es una forma de vida que se ha logrado esparcir dentro de una pequeña parte de la sociedad venezolana, y del mundo entero, como una especie de lluvia delicada que nos lleva a vivir la vida como si fuéramos los protagonistas de un cuento de hadas o de una revista de "ensueño".
Y precisamente hablando de revistas de "ensueño" quiero compartir con ustedes algunos de los comentarios que se difundieron por Twitter el día del lanzamiento en Venezuela de una de estas revistas que llenan sus páginas del "encantador" mundo del jet set: "perdonen mi ignorancia pero ¿de qué puede servir una revista así en este país?". "Las ironías de la vida, estando como está este país y lanzan esta revista ¿Es idea mía o están desubicados?". "Este país da para todo, se cae a pedazos, pero no podía faltar esa revista". "Me entero que la famosa revista española tiene edición venezolana ¡Que tristeza!". "No me digan que esto no es motivo de orgullo y profundo regocijo. Siempre tan trascendentales".
Y es que lamentablemente algunos se han acostumbrado a que la vida superficial no tenga nada de malo. Y entonces puede pasar que, al pensar esto, se nos vaya la vida leyendo revistas "light"; viendo allí muchas cosas lindas que no necesitamos pero que después provoca comprar, y terminamos comprando así sean carísimas; viendo la sala, el cuarto o el baño de los famosos para cambiar el que ya uno tiene; viendo cómo se ven las modelos para hacer lo imposible para lucir como ellas (lo que significa horas de gimnasio, cirugías, etc.); viendo los vestidos que allí salen para mandar a hacer uno a la última moda a cada fiesta que nos inviten, con sus respectivos accesorios, joyas, zapatos, carteras, relojes, etc., y así no repetirlo porque ¡Qué horror! si nos ven usando el mismo vestido varias veces.
Total que el encanto sutil de la superficialidad nos va atrapando de una manera tan impresionante que podemos pasar toda la vida en eso y entonces llegamos a viejos viviendo (o queriendo vivir) en el mundo de las revistas.
Yo como venezolana me pregunto: ¿será que después de todo lo que hemos vivido estos años todavía no hemos aprendido bien la lección? No quiero ni pensar en lo que algunos luchadores sociales, que andan por ahí trabajando "en silencio y sin descanso" y sudando la gota gorda, me han dicho siempre: "este país tiene que pisar aún más fondo para que despertemos y reaccionemos, y nos demos cuenta que el futuro de Venezuela depende del compromiso serio de todos". Y es que entre esas dos palabras "compromiso serio" no cabe la sutil palabra superficialidad. Así de simple.
Uno de los editores de esa publicación, que se estrenó hace como un mes, comentaba a los medios que Venezuela era un sitio ideal para esta revista, donde a pesar que no hay realeza hay muchas fiestas maravillosas que aquí se brindan y que "los desfiles de trajes que allí se ven son fantásticos".
A propósito de esto traigo a colación un comentario de un amigo de la familia, que vive en Kenia, quien hace pocos años vino a Venezuela. Los días que estuvo aquí fue invitado a varias fiestas y quedó tan impresionado que decía, a todo a quien se encontraba, que este país estaba como el Titanic: "Venezuela se está hundiendo y mientras tanto la gente sigue celebrando y derrochando como si nada pasara". Basta y sobra con que uno haga una pequeña investigación de cuánto trabajo tienen las agencias de festejos en Venezuela para darnos cuenta inmediatamente que esa es la realidad.
Ojalá recapacitemos y nos demos cuenta que el sutil "encanto" de la superficialidad es algo que nos va atrapando poco a poco y que nos va aislando del mundo hasta el punto de ponernos a vivir (o querer vivir) en las nebulosas.
Ojalá podamos bajar de esas nubes para pisar la tierra que están pisando la inmensa mayoría de nuestros hermanos venezolanos. De esa manera nos daremos cuenta que lo que aquí hace falta es educar, y dar ejemplo, en valores y no precisamente en superficialidad.
De lo contrario, pase lo que pase en nuestro país, nunca saldremos del hueco donde estamos metidos.
mariadenissecapriles@gmail.com
@VzlaEntrelineas
Y precisamente hablando de revistas de "ensueño" quiero compartir con ustedes algunos de los comentarios que se difundieron por Twitter el día del lanzamiento en Venezuela de una de estas revistas que llenan sus páginas del "encantador" mundo del jet set: "perdonen mi ignorancia pero ¿de qué puede servir una revista así en este país?". "Las ironías de la vida, estando como está este país y lanzan esta revista ¿Es idea mía o están desubicados?". "Este país da para todo, se cae a pedazos, pero no podía faltar esa revista". "Me entero que la famosa revista española tiene edición venezolana ¡Que tristeza!". "No me digan que esto no es motivo de orgullo y profundo regocijo. Siempre tan trascendentales".
Y es que lamentablemente algunos se han acostumbrado a que la vida superficial no tenga nada de malo. Y entonces puede pasar que, al pensar esto, se nos vaya la vida leyendo revistas "light"; viendo allí muchas cosas lindas que no necesitamos pero que después provoca comprar, y terminamos comprando así sean carísimas; viendo la sala, el cuarto o el baño de los famosos para cambiar el que ya uno tiene; viendo cómo se ven las modelos para hacer lo imposible para lucir como ellas (lo que significa horas de gimnasio, cirugías, etc.); viendo los vestidos que allí salen para mandar a hacer uno a la última moda a cada fiesta que nos inviten, con sus respectivos accesorios, joyas, zapatos, carteras, relojes, etc., y así no repetirlo porque ¡Qué horror! si nos ven usando el mismo vestido varias veces.
Total que el encanto sutil de la superficialidad nos va atrapando de una manera tan impresionante que podemos pasar toda la vida en eso y entonces llegamos a viejos viviendo (o queriendo vivir) en el mundo de las revistas.
Yo como venezolana me pregunto: ¿será que después de todo lo que hemos vivido estos años todavía no hemos aprendido bien la lección? No quiero ni pensar en lo que algunos luchadores sociales, que andan por ahí trabajando "en silencio y sin descanso" y sudando la gota gorda, me han dicho siempre: "este país tiene que pisar aún más fondo para que despertemos y reaccionemos, y nos demos cuenta que el futuro de Venezuela depende del compromiso serio de todos". Y es que entre esas dos palabras "compromiso serio" no cabe la sutil palabra superficialidad. Así de simple.
Uno de los editores de esa publicación, que se estrenó hace como un mes, comentaba a los medios que Venezuela era un sitio ideal para esta revista, donde a pesar que no hay realeza hay muchas fiestas maravillosas que aquí se brindan y que "los desfiles de trajes que allí se ven son fantásticos".
A propósito de esto traigo a colación un comentario de un amigo de la familia, que vive en Kenia, quien hace pocos años vino a Venezuela. Los días que estuvo aquí fue invitado a varias fiestas y quedó tan impresionado que decía, a todo a quien se encontraba, que este país estaba como el Titanic: "Venezuela se está hundiendo y mientras tanto la gente sigue celebrando y derrochando como si nada pasara". Basta y sobra con que uno haga una pequeña investigación de cuánto trabajo tienen las agencias de festejos en Venezuela para darnos cuenta inmediatamente que esa es la realidad.
Ojalá recapacitemos y nos demos cuenta que el sutil "encanto" de la superficialidad es algo que nos va atrapando poco a poco y que nos va aislando del mundo hasta el punto de ponernos a vivir (o querer vivir) en las nebulosas.
Ojalá podamos bajar de esas nubes para pisar la tierra que están pisando la inmensa mayoría de nuestros hermanos venezolanos. De esa manera nos daremos cuenta que lo que aquí hace falta es educar, y dar ejemplo, en valores y no precisamente en superficialidad.
De lo contrario, pase lo que pase en nuestro país, nunca saldremos del hueco donde estamos metidos.
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